La creencia arraigada por el conquistador de que los petroglyfos no son obra nativa, originó, sin duda, de que los peruanos atribuyeran á tales monumentos una clásica antigüedad, pues es más que seguro que no fueran obra suya. La escritura petrográfica, tanto en el Perú, como en nuestro Calchaquí, responde á un culto atmosférico ó acuático, y muy escepcionalmente heliolátrico. Respecto á los monumentos de Tiahuanaco, no cabe discusión que la obra es preincaica. En Calchaquí, si esceptuamos la piedra de Colalao (Tucumán) y unas más, no se ven rastros solares en las petrografías.

Las rocas escritas que puede decirse que consagraron la atención del conquistador, fueron aquellas con pies humanos esculpidos, tomados por rastros de los blancos portadores de la Cruz.

Lozano cita las de Itoco y Tocoregua, en Nueva Granada, y la de Ubaque, cerca de Bogotá[67]. Apúntanse en el Brasil y Paraguay las de Itapuá[68], de Parayba[69], de San Vicente, de Baipurungá[70], de Guayrá[71] y de la Asunción[72]. En el Perú se citan las de Piura, isla del Titicaca, de Callo, de Calango[73], de Chillaos, de Chachapoyas, «que demuestran (sus rastros) que se incaba allí el Santo á orar, juntas levantadas las manos al cielo, para lo cual soltaba el bordón ó báculo que sería de dos varas de largo, y también quedó impreso»[74], etc.

Para dar un valor probatorio decisivo á estas piedras con pies ó manos esculpidos, recordábanse las huellas del Santo en Ceylán, olvidando que los fenicios, según el Dr. Lamas[75], solían grabar en sus inscripciones dos pies, uno detrás de otro, para indicar caminante, viajero, hombre que pasa.

El señor Jiménez de la Espada[76], cree que los pies grabados en las rocas pueden significar esto último ó tener alguna otra significación en la escritura petrográfica nativa, como sucede con los rastros de las ocho piedras de Hambato, que atribuye á geroglífico ó signo del que marcha, ó á una vía, como la que usaban los mexicanos en sus pinturas; otras rocas de esta especie, para él, acaso conmemoran el acto solemne de descalzarse el Inca y poner sobre la tierra sus plantas desnudas, en señal de humillación deprecatoria ó de toma de posesión de un lugar importante ó de una frontera[77].

Nuestra opinión es que los pies esculpidos pueden significar cosas diversas, según el carácter de la escritura de la roca ó de la roca misma, considerada como huaca, como señal, lindero ó mojón.

Si no se trata de rocas sagradas, correspondientes á un culto litolátrico, los pies esculpidos en una misma dirección podrán indicar un camino ó rumbo dados, como si se dijese gráficamente: «por aquí», «por allá». El pie debe expresar el acto material de andar. Pueden también las rocas indicar puntos de parada ó de tránsito para los caminantes ó chasques: las piedras serán entonces verdaderos tambos. Si, por el contrario, se trata de rocas sagradas, posiblemente de la era fetiquista, entonces el pie esculpido será un rastro divino, como el del Inca en el acto de descalzarse, ó el de una deidad que por algún motivo se paró sobre la roca, como el de aquel Taapac, para predicar desde un alto peñón, ó el del Huiracocha ó el del dios Trueno, si la roca responde al culto acuático.

Fig. 1.
Guarda lateral
de una tinaja.