M. de Bollaert publicó su interesantísimo tupu de oro con cruces, que fué objeto de variados comentarios.
Wiener, en su obra «Perú y Bolivia», ofrécenos un material interesante, aunque disperso, de objetos incásicos y preincásicos con cruces.
En el Apéndice del trabajo de Jiménez de la Espada, presentado al Congreso de Bruselas[121], este distinguido americanista reproduce nuevos ejemplares.
Los grandes monumentos de Tiahuanaco pueden admirarse en la obra reciente de Max Uhle y Stubel.
Entre las grandes y antiquísimas construcciones que ostentan la insignia cruciforme, son dignas de especial mención los muros con bajorelieves del palacio norte en el gran Chimu, levantado sobre la primera de las tres grandes terrazas con ruinas por el brazo poderoso de los chimus, que desafiaban con sus trabajos ciclopeos á las fuerzas terraqueas que de tiempo en tiempo mueven el suelo que habitaron. Este gran muro está reproducido por Wiener[122]. Las figuraciones cruciformes que ostenta el mismo, talladas sobre la piedra, son numerosas; y, convenientemente distribuidas, adornan los frescos y bajorelieves, semejantes en su disposición artística á las más bellas pinturas de las telas peruanas, valiéndose de líneas escalonadas y rectas que trazan en el duro material figuras geométricas de admirable simetría. Estas cruces hacen recordar de otras semejantes, en bajorelieve, de monumentos mejicanos, viéndose con ello que en el Perú también la Cruz servía de ornamentación.
Cieza atribuye un alto origen á los monumentos megalíticos de Tiahuanaco, que para él,—y vale bien la pena de consignarlo,—representan á ese apostólico Aticci Viracocha, al cual, según su afirmación, «fuéronle en muchas partes hechos templos en los cuales pusieron bultos de piedra á su semejanza, y delante dellos hazían sacrificios. Los bultos grandes, agrega, questán en el pueblo de Tiauanaco, se tiene que fué desde aquellos tiempos.»
Nuestro americanista Lafone Quevedo, sin conocer esta cita de Cieza, atribuyó muy acertadamente la cabeza del famoso ídolo de Collo-Collo y la imagen del Dios-Sol de Wiener á representaciones de este Aticci, el dios del Agua[123].
Refiriéndose al ídolo de Collo-Collo, que se encuentra entre Tiahuanaco y La Paz, y que mide 1.37 m. de alto ([Fig. 4]), escribe en el lugar citado: «Es una cabeza de pórfido con curiosos grabados; pero lo que importa son los ojos (grandes círculos), que no son más que dos Imaymanas[124], de que cuelgan unos tres Tocos[125], ventanas. Es curioso que tres son los tocos que cita Pachacuti. El ídolo representará á Aticci Viracocha, con los atributos de sus dos hijos por ojos, etc. En la banda de la frente se distingue el mismo pescado de que habla Wiener en su pág. 703.»