Cada vez que vemos la figura de Squier, viénennos también á la memoria las Huayrapucas calchaquíes de las Figs. [29] y [29 bis], grabadas sobre un pequeño mate de barro, reproducido en la primera de estas láminas, apareciendo en la figura bis el desarrollo del objeto total, de uno y otro lado. Estas figurillas a y b, tienen cuerpo antropomorfo, cara zoomorfa, y aparecen en actitud de volar; y si bien no arrastran colas de dragón, la serpiente de escama triangulada, que simboliza al rayo, aparece enroscada al mango incompleto del objeto. La figurilla a, lleva en su única mano una flecha, que debe ser figuración de un rayo, como en los dioses toltecas y aztecas; la b, porta en su izquierda una larga flecha, y en su diestra otra, y á más el pájaro ó Ave de la Tormenta, representada simbólicamente por una cabeza y cuello de Suri ó Avestruz, que indiscutiblemente para nosotros es el ave sagrada de las nubes en Calchaquí, como lo explicaremos en el capítulo respectivo. Los ojos de las figurillas que nos ocupan son Imaymanas, sencillos y dobles.
Indudablemente que el dios del Aire de Calchaquí está emparentado con el del Perú, y quién sabe si no son ambos la misma divinidad de la tormenta.
Más en las Huayrapucas hasta ahora reproducidas no aparece el símbolo de la Cruz, que vamos estudiando en los dioses meteorológicos, hasta que damos con el grupo mítico-atmosférico de Capayán (Catamarca), en las fronteras del valle de Londres, grabado sobre el barro de color negro, en la parte anterior de la pequeña olla de la [figura 30], que reproducimos desarrollada en la [30 bis]. A la parte posterior de la olla ([Fig. 30]) sólo aparece la cola ofídica, con círculos Imaymanas grabados en la misma, sirviendo de oreja ó manija á la tinajita. Lo interesante es la figura mítica á la cual esta cola de serpiente pertenece, grabada con poca profundidad en la parte anterior del objeto ([Fig. 30 bis]).
Estas figuras fueron ofrecidas por nosotros en nuestro trabajo sobre la Madre del Viento[198], y muy oportuno es reproducirlas en esta ocasión.
Fig 30 bis. Desarrollo de la figura anterior.
Como se vé en el desarrollo del grupo mítico de la olla, al centro del mismo aparece un ser de interesantísimas formas humanas. Este ser, como los dioses mejicanos del aire, lleva en la cabeza un penacho de seis anchas plumas de ave. En su cara humana,—de la que caen pendientes,—dos serpientes que tatúan sus mejillas, sobre las que descansan sus cabezas, forman la nariz del ídolo en su punto de intersección, y sus colas arqueadas, las cejas; la boca es ovalada. De su barba, despréndese la caja geométrica del cuerpo, saliendo para dentro del cuadro, de cada una de las cuatro esquinas del mismo, cuatro cabezas de serpiente, con ojos y boca, provistas de sus cuellos. Estas cuatro cabezas forman el símbolo de la Cruz, perfectamente artística y visible. Del ángulo inferior del cuadrado despréndense las patas zoomorfas del mítico ser, el que aparece en medio de las nubes y de la tormenta, provisto de grandes ojos dobles, con las zig-zags.
El caso que acabamos de ofrecer es elocuentemente típico, y salta á la vista la intención del artista que grabó la Cruz, formada por cuatro cabezas de serpientes rayos, que insinúan lluvia. Esa Cruz ocupa el centro mismo de todo ese animado y viviente grupo mítico de la tormenta, como un símbolo de alto valor meteorológico, con sus palos trazados por la luz vital y resplandeciente de cuatro rayos. Todo en este grupo habla de lluvia, de agua del cielo; y en las figuras míticas y animadas de los grupos laterales de las nubes de la tormenta, la greca ondulosa repítese de una manera llamativa, la cual, según Jiménez de la Espada[199], es en el Perú posiblemente, como entre etruscos y pelasgos que tantos adornos comunes tienen con los yuncas, una representación de la superficie más ó menos agitada del agua marina ó fluvial,—en este caso del agua de las nubes,—pues del examen arqueológico de varios huaqueros peruanos resulta que al parecer tal cosa ha querido indicar el dicho meandro onduloso, al dárselo en las pinturas de aquellos por base ó sostén á los Coohuampu ó «caballitos de totora», especie de esquifes en uso hoy todavía entre los pescadores de la costa de Trujillo y Santa en el Perú, y muy semejantes por su ligereza y material de construcción al phaselus de los egipcios.
De todo cuanto dejamos escrito en este capítulo, resulta plenamente confirmada la afirmación que hicimos de que la Cruz es el símbolo de los dioses americanos del Aire y de los mitos de la Tormenta; en otros términos: el símbolo sagrado de los fenómenos meteorológicos del cielo.