«No creo en hechicerías,
Que todas son vanidades:
Quien concierta voluntades
Son méritos y porfías.»
Y en la última se lee la siguiente:
«Pues, Tacón, así son toda;
Y no que tengan te asombres
Con los necios opinión,
Porque las brujas lo son
Porque son tontos los hombres.»
[53] Jovellanos, Memorias sobre las diversiones públicas, pág. 36.—Navarrete, Vida de Cervantes, págs. 113 y 456.
[54] Dice así Lope de Vega en el tomo XV de sus Comedias, en la dedicatoria á D. Rodrigo de Tapia, caballero de Santiago, de la titulada El ingrato arrepentido: «Las acciones de una plaza no son inferiores á las justas y torneos de á caballo, antes bien de más gallarda osadía, por la ferocidad del enemigo; que un caballero que en una justa acomete armado á su contrario, si bien lleva el peligro, de quien fué lastimoso ejemplo el rey de Francia, y se celebra con razón la censura de aquel hermano del turco que dijo que para veras era poco y para burlas mucho, no le tiene tan grande como esperando un toro: la destreza, ánimo y valentía con que vuestra merced acometió y rindió la fiereza del más bravo que ha visto el Tajo ni creado Jarama en sus riberas pareció á los ojos de S. M., de SS. AA. y de toda esta corte una acción digna de tales años, de tales ascendientes y de tales obligaciones que, acompañado de tales galas, me obligó aquel mismo día á provocar las musas, con envidia de otras plumas», etc.
[55] Mariana, De rebus hispanicis, lib. XI, caps. 13 y 14.—Andrés Mendo, De ordinibus equestribus.—Caro de Torres, Historia de las órdenes militares de Santiago, Calatrava y Alcántara: Madrid, 1629.
[56] Calderón, por ejemplo, se inspiró en El Caballero del Febo para escribir su Castillo de Lindabridis; en el Fierabrás, para componer su Puente de Mantible; Montalván, en El Palmerín de Otiva, para escribir su comedia de igual título, etc.
[57] Séanos lícito aludir aquí, de paso, á un arte que llegó en España á grande altura, y de la cual apenas tratan los historiadores que han escrito hasta ahora de este punto. Hablamos de la escultura de color en madera, que produjo innumerables obras en toda la Península, y principalmente en las provincias meridionales. Las mejores son del siglo xvii, en que florecieron muchos insignes maestros, como Montañés, Alonso Cano, Bernardo de Mora, y Pedro y Alonso de Mena. Obras maestras de esta especie, tan notables por la perfección de su escultura como por su color puro y de buen gusto, se hallan en Sevilla (en el hospital de la Caridad, la Cartuja, etc.), y en Granada (en San Jerónimo y en el nuevo Museo provincial).
[58] V. la memoria histórica de D. José de Castro y Orozco, titulada Bellas Artes de Granada: Granada, 1839, pág. 37, y á Ceán Bermúdez, Diccionario histórico, etc., passim.
[59] Hállanse excelentes composiciones líricas de esta especie de poesía antigua española, tan común como bella, en La Floresta, de Böhl de Faber.