[32] La Araucana, Part. I, Canto II.
[33] Techo, Op. y lug. cits.—Ruíz de Montoya, § XXIII, págs. 102 y 103—Calancha, Op. cit.—Congr. de Bruselas, tom. I, págs. 555 á 640.
[34] Garcilaso, Comentarios Reales, tom. II, cap. IV—Antonio de Pinelo, Paraiso, lib. II, cap. XII—Lozano, tom. I, pág. 446—Lucas Fernández de Piedrahita, Historia del Nuevo Reino, etc.
[35] Pay, escribe Montoya en una de sus obras (Cong. Esp. del Paraguay, § XIX, pág. 96), «quiere decir Padre, y lo usurparon los viejos, los magos y los hechiceros»; Pay, escribe en otra (Tesoro de la Lengua Guaraní, verb. Pai), «dice Padre, es palabra de respeto y con ella nombran á sus viejos hechiceros y gente brava». Pay escribe Calancha (Op. cit., Lib. II, cap. II), «es el nombre que daban á lo que ellos tenían por divino, poderoso ó sabio, como á Dios y á sus encantadores». «Los magos, dice Lozano (tom. I, cap. XX, pág. 462) se usurparon el nombre de Pay, para honrarse con él».
[36] Sobre Pay Tumé ó Tumá el Abate Schmitz discurrió en el Congreso de Luxemburgo (Compte-réndu du Congrès Internat. des Américanistes, tom. I, pág. 363).
[37] Lozano (Lug. cit., pág. 462) dice que los ancianos y magos que se decían Pay, «jamás se pusieron el de Abaré, como opuesto á su profesión, que era de vivir con cuantas mujeres alcanzaba su posible.» Ruíz de Montoya (Id. id, pág. 95) escribe que los paraguayos á los sacerdotes «llámanlos Abaré, que quiere decir Homo segregatus á venere». «Por oprobio nos llaman Abaré», agrega en otro lugar, citando el ejemplo del «eunuco á natura» que vióse obligado á desterrarse, como los venados, por los montes (págs. 96 y 97).
[38] Wiener, Pérou et Bolivie, Vocabuls., verb. Pai, pág. 786, dice que esta voz es el pronombre él, ella.
[39] Lozano, cit., pág. 449—La cita de Alfaro, reproducida por Montoya (pág. 105), dice: «Cuando estuve visitando la Gobernación de Santa Cruz de la Sierra, supe que había en toda aquella tierra noticia de un Santo que llamaban Pay Tumé, el cual había venido de hacia la parte del Paraguay, y que había venido de muy lejos, de suerte que entendí como que había venido del Brasil por el Paraguay á aquellas tierras de Santa Cruz».
[40] Sin dejar de admitirse la comunicación continental con tierras del norte de la América y la migración europea de los escandinavos de los siglos X y XI, primero á Groenlandia y después á Vinland, los Congresos de Americanistas de Nancy y Luxemburgo debatieron y trataron con todo género de reservas la evangelización de las tierras americanas por los Apóstoles (Nancy, 1875, Congrès des Américanistes, tom. I-Id. id. Luxemburgo, Compte rendu des Congr., etc.—Véanse: M. E. Beauvais, Les Colonies Europ., Ses. 2a tom. I, pág. 174; Monseñor Timon, Missions in Western New York, Buffalo 1862, págs. 16 y siguientes; Palfrey, Hist. of New England, tom. I. págs. 56 y siguientes, etc.)
En el Congreso de Bruselas el Abate Schmitz quizo reabrir la cuestión, pero sin éxito alguno (Bruselas, 1879, Congr. des Amér., tom. I, sesión 3a, págs. 497 y siguientes.)