Fig 27. Vasija Ambato y su desarrollo.
Colección Quiroga.
Así mismo, adoraban al viento ó á la tormenta los crecks, los dakotas y pieles rojas.
Huracán, el dios de las tempestades de las Antillas, es el «alma del cielo» para los quichés de Guatemala, el que desempeña un papel importante en su cosmogonía. Avilix y Hacavitz son el relámpago y el rayo.
En Nicaragua, para que lloviese, ofrecíanse grandes sacrificios al dios del huracán Quiatéotl[156].
Pero la gran divinidad del cielo en Méjico y la América Central es Tláloc, el de un solo ojo, quien rige las nubes y las lluvias y guía los rayos, y en honor del cual se celebraban dos fiestas anuales, lo mismo que cuando sobrevenían calor ó seca, en cuyo caso sacrificábansele cuatro niños de cinco á seis años, á los que se dejaba morir de hambre, ó colocándolos en una canoa se les hacía hundir con ella en el lago sagrado[157]. Otros genios atmosféricos denominábanse los Tláloc[158], figurados por serpientes de madera, y por ídolos de aspecto humano las montañas, ó los Echecatotontin (checatl, «aire» en mejicano antiguo). Cuando á fines de Diciembre comenzaba á tronar, los indios decían:—«los Tláloc vienen!»—Calchihuitlicué, la compañera de Tláloc, según Torquemada[159], es la diosa del huracán y de los fenómenos meteorológicos, ó está intimamente ligada á ellos. Tlazolteotl, la lúbrica, la de los placeres obcenos, es otra compañera de Tláloc, representando á los elementos como generadores.
El señor de Tlalocán, Tlalocatecutli, el más alto de los Tlálocs, imperaba sobre la lluvia y el huracán, y era venerado por toltecas, chichimecas y aztecas. Figuraba como un dios antropomorfo, cuya estatua de blanca piedra aparecía pintada con los colores del agua, verde y azul, y portaba un cetro adornado de oro.
El dios de la América Central, particularmente de los mayas, fué Ahulneb, el de la Cruz. Los cuatro vientos que producían la lluvia denominábanse los cuatro Bacabs[160].
Nicaragua adoraba al dios del Aire Chiquinau; y Oviedo[161] cita á Ecalchatl, mito interesante de esta cosmogonía.
Mixcóatl[162], es la nube-serpiente, antigua divinidad chichimeca, tenida en gran honor por los nahuas y los nicaragüenses, la que, según Brinton, portaba por rayos un haz de flechas en las manos, pareciéndose á Tonante.