Fig 94. Parte inferior de una urna.
Cafayate. Col. Inst. Geog.
Fig 95. Urna
de San José
(Catamarca)
Col. Max. Schmidt.
Ahora, fijemos la atención sobre ese revelador detalle, que sin duda no ha escapado al lector observador: nos referimos á las cruces que los tres sapos del puco de la [Fig. 92] llevan reproducidas sobre el dorso de sus respectivos cuerpos, lo mismo que sobre el de los dos del puco 93. A estos ejemplares interesantísimos, añadiremos los de los cuatro sapos con sus diversas cruces de la urna [Fig. 94], griegas las de los sapos inferiores dentro de campos cruciformes, lo mismo que las de arriba, con cuadrados (que recuerdan los andenes) en sus respectivos puntos de intersección. Finalmente, agregaremos el ejemplar de la urna [Fig. 95], de San José, al fondo de cuya ancha franja ventral, y en el lugar mismo en que figuran los meandros de fecundación ó de la cópula, de la urna anterior, se destacan, pintados de negro, tres sapos de caras de apariencia humana, con sus manos y patas quebradas, de tres y cuatro dedos: cada uno de estos sapos lleva cruces negras en fondos cruciformes blancos, al centro dorsal del cuerpo cuadrangular de los animales.
Después de estas breves explicaciones, y de revisado el material iconográfico en el que aparecen batracios, es el caso de que nos interroguemos:—¿por qué el símbolo de la Cruz aparece repetidamente figurado sobre la región dorsal de los sapos?—¿qué significación tiene en la escritura esta doble combinación de símbolos?
A nuestro entender, el sapo simbólico es equivalente á Agua: yaco. Su símbolo, combinado con el de la Cruz atmosférica, diría: Agua llovida.
Que del sapo el indio ha hecho un símbolo, es incuestionable, cuando se vé la forma como le ha reproducido en la alfarería, de una manera convencionalmente distintiva, combinando el cuadrado ó toco con el triángulo, la línea quebrada y los meandros espirales. Que este símbolo es acuático, dícelo bien claro el hecho de figurar como tal signo combinado en la alfarería funeraria, en las vasijas que contienen el líquido, al lado de la serpiente y del suri, ó en sustitución del ofidio del rayo y del pájaro de la tormenta. Además, el sapo suele aparecer de relieve al borde de la boca de las vasijas, en actitud de introducirse á las mismas, ó aparece ascendiendo siempre desde el asiento de las tinajas á sus bocas, como en las Figs. [90], [94] y [95],—en estos dos últimos casos varios sapos, unos tras otros, en busca del agua contenida en aquellas. El sapo mora en los pantanos, junto á las chilcas ó bajo las cortaderas, y elige para viviendas suelos huecos y grutas húmedas. Su elemento es el agua, en donde crece, se desarrolla, se alimenta y procrea, especialmente el agua parada de las lagunas ó de los estanques, ó el agua caida del cielo. De aquí se origina, como es natural, la creencia fetiquista en nuestra campaña de que el sapo posee la virtud ó acción propia de «hacer llover».
El batracio, dirigiéndose á la boca de las urnas acuáticas y de las tinajas ó vasijas, hace desde el primer momento nacer la idea del contenido líquido de las mismas, aunque estén vacías, como en los jagüeles secos á los que se arrojan sapos vivos. El sapo figurado de relieve al borde de aquellas, expresa que deben llenarse de agua. El sapo de los pucos semiesféricos, que sirven de tapa á las urnas, significa, sin duda, agua caida de la atmósfera.
Un sapo largado de las nubes; una cosa sólida lanzada por la tormenta, parece ser la piedra ó el granizo, el agua congelada, cayendo sobre la tierra: en el folk-lore del Amazonas hallamos una curiosa leyenda al respecto: un sapo es arrojado del cielo á la tierra por un ave, el Urubú ó Cuervo Negro (Cathartes foetens)[314].