Cuando Wiener describía su Dios-sol llamaba la atención hacia el singular fenómeno numérico que el ídolo ofrecía, pues hasta la grada central era de tres escalas, de tal suerte que la cifra 3 y sus múltiplos, predominaban en su ornamentación y disposición general.
Podemos citar algunos otros ejemplares de trinidades americanas, como los de Cundinamarca, Bolivia y nuestro Calchaquí[59]. En algunos de ellos también, como en el dios del Perú, predomina el número 3[60].
La trinidad de la altiplanicie de Colombia está representada por ese aparecido, anciano y barbado, que llevaba tres nombres: Botchica, Nemterequeteba y Zuhé, al cual representábase por un ser tricéfalo. A Botchica acompañaba una mujer de extraordinaria belleza que llevaba, como él, tres nombres: Huythaca, Chia y Yebecuayguaya; fué ella quien hizo desbordar el Funza y produjo un diluvio, por lo cual Botchica, airado, la convirtió en luna. Botchica restaurador de las cosas, que reino dos mil años, es ese Idacanzas, otro Apóstol de los misioneros. Su nombre de Zuhé ó Xué significa «el día», «el brillante», y de aquí que se le llamó «el blanco». Idacanzas quiere decir «creador del tiempo». Botchica, en suma, es una personificación del sol, reglando las estaciones, y cuya aparición ó desaparición dá lugar al día ó á la noche, al buen ó mal tiempo. De aquí que los caciques Muyscas, según refiere Piedrahita[61], tenían la pretensión de influir sobre la temperatura.
Otra figura tricéfala que dió mucho que decir á los cronistas, elevándola al rango de misterio cristiano, fué el Tangatanga ó la huaca capirotes, «que al contar de los quippus de Chuquisaca era un Dios y tres personas, ó uno en tres y tres en uno», al decir del P. Josef de Acosta, que fué quien primero dió noticia de la misteriosa huaca, á la cual sin duda se refería la cita de Lozano, atribuyéndole gran importancia el P. Montoya[62].
Tanga, ó mejor tanca, según Jiménez de la Espada[63], es el tocado en forma de capirote que usaban las indias de Huaqui, y como la reeduplicación en los idiomas peruanos envuelve idea ó concepto de multiplicidad colectiva (como en Zachha—Zachha, bosque de Zachha, árbol), resulta que la trinidad de los Charcas en puridad viene á ser la huaca capirotes, ascendida poco á poco de figurón tricéfalo á misterio cristiano.
Nuestro americanista Ambrosetti dió en Calchaquí con la huaca capirotes ó figurón policéfalo de Quilmes, que describe en una interesante monografía[64].
Ternos de seres animados ó inanimados encuéntranse también en Perú y Chile, como los de la colección de Ferreira, de Lima, y del Museo de Santiago. Nosotros poseemos un pequeño objeto de piedra, encontrado en el valle de Catamarca, que representa indiscutiblemente una trinidad, y que tiene por emblema el triángulo de la fecundación sexual[65]. El disco de Chaquiago de Lafone Quevedo, que más adelante se reproducirá, es un Caylle trinitario, con su figura central antropomorfa y sus dos monstruos zoomorfos laterales, que ostentan cruces en sus cabezas.
En Calchaquí, como el 3, aparecen ser indudablemente sagrados los números 2 y 4. Las figuras dobles, como los objetos fálicos de nuestra colección encontrados en Tinogasta y Lules, que reprodujimos en nuestra monografía sobre el Falo, suelen ser epicenas, como ese Uiracochanticcicapac de Pachacuti ó esos padres del universo mejicano, Citlatonac y Citlalicue, varón y mujer, divinidades que llevaban los nombres de Ometecuctli y Omecihuatl, que valen por «dos varones» y «dos mujeres», ó sea: «doblemente varón» y «doblemente mujer.»
Los monumentos megalíticos esculpidos y las petrografías y pictografías fueron tomados como escritura indeleble de los portadores de la Cruz.
Entre los petroglyfos adquirieron celebridad los de Calango, del valle de Cañete, con huellas del Santo; la piedra de Collao, mentada por D. Francisco de Toledo; la de Tocoregua, del corregimiento de Tunja; la de Colla Tupá, sobre la cual Santo Toribio de Mogravejo erigió una capilla; la huaca Chasca Cóyllur ó Cantacauro, etc., sobre las que tan larga y erradamente debatieron los cronistas[66].