En el Perú, igualmente, la Cruz aparece con mucha profusión; pero las cruces peruanas no han sido estudiadas por la arqueología, sinó por la filosofía religiosa, con su mal preparado criterio.
Una breve noticia de las cruces enumeradas por los cronistas de Indias bastará para que nos demos cuenta exacta de la importancia que se atribuyó al símbolo en el pueblo de los Incas.
El P. Techo[109] menciona especialmente la Cruz de Carabuco, aldea contigua al Titicaca, y sin duda influenciada por su civilización. Esta Cruz, cualquiera que sea el motivo invocado, aparece arrojada varias veces al agua, sobrenadando en la corriente, sin hundirse, é inaccesible al poder del fuego. La Cruz fué enterrada, por fin, en un hoyo profundo en las márgenes del lago, del cual es fama que la estrajo el cura Sarmiento, después de la revelación de los indios anansayas[110]. Es también digna de llamar la atención la influencia de la Cruz sobre los rayos, pues al decir de Montoya, nuestro Señor hacía con esta cruz muchos milagros, y principalmente «contra los rayos»[111].
La de Santa Cruz de la Sierra, que dió su nombre á la provincia, fué mentada por Fr. Gregorio García en su Predicación del Evangelio. El cronista cuenta que esta Cruz se veía grabada en medio de una roca, junto á unos pies esculpidos, que se dicen ser de Pay Zumé, dato que nos indicaría que la Cruz de que tratamos no es otra cosa que un signo complementario del de los pies esculpidos, de que nos ocupamos en el capítulo anterior, ó sea: un símbolo acuático ó astrolátrico.
Corrobora esta creencia la noticia del P. Josef de Acosta[112] de que los indios, cuando la adoraban, demandábanle lluvias.
El P. de la Calancha escribe sobre la Cruz misteriosa de los Chunchos, entre las montañas; y está demás decir que para este escritor fanático es obra del Apóstol.
De la famosa Cruz del Cuzco, que los españoles llevaron á la catedral, labrada «con mármol fino, de color blanco y encarnado de jaspe cristalino», ocupóse el Congreso de Americanistas de Luxemburgo, haciendo notar el marqués de Monclar[113] que la Cruz existió en el centro mismo del imperio de los Incas, y que era allí objeto de gran veneración. El marqués negaba que pudiera representar los cuatro puntos cardinales, como se sostenía á causa de habérsela encontrado colocada verticalmente, colgada de su agujero de suspensión.
Lozano[114] hace referencias á esta insignia «que tuvieron en veneración» los ingas, siguiendo á Garcilaso de la Vega[115]; siendo de advertir que éste duda de los motivos de «su veneración», pues asegura que era simplemente venerada y no «adorada»,—«lo cual escribe, debía ser por su hermosa figura, ó por algún otro respeto que no saben decir».
De este modo, la Cruz de mármol se convertía para Garcilaso en un fetiche Canopa.
Respecto á la observación del marqués de Monclar, que la Cruz no podía ser emblema de los cuatro puntos cardinales á causa de su colocación vertical, no la juzgamos argumento serio.