[173] «Vestir non debe ninguno hábitos de religion, sino aquellos que los tomaron para servir á Dios; ca algunos hay que los traen á mala entencion, para remedar los religiosos, é para fazer otros escarnios é juegos con ellos, é es cosa muy desaguisada que lo que fué fallado para servicio de Dios sea tomado en desprecio de Santa Eglesia, é en abiltamiento de la religion; onde cualquier que vestiese hábitos de monjes é de monjas ó de religioso, debe ser echado de aquella villa ó de aquel logar donde lo fiziere á azotes. E si por aventura clérigo fiziere tal cosa, porque le estaria peor que á otro ome, dévele poner su prelado gran pena, segun toviese por razon: ca estas cosas tambien los prelados como los judgadores seglares de cada un logar las deben mucho escarmentar que no se fagan.» Part. I, tít. VI, ley 36.

[174] Jacobus Grætser, De sacris peregrinationibus; Ingolstadt, 1606, pág. 274.—Idem, De Catholicæ Ecclesiæ sacris processionibus et supplicationibus, lib. II, pág. 127.—Idem, De festis christianorum et benedictionibus, en sus opp., Regensburg, 1635, Th. V.—Thesaurus sacrorum rituum de Gavanti; Lugduni, 1685, pág. 255.—El cardenal Lambertini (Benedicto XIV) en sus de Jesu Christi matrisque ejus festis; Patavii, 1751, pág. 211.

[175] Flórez (Enrique), Risco, Merino y Canal, España sagrada, Theatro geográfico-histórico de la Iglesia de España, 1754-1832. Tomo 45. Madrid, 1832, pág. 17.—El importante documento, que citamos, ha pasado hasta ahora completamente desapercibido para los historiadores del teatro español.

[176] El nuevo editor de Los Orígenes, de Moratín, demuestra con extractos de manuscritos del Archivo de la ciudad de Barcelona, que en ella, ya en el siglo xiii, se representaron dramas religiosos y otras fiestas, y da noticia de una farsa satírica, titulada Mascarón, que encontró en manuscritos del siglo xiii y XIV (los cuales pasaron de los Archivos de Ripoll y de San Cugat del Vallés al de la corona de Aragón). En esta pieza, Mascarón, como representante del infierno, acusa por sus pecados al linaje humano ante el tribunal de Dios; Éste y la Virgen María, como defensora de los hombres, son los personajes del drama.

Abundan más los datos de representaciones de espectáculos teatrales en Aragón y Cataluña durante los siglos XIV y XV, hablándose de algunas del antiguo y nuevo Testamento en el día del Corpus, en las cuales los gremios y hermandades se encargaban de ciertos papeles, y también de Entremeses de Santa Eulalia de Belén (en que aparecían los tres Reyes Magos á caballo), etc.

Merece también conocerse lo que refiere Ortiz de Zúñiga en los Anales de Sevilla, puesto que menciona representaciones hechas en el año 1327 para solemnizar la entrada de Alfonso XI en dicha ciudad: «De Córdova vino el Rey á Sevilla, y aunque no consta el día de su entrada, estava en ella á 10 de julio, y fué recibido con la solemnidad que pondera su crónica. Grandes fueron las galas, máscaras, representaciones, arcos triunfales, fiestas de á pié y á cavallo, juegos que llamavan bojordos de espada y lança.» Refiérese en papeles antiguos, que volviendo los Cortesanos á Castilla, en sus exageraciones de esta ostentosa entrada, dieron principio al elogio: «Quien no vió á Sevilla, no vió maravilla;» y al adagio: «A quien Dios quiso bien, en Sevilla le dió de comer.»

[177] Crónica de Alfonso XI, págs. 177 y siguientes; Madrid, 1787.

Ya las Siete Partidas hablan de las obligaciones de los caballeros de tal suerte, que nos hacen acordarnos de Amadís ó de Palmerín de Inglaterra. El caballero debe usar vestidos limpios y brillantes, y en las ciudades largo manto que los envuelva, para inspirar al pueblo mayor respeto. Su buen caballo se ha de distinguir por su belleza y por sus ricos arreos. Debe vivir morigeradamente, y evitar los placeres afeminados é indignos de su sexo. Mientras coma ha de oir la relación de las hazañas de los tiempos pasados, para imitarlas, é invocar en las batallas el nombre de su dama para acrecer el vigor de su alma, y abstenerse de toda acción que pueda deshonrarlo. (V. la Part. II, tít. XXI.)—Despréndese de muchos pasajes de historias y crónicas antiguas, que los caballeros andantes no existieron sólo en España en la imaginación de los romanceros. Fernando del Pulgar habla de muchos caballeros, á quienes conocía, que fueron á paises lejanos en busca de aventuras y de gloriosos hechos de armas, y después añade: «E oí decir de otros castellanos, que con ánimo de caballeros fueron por los reynos extraños, á facer armas con cualquier caballero que quisiese facerlas con ellos, é por ellas ganaron honra para sí, é fama de valientes y esforzados caballeros para los fijosdalgo de Castilla.» (Pulgar, Claros varones, tít. XVII.)—En las Paston letters se cuenta, que, en la corte de Enrique IV de Inglaterra apareció un caballero español with a kercheff of Plesaunce iwrapped aboute hys arms, the gwych knigt wyll renne a course wyth a sharpe spere for his son eyn lady sake. (Con una capa de Plasencia alrededor de sus brazos, el cual caballero quería romper á la carrera una afilada lanza por amor á la señora de su hijo)—(T. del T.)—Monstrelet refiere las aventuras de un bravo castellano, que llegó á la corte de Borgoña para ganar gloria y renombre, y se hizo admirar por su insólita osadía. (Chroniques; París, 1595, II, pág. 109.)

[178] V. á Sánchez, ed. de París, pág. 418.

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