Las figurillas humanas con Cruz en la cabeza, son tenidas por un espíritu maligno, ó demonio de los Shamanes (Annual Report of the Bureau of Ethnology (1888-89), Picture Writing of the American Indian, y Garrick Mallery, cap. XX, pág. 729).

[307] Ropachicoc (Véase el Dicc. Quichua del P. Diego de Torrez Rubio).

[308] Sobre castigos inflingidos á los fetiches, léase John Lubbock, Orígs. de la Civiliz., pág. 189 y sigtes.

[309] Sobre los bramidos del Ambato, véase Daniel Granada, Reseña Hist. Descrip. de las Antigs. y Moderns. Supersticiones del Río de la Plata, pág. 144 (1896).

[310] J. B. Ambrosetti, Notas de Arqueol. Calchaquí, págs. 237 y 238.

Seguramente que el ilustrado americanista Benigno T. Martínez nos suministrará preciosos datos de folk-lore ribereño cuando de á luz su tan esperada obra sobre la etnografía del Río de la Plata y sus afluentes.

[311] A. Ambrosetti, lug. cit., llamó también mucho la atención esta ceremonia, sobre la que escribe: «Curiosísima es también la cruz de ceniza sobre la que estaquean al sapo en Entre Ríos, pues en el valle Calchaquí hacen la misma cruz, y le ponen un huevo parado en el centro (á nuestro juicio el huevo sustituye al ojo Imaymana, germen ó yema) para conjurar el granizo, y más curiosa es todavía la persistencia con que el sapo se halla representado en la alfarería funeraria, mostrando una cruz en el cuerpo».

[312] Que el elemento atmosférico Sapo simbólico aparece muchas veces como inseparable del ave de la tormenta, pruébalo el espíritu de la leyenda del Sapo y el Urubú (cuervo), que se reproduce al final, según la cual el ave y el Sapo caen desde las nubes á la tierra, después de pasear por el cielo.

En Catamarca, lo mismo que en Entre Ríos, con pocas variantes, perdura otra singular leyenda, según la cual el Sapo corre tan velozmente como el Suri, el ave de la tormenta, llegando siempre juntos al final de la carrera, ó á la raya, señalada con un mortero.

Un día se encontraron el Sapo y el Suri. Cruzadas las palabras de cumplimiento, y después de ponderar el Suri la ligereza de su carrera por los campos, el Sapo le dijo que él era capáz de ganarlo, por más que le viera saltar tan menudo sobre el suelo.