Otro dato interesantísimo de Folk-lore conviene apuntar con este motivo.
Nos referimos al hecho de colocarse por los naturales piedras paradas protectoras, que llaman á la lluvia, en cualquiera eminencia, en toda la extensión del valle de Santa María ó de Yocavil. Hoy, en vez de piedras, se colocan de pie cruces cristianas sobre las colinas y los morros de los cerros, cruces protectoras que pueden contarse por centenares. Ahora, preguntamos: ¿la sustitución cristiana de las cruces á los menhires nativos, no es obra de una de esas raras coincidencias ó puntos de contacto de creencia y creencia, mediante los cuales el símbolo cristiano de la Cruz hace las veces del símbolo pagano, adquiriendo en tal caso una doble virtud protectora, como conjuro de la piedra y del granizo, y como un singular amuleto propiciatorio de las lluvias?—Nosotros, no nos limitamos á sospecharlo, sinó que casi nos atrevemos á establecerlo en sentido afirmativo. Si así fuere, esta prueba del valor de la Cruz como símbolo acuático calchaquí, no solo no admitiría réplica, sinó que sería decisiva y trascendental[271].
En nuestra reciente expedición á los valles de Londres, hemos podido observar en el pueblo de Colpes (Pomán) trojes ó pirhuas con cruces. Las pirhuas de formas fálicas, levantadas sobre un bastidor de cuatro horcones, que guardan la preciada algarroba, remataban en un penacho de aibe ó pasto de campo; y de en medio de este penacho salía una Cruz de madera. Esta Cruz, según pudimos informarnos, á la vez que guardián del producto de los tacuiles, propiciaba para el año venidero una abundante cosecha de algarroba. Para que tal cosecha fuera abundante, es claro que habría necesidad de que lloviese. La Cruz de las pirhuas, en buenos términos, equivalía á un amuleto de las lluvias, confundiéndose en el espíritu del indio actual el valor cristiano con el valor nativo del símbolo.
Sobre la despensa de un grupo de ranchos de Bisbis, camino de Hualfín á Andalgalá, otra Cruz de madera habíase colocado. Los indios de la casa negáronse por completo á explicarnos que significaba aquella Cruz sobre el rancho en el cual se depositaban los granos, la algarroba y el charqui. Esto mismo hízonos comprender que se trataba de una superstición nativa; y que la Cruz en el caso actual desempeñaría el mismo papel que la de la pirhua de Colpes.
Fig 72.
Molinos (Salta).
Tam. nat.
En dos ejemplares de figuras dobles, andróginos, ó con representaciones masculinas y femeninas (cay huarmi cachun, cay cari cachun), ó si se quiere huacanquis ó Cayam-Carumi, huacas de los amores, que por el hechizo del Tincuc forzaban el libre albedrío[272], aparecen hermosas cruces griegas, en una forma y colocación llamativas.
El Huacanqui de la [Fig. 72], de la colección Zavaleta, es uno de los ejemplares interesantes.