La lámina que este arqueólogo presenta, consta de ocho renglones escritos con caracteres simbólicos regulares y varios, del estilo de algunos de nuestros petroglifos de Ampajango y Cafayate. En los renglones escritos, á excepción de los tercero y séptimo (en el 3o aparece una T volcada), vénse los signos cruciformes repetidos, consistentes en dos líneas que se cortan, formando ángulos rectos, horizontal la una, y vertical la otra. Los símbolos restantes, consisten: en círculos con punto ó sin punto, ó sean ojos Imaymanas, gérmenes ó yemas de fecundación; en ventanas abiertas, como U[300], y en tocos que recuerdan del emblema fálico del Tocapo Viracocha; en líneas quebradas, que bien pueden figurar cerros, como lo quiere el señor Barros Grez, y aparecen dentro de la Pacha Mama del Yamqui; en sinuosas, que para nosotros son canales (uno de ellos con su estanque) ó arroyos, y que en la precitada carta simbólica llevan la leyenda de río: ó Pillcomayo; en figuras onduladas, que quizá representan el movimiento del agua ó de las linfas; en espirales, que tenemos por símbolos del trueno que ruge; en puntos, ó gotas de lluvia; en líneas que al cortarse entre sí forman cuadrados, como un damero, exactamente iguales á la figuración de los pata ó andenes de la plancha del Yamqui ([Fig. 21]); en dos grupos de seis cortas líneas verticales, indicaciones numerales, múltiplos del tres sagrado (el dios acuático es trino y uno); en líneas que forman una cara humana, con ojos, cejas, nariz y boca, y debajo de ella (como si fuese su barba) un Imaymana con punto; en un círculo con tres puntos distribuidos en triángulo, que dan al conjunto un aspecto de cara humana, correspondiendo los dos puntos superiores á los ojos y el inferior á la boca, como si se tratase de una figuración del Inti, etc.
Fig. 19. Plancha del Yamqui Pachacuti.
Ahora bien: ¿cómo podría clasificarse esta gruta en las eminencias de los cerros, con cadáveres en el suelo, y con tales inscripciones simbólicas en sus muros externos?
Para nosotros es uno de esos templos, cuevas ó antros del machi, en los cuales este propiciaría con cruentos sacrificios á los dioses atmosféricos.
Las inscripciones parecen destinadas á invocar á Imaymana, Tocapo y Aticci Viracocha, esa trinidad mítica, que impera sobre las cochas; que derrama gérmenes vitales en la sierra y la llanura; que rige las nubes y la lluvia, alimentando arroyos y canales, y regando patas ó andenes sembrados. Las cruces, alternando entre tantas y tan expresivas figuraciones simbólicas acuáticas, son seguramente alusiones complementarias á la producción del fenómeno atmosférico de la lluvia, tan anhelado por los araucanos como por los calchaquíes[301].
La famosa Gruta de Carahuasi, de este lado de los valles, en Salta, es de un estilo completamente distinto de la anterior: se trata de pictografías figurativas, y no simbólicas. El indio se ha mostrado en ella un artista, combinando colores y reproduciendo personajes, escudos y animales con una fidelidad llamativa. Los colores vivos contrastan los unos con los otros: el negro con el blanco, el plomo con el rojo, el amarillo con el cáscara. Los personajes reales, empuñando cetros en sus manos, portando arcos de flechas y cabezas humanas, se destacan en fila, con sus penachos adornando sus cabezas, de una, dos, tres, seis y siete plumas de colores. Las pequeñas llamas marchan en una misma dirección con sus cargas sobre el espinazo. Cinco escudos de colores distintos, de raras y artísticas formas, llevan figurados meandros, espirales, tocos y animalillos. Encima, destácanse unos veinte guerreros: diez y nueve de color amarillo, y uno de plomo; casi todos lucen plumas en sus cabezas, y varios portan hachas, thoquis ó insignias de mando. Detrás de tres escudos, aparecen grupos de guerreros, pintados de plomo, apuntando á una misma dirección. Y en el centro del cuadro, en medio de los escudos, vése una gran Cruz latina, de color amarillo, de anchos brazos, símbolo que también, en forma de una decussata lleva pintada sobre su pecho el penúltimo personaje real de la sección inferior: este personage gasta larga túnica, luce medias de color, un penacho de tres plumas rojas, y es portador de un thoqui sobre sus hombros.
Tales son, á grandes rasgos, las pinturas de la Gruta de Pampa Grande, de forma abovedada, abierta en la roca viva, en cuyas paredes estas pinturas ocupan un area de 2.15m por 1.30, las que Ambrosetti reprodujo el año 1895[302], y cuya monografía de interpretación creemos que no debe aún tomarse como trabajo definitivo, por más que sea digna de considerarse.
El más interesante de todos los monumentos megalíticos y petrográficos de Calchaquí y sus fonteras, es la gran Gruta de Siquimí (hoy Chiquimí), en las eminencias de la sierra de Muñoz, casi frente á San José (Catamarca, valle de Santa María), que nos cupo en suerte descubrir en nuestra expedición de 1898, y cuyos interesantísimos grabados sobre la arenisca de sus paredes fueron tomados por Holmberg en cinco láminas distintas, que tal es la profusión de los grabados, algunos de ellos borrados por el tiempo y la intemperie.
La Gruta debe haber sido la obra de las aguas torrentosas, que han cavado la arenisca; es abovedada; sus dimensiones son notables, pues mide veintidós metros de largo, por cinco de ancho y otro tanto de alto, pudiendo, por tanto, penetrarse á ella á caballo.