Ahora bien: ¿por qué ha de ser precisamente el signo de la Cruz el emblema ó símbolo de los cambios meteorológicos producidos como fenómenos de la atmósfera? ¿por qué ha de serlo la Cruz, y no otra de las figuras geométricas tantas veces repetidas en la escritura indiana, como el círculo, el triángulo, el cuadrilátero, la greca, el arabesco, el meandro ú otra combinación ideológica ó simbológica cualesquiera?
Porque así lo fué, y porque así debió serlo, limitarémonos á contestar al poner punto final al presente capítulo.
En el siguiente, relacionando el símbolo con el número sagrado Cuatro, pasamos á probar esta afirmación, al parecer hecha á priori.
CAPÍTULO V
La CRUZ y el NÚMERO CUATRO
Los números y su valor simbólico—Predilección por el Cuatro en la raza americana—Los hechiceros Chypeway—El número cuatro y el dios Viztcilipuztli—Lo que escribe D. Antonio de Solís—El número cuatro entre aztecas, nahuas, mayas, quichés y muyscas—Entre peruanos y araucanos—Entre calchaquíes—Los cuatro puntos cardinales y los cuatro vientos—Los cuatro palos de la Cruz—La Cruz como emblema acuático—Vaso ceremonial de los Sia—Opinión de Stenvenson—Disentimiento con Brinton—La Cruz como símbolo de la Lluvia.
Los números entre las diversas razas americanas tienen un valor simbólico en sus religiones, en sus ceremonias hieráticas, en su escritura sagrada y hasta en sus cosmoganías.
Anteriormente hemos tenido ocasión de insinuar cuán venerados fueron los números dos y tres de parte de algunos pueblos aborígenes, citando divinidades bicéfalas y tricéfalas, ó de dos y tres en uno, y viceversa. El número dos representa el fenómeno bisexual, sin hermafroditismo en los dioses; el atributo de los creadores, ó más bien: hacedores cay cari cachun, cay huarmi cachun, ya sean varones ó hembras, para formar, reproducir ó procrear por sí mismos, como todopoderosos en la creación de las cosas del cielo ó de la tierra. El número tres, que llamaremos tanga-tanga, refiérese indudablemente á la intervención de tres cosas en el acto carnal de la generación de las especies; y el Huampar Chucu, la mitra del gran sacerdote que reproduce la «Relación Anónima»[200], es sin duda en el Perú el emblema fálico de este número sagrado, pues compónese de la alegoría del triángulo, el foco solar, el mortero y su mano, y hasta por sus formas el Huampar aparece como la ingle del miembro viril, con los atributos de las naturas masculina y femenina. El Tangatanga ó figurón tricéfalo de los chancas, no es otra cosa que la representación antropomorfa de la referida cantidad sagrada.