Carlino.—¿Me ha alcanzado? ¡Cielos, qué temblor el mío!
Héctor.—Me doy por vencido. ¡Perdón!
Carlino.—Según parece, también tiene miedo.
Mysón. (La criada abrazando á Héctor.)—Si no nos entregas ahora mismo todos tus papeles y tu persona, sentirás todo el peso de la cólera de Aquiles.
Carlino.—¡Sujétalo bien, Mysón!... ¡Ah, bellaco; ahora verás quién soy! ¡Muerte y asesinato!
Héctor.—¡Misericordia, héroe invencible! ¡Si me lo mandas, abrazaré tus rodillas!
Carlino.—¡No me toques; no pienso en eso ni lo deseo!
Héctor.—Ahí tenéis cuanto pedís.
Razonte.—Angélica. ¡Oh dichoso instante!
Carlino. (Dando sablazos de plano á Héctor.)—Yo te perdono; enmiéndate en lo sucesivo, pero recibe esta amonestación cariñosa.