Tupá es dios, y Thupa nombre de honor equivalente á «Señor», según Lafone Quevedo[48]; Thupac, significa «cosa resplandeciente», según Mossi[49]; de modo que Tonapa es un epíteto solar, y el dios una encarnación de lo mismo. La morfología quichua permítenos analizar su nombre en estas dos formas: Tona-apa y Tonapa: la primera nos lleva al tema Thonay, «piedra de moler» ó «falo»; Apa es un verbo que dice «llevar cargando»,—de modo que daría: «el que carga el falo»[50].
Los grandes monolitos de Tiahuanaco, que Cieza atribuye á representaciones de Atticci Viracocha[51], fueron tomados también por figuraciones de los Apóstoles de la Cruz.
Wiener en su obra[52] reproduce la interesantísima figura antropomorfa del bajo relieve central de la puerta monolítica de Tiahuanaco, atribuyéndola á una representación del Dios-sol. La cabeza del dios está rodeada de veinticuatro rayos, seis de ellos terminados en cabezas de león, signos de la fuerza, según el autor citado; los demás rayos son alusiones á la fuerza creadora del sol; las líneas como meandros que rodean la figura, valen por símbolos de generación; las lágrimas de sus ojos son alusiones á la lluvia fecundante; los pescados y cabezas de cóndor en el pecho, representan habitantes del agua y de los aires[53].
Los misioneros no han citado la cabeza colosal del ídolo de pórfido de Collo-Collo, de 1.37m de alto, entre Tiahuanaco y la Paz, que debe ser otro Aticci, y el que en la banda de su frente ostenta cuatro cruces, grabadas respectivamente dos sobre el pecho de esas figuras marinas monstruosas que le adornan. Hagamos notar desde ya que el mito acuático por excelencia porta cruces.
Nuestro gran monolito esculpido de Tafí es muy digno de figurar al lado de los monumentos megalíticos de Tiahuanaco. Sus esculturas, con círculos con puntos y figuras cruciformes, parecen combinar las dos ideas de los Ojos de Ymaymana y de las Ventanas de Tocapo[54].
Tampoco dan cuenta los misioneros de este monumento de la prehistoria de nuestro Tucumán.
Otro hecho que suministró argumentos en favor de los portadores blancos de la Cruz, fué encontrarse la Trinidad como misterio americano.
Efectivamente en América aparece el 3 como número sagrado; pero no lo es menos el 4, como lo veremos en el capítulo respectivo[55].
Lozano[56] dá cuenta de un tricéfalo que adoraban los peruanos, «que decían eran tres personas con un corazón». Ruíz de Montoya[57] cita la trinidad de las estátuas del sol: Apointi, Churinti, Intiqua ó Qui, «que quiere decir el Padre y Señor Sol, el Hijo del Sol, el Hermano del Sol». Calancha enumera así á las personas de esta trinidad: Apu Inti, Churi Inti é Inti Huaoque, «padre sol, é hijo sol, y ayre ó espíritu sol». El P. Gerónimo Herran[58], procurador general de la Provincia del Paraguay, con mucha discresión atribuye al demonio el remedo del misterio: esta trinidad consiste en Padre, Hijo y Espíritu (no Santo, según él, sinó colateral de los dos), ó sean: Omequeturiqui ó Uragozoriso, Urasana y Urapo.
La nación aymará en el Perú tenía especial veneración por el tres; mientras que la quichua, por el cuatro.