Es de esta última manera cómo nos explicamos el por qué del sencillo cuaterno geométrico; de esta figura emblemática de los dioses del Aire, ó de los «señores de los cuatro vientos, que soplan de los cuatro puntos cardinales.» También dámonos cuenta del motivo por el cual figuren cruces en la lámina del Yamqui Pachacuti, como signos astronómicos con influencia sobre la atmósfera, toda vez que sus cuatro palos no son otra cosa que las líneas que unen á cuatro estrellas, respectivamente colocadas en Cruz.
Los brazos de la Cruz meteorológica apuntarán hacia los puntos cardinales, para indicar que de los cuatro ámbitos de la tierra vienen los elementos aereos que forman la tormenta. En el punto de intersección de estos palos el fenómeno de la lluvia se producirá. Y es por aquel motivo, sin duda, que la Cruz de Calchaquí, como casi todas las americanas, tiene sus palos del mismo largo, de modo que figura exactamente una roseta sencilla de vientos, lo que no pasaría con la Cruz latina.
Los brazos de la cruz, escribe Brinton[217], tenían por objeto apuntar hacia los puntos cardinales, para representar los cuatro vientos portadores de la lluvia. Para confirmar la explicación que aquí se dá, ocurramos á las ceremonias más sencillas de tribus menos civilizadas, para convencernos del significado que se advierte á través del símbolo, como ellos lo empleaban.
«Cuando el hacedor de la lluvia (rain maker) de los Lenni Lenape solía ejercer su poder, se retiraba á un lugar solitario y dibujaba en la tierra una figura de la cruz, con los brazos hacia los puntos cardinales, colocando sobre ella un poco de tabaco, mate, un pedazo de género colorado, y empezaba á llamar á gritos al espíritu de las lluvias. Los pieles negras tenían por costumbre ordenar cantos rodados de los veintisqueros en las praderas en forma de cruz, en honor, como decían, de Natose, el viejo que manda los vientos. Los creeks, en la fiesta del Busk, que se celebraba, como se ha visto, en honor de los cuatro vientos, y de acuerdo con las leyendas instituidas por estos mismos, empezábanla sacando fuego de nuevo. Esto lo hacían colocando cuatro rajas de leña en el centro del cuadro, con las puntas hacia dentro en forma de cruz, mientras que las de afuera se dirigían hacia los puntos cardinales: en el centro de la cruz sacaban el fuego nuevo. La cruz, precisamente de esta forma, según Las Casas[218] era objeto de culto en la América del Sud, cerca de Tumaná, cuando llegaron los cristianos, y por mucho tiempo anterior.»
Nosotros manifestamos nuestra plena conformidad á cuanto escribe Brinton explicando el por qué de los cuatro gráficos elementos de la Cruz, la razón del trazado de esta figura geométrica, cuyos cuatro palos constitutivos son, en efecto, correspondientes á las cuatro líneas que indican las direcciones de los cuatro puntos cardinales, de los cuatro vientos. Pero, ¿deberá decirse, en conclusión, que la Cruz sea precisamente el símbolo de los cuatro puntos cardinales, de los cuatro vientos?
No, contestaremos, disentiendo de las afirmaciones de Brinton en tal sentido[219].
Los cuatro palos de la cruz, aparecen expresando efectivamente que cuatro cosas[220], como cuatro estrellas[221] en la lámina del Yamqui Pachacuti, ó que cuatro elementos de la naturaleza se combinan para formar la figura geométrica; pero de aquí no ha de deducirse forzosamente que el indio se propuso santificar ó magnificar estas cuatro estrellas ó cuatro elementos por la combinación de la Cruz.
Las cuatro líneas, ó si se quiere cuatro elementos que constituyen el signo, si lo referimos á los mitos de la tormenta, pueden igualmente representar al viento, á la nube, al trueno y al rayo; y no es difícil que así sea.
Puede así mismo la Cruz, como símbolo indiscutible de fecundación, ser también una alusión al acto de la cópula, en el cual el indio, sin duda, ha creido ver tomar parte á cuatro cosas: al príapo, á los dos apéndices que de él penden y á la vulva ú órgano femenino; y no se olvide que en la lámina 8, reproducida atrás, la idea del número cuatro está implícitamente expresada en la figura priápica ó signo masculino del varón, representado por un cuadrilátero en el curioso andrógino.
Si el viento, si la nube, si el trueno, si la tormenta y si el rayo tienen representaciones simbólicas distintas y típicas en la escritura sagrada de los pueblos americanos; si en Calchaquí, por ejemplo, el viento es un monstruo-dragón, la nube el ave-suri, el trueno la espiral, la tormenta una mano abierta de dedos alargados, y el rayo una zig-zag de cabeza ofídica, no vemos con qué propósito el hijo de la tierra habría introducido la confusión en su escritura simbólica, con la adaptación de un nuevo signo del mismo valor de otro, al cual ya fijó su equivalencia de antemano.