Sobre una lámina de hueso (el material suele ser piedra blanca ó negra), y dentro de dos secciones rectangulares iguales, aparecen dos figurillas humanas, de esas que, al decir de Montesinos[273], «hacen apariencia de dos personas que se abrazan». La de la izquierda está muy borrada, á causa del desgaste natural del material óseo, pues posiblemente el amuleto era objeto de contínuos frotamientos; en cambio, la de la derecha aparece perfectamente con todos sus detalles: esta figurilla es femenina por el triangulillo correspondiente á su vulva, como en el caso de la inferior de un amuleto de Tinogasta[274].
La figurilla anterior que nos ocupa, de brazos y piernas doblados, unos y otros miembros con tres dedos, presenta un cuerpo geométrico cuadrangular, como en el caso de la representación de la [Fig. 30 bis]; al centro de este cuadrado, y en la parte correspondiente á la mitad del pecho, cuatro triangulillos, ó cuatro emblemas fálicos femeninos, simétricamente distribuidos, forman una interesante Cruz simbólica.
En el andrógino de piedra negra, reproducido en la nota, y á su parte posterior, en el punto mismo en que las figurillas humanas (varón y mujer) juntan sus pies, aparece esculpida, como se vé en el detalle de la derecha, una artística Cruz, á los estremos de cuyos palos superior é inferior se han calado dos morterillos de boca perfectamente circular: en estos morterillos, y sobre esta Cruz, ofreceríanse, sin duda, las ofrendas propiciatorias, siendo el mortero con su mano otro objeto fálico emblemático, que vimos aparecer en el Huampar incaico.[275].
Ahora bien: ¿qué motivos pueden haber decidido al artista indio á grabar cruces en estos huacanquis ó amuletos «para rendir por el amor el libre albedrío»?
Dos, sin duda: el primero, que el amuleto se consagra al acto carnal de la fecundación y de la reproducción de la especie; el segundo, que estos amuletos, por lo mismo que se refieren á la procreación, tienen un origen atmosférico, como la lluvia fecundante y reproductora, pues de la propia manera que los meteoritos son lanzados sobre la tierra por los dioses de la tormenta, estos amuletos son arrojados por el rayo que cae, desprendido con estruendo de las nubes, de modo que también son illas, ó preciados talismanes de Illapa; pues, al decir de Montesinos, á estos preciados amuletos de maleficio amatorio, ídolos ó huacas de los amores, «fingen los hechiceros que los hallan cuando el relámpago se despide de la nube con gran trueno, y cae el rayo, y donde cae los encuentran ...»[276]. El hecho mismo de guardarse al idolillo en una cesta llena de plumas de colores (dato que también consigna Montesinos, como se lee en la nota), prueba su origen atmosférico, pues las plumas recuerdan al pájaro de la tormenta, y sus colores los del iris ó chuychu formado en las nubes.
Sobre los escudos calchaquíes con que se cubren figuras humanas labradas en cobre, pintadas en las tinajas, en las rocas, ó grabadas en los petroglyfos, suelen aparecer signos y figuras simbólicas, animales y geométricas muy curiosos, que aún no han sido estudiados, siendo notables en tal sentido los escudos que portan los reales personajes de la Gruta de Carahuasi (Salta)[277]. Nosotros atribuimos á representaciones totémicas tales figuraciones, siendo ellas, sin duda, emblemas ó insignias de los personajes que portan los escudos, ó de sus familias, de sus tribus y de sus pueblos. Es de advertir que cuando los personajes no llevan escudos, suelen tener pintados sobre su pecho los referidos tótem[278]. Que familias de indios tucumanos han adoptado su distintivo entre los de su raza, convirtiéndolo en apellido común, tomado de nombres de héroes, de animales ó de cosas animadas ó inanimadas,—resulta indiscutible cuando se recorren los padrones que los españoles levantaran en el período de la colonia, censando á la población nativa[279]; y así, indios hay que llevan los siguientes apellidos: Atagualpa (Yumansuma, 1699), Inca (Chicligasta, 1721), Inga (Colalao, 1699), Colla (San Miguel, 1771), Illapa (Chuchagasta, 1699), Vilca (Tolombón, 1699), Pisco (Colalao, 1699), Surita (Marapa, 1721), Chilca (Choromoros, 1771), Patay (Tafí, 1699), Chuncha, Chicha, Choclo, Sapaca, Guasca, Coca (Colalao, 1699), etc., etc.
| Fig. 53. | Fig. 56. Col. Quiroga. |
Sobre los escudos de Carahuasi pueden verse reproducidos espirales, meandros, animales y otras figuras simbólicas, una de ellas cruciforme.
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Fig. 58. San José. Col. Max. Schmidt. |
Fig. 59. Loma Rica. Catamarca. |