El Cuervo negro, en resumen, fué invitado juntamente con el sapo á unas fiestas en el cielo. El sapo aceptó ir en compañía del Cuervo, el que no atinaba cómo su compadre pudiera, sin alas, osar á tanto. En el día fijado, el negro Cuervo se presenta en casa de aquél. El sapo díjole que como él gustaba marchar muy dulcemente, le permitiese ir adelante. Su propósito era, como lo efectuó, esconderse en la guitarra que el Cuervo portaría para tocar en las fiestas del cielo, de manera que este le llevase por los aires. Llegado el Cuervo al cielo, le interrogaron por el Sapo, contestando aquel que su compadre no podía permitirse tan largos paseos. Después de tales palabras, dejó á un lado la guitarra, sentándose á la mesa. El Sapo sale de su escondite, y, con asombro general, se aparece á los convidados, divirtiéndose, cantando y danzando. Concluido el baile, todo el mundo se retira. El Sapo, viendo distraído al Cuervo, se mete sigilosamente de nuevo en la guitarra. El Urubú se puso de vuelta, sabiendo que traía un huésped dentro de su instrumento. En cierta parte del cielo el Cuervo, sin ruido, vuelca su guitarra, y el Sapo cae de las nubes, gritando á las piedras y á las rocas del suelo que se hicieran á un lado[315]. El Urubú replícale que no tuviese cuidado alguno, pues que volaba perfectamente. Lo que no impidió que el Sapo, al caer, se diera un golpe formidable. Esta fué la causa de que le salieran las manchas de su piel[316].

El americanista Ambrosetti, á nuestro parecer con muy juicioso criterio, interpreta la fábula del Amazonas. «En esta fábula, escribe[317], veo repetido el mito de Catequil y Piguerao, y quitándole la parte pintoresca, para mi lo que ha querido decir, en un principio, es: simplemente que Piguerao, el pájaro de la tormenta, al cruzar por el cielo llevando á Catequil, el rayo, lleva también, á pesar suyo, al Sapo, que bien puede ser el granizo, y que sacudiéndose fastidiado, lo arroja á la tierra».

Volviendo á la figuración simbólica del sapo, y á su valor mítico de «agua», no debemos olvidar que el batracio llama á las nubes, y que para significar que es cosa que suele estar arriba ó caer de lo alto, se le suspende con una cuerda de la rama, haciéndosele andar como péndolo en el aire, entre la copa del árbol y el suelo.

El canto de las ranas en los pozos ó los charcos, cuando es bullicioso é intermitente á la vez, suele ser tomado por anuncio seguro de lluvia.

En la Rioja perdura hasta hoy una leyenda india, según la cual el Sapo aparece ser el Señor del Agua[318], ó de las Cochas: fué un sapo, al cavar su cueva en la humedad, el que abrió la primera vertiente del Famatima. Ya constatamos en la Pampa Central una tradición semejante.

Nada más lógico, entonces, que la Cruz, el símbolo acuático por excelencia, aparezca sobre el cuerpo del Sapo como una insignia, como un emblema, como un tótem, si se quiere, de este Señor del Agua; y nada más expresivo que los símbolos combinados del Sapo y de la Cruz para que leamos en la escritura sagrada de la alfarería funeraria: «agua caida de las nubes», ó «agua llovida».

Fig. 96.
Sapos pintados
sobre urnas funerarias
Fig. 97.
Interior de un puco Tolombón.
Col. Inst. Geog.

Es este, sin duda alguna, el motivo de que aparezca lleno de puntos (gotas de lluvia), geométricamente distribuidos, el pequeño sapo de la [Fig. 96]; y con adornos cuadrangulares (posiblemente alusión á andenes), su compañero de la derecha, figurillas estas pintadas sobre una urna del Museo Nacional. Dos series de adornos cuadrangulares, en dobles secciones triangulares del cuerpo de grandes sapos, aparecen en el interior de un puco de Tolombón, reproducidos en la [Fig. 97]. Tales adornos figuraron anteriormente sobre los dorsos de los sapos de la urna de la [Fig. 90].

Reasumiendo las ideas de este capítulo, y después de lo establecido: ¿quién no creería observar totalmente reproducido el fenómeno atmosférico de la Tormenta en el interesante puco de la [Fig. 92], viendo en el campo superior en la serpiente de doble espiral, con los apéndices ondulados de su cuerpo, al relámpago, al rayo y al trueno; tomando por gotas los puntos de esa franja de la izquierda, paralela al cuerpo del ofidio; teniendo, en el campo inferior, á los suris por representantes de las nubes, y á los sapos, con sus cruces, por símbolos de agua líquida ó congelada que cae de las mismas?