Pasemos ahora á dar noticia del valor simbólico que en el Congreso de Bruselas se dió á la Cruz del Perú.
Jiménez de la Espada, quien especialmente trató y debatió el asunto[142], muy escasas indagaciones arqueológicas nos ofrece en su trabajo, notable como obra de critica. Limítase este autor á considerar á la Cruz como signo distintivo de los padrones ó marcas (xayhuas) que señalaban la dilatación del imperio de Tahuantinsuyu. Cita al P. Molina[143], de quien toma el dato de que los caballeros en el Cápac Raymi ó fiesta de Noviembre, vestían la huahuaclla, de color negro y amarillo, y en medio una Cruz colorada; de lo que deduce el americanista que no hay más que indicios disconformes de la significación de las cruces simbólicas peruanas.
Considera enseguida á la Cruz como una combinación artística ó arquitectónica, de fácil explicación.
Basta, según él, un ligero examen de los sistemas de ornato más frecuentes entre los yuncas y pueblos vecinos del interior, cuya civilización precedió á la de los Incas, para convencerse de que el elemento predominante y fundamental de aquellos es el cuadrado, cuadra ó escaque, ya se origine del cruzamiento en ángulo recto de dos series de paralelas, ya del corte de un prisma de base cuadrada. Con él, no solamente componían las líneas y trazas generales del adorno de sus ropas, vasos y edificios, y los ingeniosos y peregrinos detalles de cenefas, orlas y frisos, si que también modificaron las elegantes curvas y rectas de otros ornatos al parecer exóticos, transformando las diagonales de cuadrados y rombos y los meandros en escalerillas, y las ondas y hélices, en enroscadas hojas de sierra, etc. Ahora bien, la agrupación de cinco cuadrados ó escaques, tres para cada palo (el central, común), produce una Cruz griega, y agregando otro á la parte inferior del palo vertical, de modo que este tenga cuatro, la latina. Este sistema de adorno se llamaba collcampata por los quichuas. La Cruz maltesa, además de simbólica, puede ser también puramente decorativa y resultado del cruzamiento de dos diagonales, como en uno de los estucos del palacio de Chimu, que citamos anteriormente.
Ya dijimos que M. Bollaert veía en la Cruz un signo esencialmente astronómico: la estrella de la mañana, la Chasca.
Jiménez de la Espada[144] duda de tal representación, manifestando que no contaba con datos suficientes para decidirlo afirmativamente; y que antes los pocos y vagos que pudo adquirir ó vislumbrar acerca del simbolismo de las cruces peruanas le llevaban lejos de tal solución. «Si el signo, dice, de Chasca Cóyllur, del Crucero ó de cualquier otra de las constelaciones meridionales hubiera sido la tal cruz, es casi seguro que el indio collagua Pachacuti, lo hubiera diseñado así, aunque groseramente, en el dibujo á pluma de su Relación que figura el testero del gran templo del Cuzco, donde estaban representados todos los astros y meteoros adorados por los súbditos de los Incas.»
Parece increíble tal afirmación de parte de Jiménez de la Espada, quien fué cabalmente el que dió á luz la Relación del Yamqui Pachacuti; pues en el referido dibujo á pluma inserto, en la obra del collagua[145], la Cruz aparece dos veces, en la parte superior y central del dibujo, como ya lo hicimos notar en una breve monografía[146].
Reproduciremos la plancha ó lámina dibujada del Yanqui Pachacuti ([Fig. 19]); y en detalle, los dos signos cruciformes de la misma, á que acabamos de referirnos ([Fig. 20]).
En la lámina general destácanse estas dos cruces, figurando entre las representaciones diversas del espacio, como indicaciones ó símbolos astrolátricos.
En el detalle de la [figura 20], que ofrecemos con distintivos alfabéticos, vénse dos cruces, C1 y C2, correspondientes á dos constelaciones celestes, que podemos denominar de la Cruz, encima y debajo del Sol, S, y de la Luna, L; de la estrella de gran magnitud, E, y del lucero ó Chasca Cóyllur, Ch.