CAPÍTULO III
LA CRUZ SIMBÓLICA
EN LA ARQUEOLOGÍA PERUANA
Influencia de la religión en el valor del símbolo—La Cruz entre los Aymarás y los Quichuas—Atlas de Rivero y Tschudi y reproducciones de Wiener—El palacio del Chimu—Aticci Viracocha y el ídolo de Collo-Collo—Monumentos sepulcrales con Cruz—Material iconográfico de Jiménez de la Espada—La Cruz en los huaqueros—Telas de la Horca, Paramonga, Pachacámac, Chancay y Ancón—Opiniones de Jiménez de la Espada y M. Bollaert—La lámina simbólica del Yamqui Pachacuti—La Zara-Mama y la Cruz—Una cita del P. Cobo—El Tau de Allchurch—La Cruz como símbolo astrolátrico y atmosférico.
Hemos dicho, y lo repetimos nuevamente, que el asunto de la Cruz en el Perú, arqueológicamente considerado, no ha sido motivo de estudios profundos y satisfactorios, como los que se han practicado sobre el símbolo en otros pueblos. Los breves trabajos que al respecto hemos leído, apenas si pasan de acumulaciones de datos, de ligeras noticias, ilustradas con algunas láminas, en las que tampoco se ha tenido el cuidado de elegir lo mejor.
Este asunto de la Cruz peruana se presenta complejo á causa de los cambios repentinos y trascendentales de religión y de política, intimamente ligadas entre sí. En la civilización aymarítica, surgida de los grandes lagos, es el Agua, el elemento líquido encarnado en el Huiracocha de Tiahuanaco, el fundamento y el objeto de la religión[118]. Pacaritambo, de donde nace la aurora, y Chingano, en donde la luz explende, son otros dos grandes focos de civilización[119]. El culto al Sol, á ese hacedor fecundo, impónese con los Incas; y cuando alguna vez desmaya, vuelve á surgir de nuevo con todo su brillo secular. Finalmente, por actos trascendentales de política, que afianzan la solidez del imperio del Cuzco, las dos grandes religiones rivales se refunden, complementándose la una á la otra, el día en que el dios Huiracocha es colocado con toda su magestad, y con atributos solares, en los aris de la heliolatría. Entonces los dioses acuáticos y astrolátricos combinan su acción para obrar sobre la naturaleza y fecundarla, produciendo las lluvias, como que también el dios-sol llora agua y rocío, y haciendo nacer, crecer y fructificar todas las cosas.
El símbolo de la Cruz, que indiscutiblemente existió en todos los ciclos, tanto incásicos como preincásicos, sufrió la influencia de estos cambios de cultura y de religión. Símbolo acuático, cuando preponderó la religión aymarítica, se volvió símbolo astrolátrico cuando dominó la quichua; transformándose en símbolo atmosférico combinado, de doble valor acuático y luminoso, cuando las religiones se fundieron en una sola. En este último caso, la Cruz, hablando en términos arqueológicos, debe denominarse símbolo atmosférico, emblema de las nubes, de los vientos y de los fenómenos meteorológicos producidos por la acción del sol.
Nuestro material iconográfico lo demostrará por sí mismo. En el ídolo aymarítico de Collo-Collo, en los monumentos primitivos, en los huaqueros ó vasos ceremoniales del culto al Agua, aparecerá la Cruz; de la propia manera que figurará en el arte quichua, en sus construcciones, en sus dioses, en su alfarería, en sus telas, y, finalmente, en las representaciones astrolátricas y en la famosa plancha celeste del Yamqui Pachacuti, como un emblema luminoso formado por astros del cielo.
Somos sin duda los primeros que hemos hecho estas afirmaciones respecto al valor simbólico de la Cruz en el Perú, afirmaciones que, por suerte, podremos comprobar en el desarrollo de este capítulo, en el que seguiremos á la Cruz en el orden en que la arqueología la ha tratado, sin preocuparnos de la cronología de sus alternativas simbólicas.
Comenzaron los señores Rivero y Tschudi[120] por ofrecernos figuraciones y representaciones cruciformes del mayor interés. Entre las clásicas cruces presentadas distínguense las de las ruinas del palacio del Chimu, de los pilares del templo de Coati y de una de las esculturas de Tiahuanaco.