Otra famosa Cruz fué encontrada en el templo de Anáhuac, de gran veneración; y Cortés, en su expedición á Tabasco, dió con una de piedra, de cerca de tres pies de alto.
Pero la más famosa de las cruces pareció ser la de Palenque, encontrada en unas grandiosas y seculares ruinas, desconocidas para los mismos naturales del país, sobre las que había crecido una gran selva en tiempo de la llegada de los españoles á Yucatán. Estas ruinas, para la arqueología americana, son los restos de las monumentales obras dejadas por extintos pueblos primitivos, haciendo Alejandro Lenoir remontar su origen á más de 3000 años, considerándolas Braseur de Bourbourg como anteriores á las más antiguas construcciones del viejo mundo. Waldeck[106] describió las ruinas á fines del siglo XVIII, dedicando especialmente su obra al estudio de su famosa cuanto simbólica Cruz, que gracias á sus dibujos, los de Stephens, de Castañeda y las fotografías de Charnay, ha salvado hasta nosotros, pues que ella fué extraída del grupo esculpido en medio del cual se encontraba con toda su primitiva grandeza[107].
En la [figura 3] ofrecemos los detalles más salientes de tan admirable escultura.
Sobre este secular emblema, cuyo palo superior termina en una cara zoomorfa, aparecía asentado un pájaro fantástico, de larga cola, cuya cabeza y plumaje extravagantes delataban perfectamente bien su carácter simbólico. A este pájaro es al que, sin duda, ofrendaba el indio, artísticamente vestido, un niño estendido sobre sus brazos, estirados horizontalmente en actitud de súplica. El conjunto tenía por base una figura de ídolo. La Cruz aparecía sobrecargada de líneas y de accesorios complicados, que formaban algunos de esos símbolos cuyo valor no nos es desconocido. En su torno habíanse grabado caracteres geroglíficos.
Fig. 3. Cruz venerada en el templo del Sol, de Palenque.
La Cruz de Palenque, sin lugar á dudas de ningún género, es un interesante elemento de escritura sagrada, un símbolo, cuyo valor mitológico puede calcularse por haber sido esculpida sobre piedras sagradas, en el recinto de un templo erigido en honor del sol. Es para nosotros el ave, el volátil asentado encima de la Cruz, la figura emblemática que puede llevarnos á clasificarla como un símbolo atmosférico, si es que el ave, ofrendada de parte del indio, es la representación ornitomorfa de la Nube que produce la lluvia por acción del sol[108].
En la América Central, más que una cosa principal del culto, la Cruz fué una insignia de los dioses del Aire, y figuró como un emblema acuático, entre otros. Sus cuatro palos, ó dos líneas que se cortan en ángulos rectos, representaban los cuatro vientos que traían las nubes, de las que caía la lluvia, que fecundaba y alentaba todas las cosas.
Lo mismo sucedía en Cundinamarca. La Cruz en este país fué objeto de veneración á causa de aparecer como el signo gráfico figurativo de los puntos cardinales y de la rosa de los vientos, siendo aquellos cuatro puntos en toda América cuatro genios del viento, cuatro personalidades míticas tutelares; de modo que cuando se habla del «norte», lo que en realidad quiere decirse es «viento que sopla del norte». Estos cuatro vientos, estos cuatro genios arrastran las lluvias; y de aquí el importantísimo papel que desempeñan en las cosmogonías de los dioses-agua ó dioses-sol.