El Sapo-fetiche—El Sapo en las vasijas de agua—El Sapo y la Lluvia—Folk-lore calchaquí, puntano, entreriano y pampa—Ceremonia con la Cruz de ceniza—Batracios simbólicos en la alfarería ceremonial y funeraria—Urnas de Santa María y San José—El Sapo, la Serpiente y el Suri—Pucos del Instituto Geográfico Argentino—Los símbolos combinados del Sapo y de la Cruz—El Urubú y el Sapo: Folk-lore brasileño—El «Señor del Agua»—Conclusiones.

Poseemos en nuestra colección dos pequeños amuletos de piedra verdosa que representan Sapos, así como algunos otros curiosos objetos sobre los que aparecen estos batracios. En un trabajo inédito estudiando los «Fetiches», reproducimos dos objetos zoomorfos de piedra que igualmente los representan, sentados sobre sus patas traseras, uno de los cuales ofrece una caladura ventral, sin duda para ofrendarlo ó propiciarlo, si, como no lo dudamos, este animal fué también venerado en la religión fetiquista de Calchaquí.

En las vasijas para depositar agua, el Sapo suele figurar de relieve á sus bordes, en actitud de saltar ó de penetrar á la vasija, lo que demuestra, á la vez que la predilección del Sapo por el agua y la humedad,—que no han de faltar en su vivienda,—la intención manifiesta del indio de expresar un deseo ó un anhelo.

En el folk-lore calchaquí el Sapo aparece intimamente vinculado al fenómeno de la lluvia; y la creencia fetiquista del pueblo bajo, heredada de la antigüedad, atribuye á este animal y á la rana la virtud de hacer llover por acción propia, atrayendo, bajo ciertas circunstancias y condiciones, á las nubes; siendo el trueno lejano el anuncio de que su voluntad se cumple y de que su acción se hace sentir en la atmósfera, no obstante no poder ascender á ella como los volátiles.

Cuando en Calchaquí la seca se prolonga y la naturaleza comienza á languidecer bajo la acción enervante del calor, remuévense las piedras contiguas á las vertientes y manantiales, y no bien se dá con un sapo debajo de ellas, tómase al animal, y atándosele con una cuerda de la pata, se le cuelga de la rama de un árbol, para que perezca en tan tristes condiciones si no quiso ó no supo llamar á las nubes. Otras veces se le estaquea en el suelo, con el vientre abultado para arriba, á fin de que le abrase el sol canicular, castigándosele con un gajo de ortiga ó rupachico[307], á fin de que precipite el cambio meteorológico[308]. Entonces es cuando se dice que el fetiche crucificado y castigado implora el auxilio de las nubes, produciéndose la lluvia, con lo que ya obtiene su liberación. Este mismo sacrificio del pobre sapo tiene lugar cuando se oye el ruido lejano de la piedra, en el propósito de que deje inmediatamente de caer, librándose las mieses de tan terrible azote.

El valle de Catamarca está formado por dos sierras: la del oeste, lleva la denominación de Ambato ó Ampato (Sapo), nombre que sin duda es una reminiscencia del gran fetiche de la montaña, que guarda en su seno centenares de corrientes de agua, y que alimenta numerosos rebaños de ganados de la tierra[309].

Es de advertir que el sapo es tenido por un gran mago, y que á él se acude en los asuntos de los conjuros y de la hechicería, siendo muy curioso, como lo comprobamos en Tolombón, la manera de demandársele que haga daño á determinada persona. Semejante intervención del sapo en auxilio de magos, de hechiceros y de brujos, parece que es casi universal.

Si saliendo de Calchaquí recogemos los datos del folk-lore de otras regiones del país, tendremos que el sapo en casi todas partes es también un fetiche animado que hace llover. En San Luis cuelgan, como entre nosotros, al exterior, y de una pata, á un sapo vivo de la rama de un árbol. En Entre Ríos, estaquéanle con espinas de naranjo, pero sobre una Cruz de ceniza. En la Pampa Central echan sapos vivos á los jagüeles, para que estos siempre conserven agua, pues dicen que aquellos animales son los que se encargan de abrir las vertientes[310].

El uso de la Cruz de ceniza en Entre Ríos, como en Calchaquí, para hacer llover y conjurar el granizo, es un dato revelador, á la vez que la aplicación gráfica de la Cruz que los sapos calchaquíes llevan pintada sobre el dorso de su cuerpo en la alfarería funeraria. El sapo colocado sobre la Cruz, equivale á una doble invocación acuática. La Cruz de ceniza, debe ser una reminiscencia del fuego sagrado, pues que á ceniza reduce lo que quema[311].

Es sobre todo en la cerámica calchaquí en la cual el sapo aparece con marcada repetición, casi siempre pintado, las más de las veces de una manera convencional, hasta llegar á ser simbólicamente representado, como sucede con los demás seres animados ó inanimados figurados en las urnas, para que se aumenten los misterios del lenguaje sagrado escrito de las mismas, que por suerte vamos descifrando, como lo prueba este libro.