«Nace amor como planta
En el corazón;
El cariño la riega,
La seca el rigor.
Y si se arraiga,
Se arranca al apartarle
Parte del alma.
Pensamiento que vuelas
Más que las aves,
Llévale ese suspiro
A quien tú sabes;
Y dile á mi amor
Que tengo su retrato
En mi corazón.
A la rama más alta
De tu amor subí;
Vino un aire contrario
Y al suelo caí;
Que esto sucede
Al que en alas de cera
Al sol se atreve.»
[44] V. las Poesías de D. Alberto Lista, primero que las ha compuesto.
[45] Memorias de la Academia de la Historia, tomo VI, ilustr. 5.ª—Prescott, History of the reign of Ferdinand and Isabella, tomo III, pág. 484.
[46] Campomanes, Discurso sobre la educación popular de los artesanos, tomo II, pág. 472.—Bernardo Ward, Proyecto económico sobre la población de España, tomo II, cap. 3.º—L. Marineo, Cosas memorables: Alcalá, 1539, págs. 11 y 19.—Navagiero, Viaggio fatto in Spagna et in Francia: Vinegia, 1563, fols. 26 y 35.
[47] Campomanes, II, 140.—Pragmáticas del reino, fol. 146.—Turner, History of England, vol. IV, pág. 90.
[48] V. el Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las bellas artes en España, por J. A. Ceán Bermúdez: Madrid, 1800.
[49] Ad Franciscum Vergaram (1527): Hispania vestra quum semper et regionis amœnitate fertilitateque, semper ingeniorum eminentium ubere proventu, semper bellica laude floruerit, quid desiderari poterat ad summam felicitatem, ut nisi studiorum et eruditionis adjungeret ornamenta, quibus aspirante Deo paucis annis sic effloruit, ut cœteris regionibus quamlibet hoc decorum genere, prœcellentibus vel invidiœ queat esse vel exemplo.—A Francisco Vergara: de tal manera floreció siempre vuestra España por la amenidad y fertilidad de su suelo, por la fecundidad y abundancia de sus ingenios eminentes y por sus glorias bélicas, que sólo le faltaba, para alcanzar la suprema felicidad, añadir á esos timbres los de las ciencias y las letras, en las cuales ha adelantado de tal suerte, con ayuda de Dios, que á todas las demás regiones, notables en este sentido por sus progresos, puede servir ya de envidia ó de ejemplo.—(T. del T.)—Erasmi, epístola, página 977. V. también la pág. 755.
[50] Memorias de la Academia de la Historia, tomo VI, ilustr. 16.—Lampillas, Letteratura Spagnuola, tomo II, págs. 382 y siguientes y 792 y siguientes.—Marineo, Cosas memorables, fol. 11.—Semanario erudito, tomo XVIII.
[51] Clemencín, Elogio de la reina Isabel.—Méndez, Typografía española, págs. 35 y siguientes.
[52] Merece observarse que las absurdas creencias en encantamientos, que tan extendidas estuvieron en Alemania, Inglaterra y Francia hasta hace poco, no se admitieron generalmente en España, mirada de ordinario como patria de toda superstición. En la época, en que se quemaban á millares hechiceros alemanes y era un delito dudar siquiera de los pactos con el diablo, se burlaban los españoles de estas cosas, mirándolas como delirios y engaños de la plebe. Véase el Coloquio de los perros y el Licenciado Vidriera, de Cervantes, y las comedias de Lope de Vega y de Agustín de Salazar, tituladas El caballero de Olmedo y La segunda Celestina. En la primera se dice así: