Los asuntos, á que hubo de atender en el desempeño de su cargo monacal, no le impidieron escribir numerosas obras literarias; pero su fecundidad fué mucho mayor en el género dramático, y en esa parte sólo conoce por rival á Lope de Vega. Ya en el año 1621[68] había compuesto 300, y sin duda no permaneció ocioso en los restantes veintisiete años de su vida, aunque proporcionalmente sólo pocas hayan llegado hasta nosotros. La colección de sus comedias comprende 59, si bien sólo 51, como después veremos, son realmente suyas; hay otras 14 sueltas y tres en Los Cigarrales de Toledo; además poseemos algunos entremeses y autos sacramentales de su pluma[69]. Sin embargo, si se hicieran investigaciones minuciosas, se encontrarían de seguro algunas obras suyas que se tienen por perdidas, ya manuscritas, ya en impresiones antiguas, y la recompensa valdría sin disputa el trabajo empleado en buscarlas.

Pero antes de examinar detenidamente las obras poéticas de Tirso, copiaremos aquí algunos párrafos de sus Cigarrales de Toledo, en los cuales defiende una de sus comedias (El vergonzoso en Palacio), y expone con esta ocasión todo su sistema dramático. Supone que esa comedia se ha representado ante una sociedad poco numerosa. Al terminar la representación, los espectadores se comunican sus ideas y los juicios que han formado de la obra.

Los párrafos citados dicen lo siguiente:

«Con la apacible suspension de la referida comedia, la propiedad de los recitantes, las galas de las personas y la diversidad de sucesos, se les hizo el tiempo tan corto, que con haberse gastado cerca de tres horas, no hallaron otra falta, sino la brevedad de su discurso. Esto, en los oyentes desapasionados, y que asistían allí, más para recrear el alma con el poético entretenimiento, que para censurarle. Que los zánganos de la miel, que ellos no saben labrar, y hurtan á las artificiosas abejas, no pudieron dexar de hacer de las suyas, y con murmuradores cencerros picar en los deleitosos panales del ingenio. Quién dixo que era demasiadamente larga, y quién impropria. Pedante hubo historial, que afirmó merecer castigo el poeta, que contra la verdad de los anales portugueses, avía hecho pastor al Duque de Coimbra Don Pedro: siendo así que murió en una batalla, que el Rey D. Alonso su sobrino le dió, sin que le quedasse hijo sucessor, en ofensa de la casa de Avero, y su gran Duque, cuyas hijas pintó tan desembueltas, que contra las leyes de su honestidad, hicieron teatro de su poco recato la inmunidad de su jardin, como si la licencia de Apolo se estrechasse á la recoleccion histórica, y pudiese fabricar sobre cimientos de personas verdaderas, arquitecturas del ingenio fingidas. No faltaron protectores del ausente Poeta, que volviendo por su honra, concluyessen los argumentos Zoylos (si pueden entendimientos contumaces, Narcisos de sus mismos pareceres y descritos mas por las censuras que dan en los trabajos agenos, que por lo que se desvela en los propios convencerle). Entre los muchos desaciertos (dixo un presumido natural de Toledo, que le negara la filiacion de buena gana, sino fuera porque entre tantos hijos sabios y bien intencionados que ilustran su benigno clima no era mucho saliese un aborto malicioso) el que me acaba la paciencia es ver quan licenciosamente salió el Poeta de los límites y leyes, con que los primeros inventores de la comedia dieron ingenioso principio á este poema, pues siendo así que este ha de ser una accion cuyo principio medio y fin acaezca lo más largo en veinte y quatro horas sin movernos de un lugar, nos ha encaxado mes y medio por lo menos de sucessos amorosos. Pues aun en este término parece imposible pudiesse disponerse una dama ilustre y discreta á querer tan ciegamente á un pastor, hacerle su secretario, declararle por enigmas su voluntad y ultimamente arriesgar su fama á la arrojada determinacion de un hombre tan humilde, que en la opinion de entrambos, el mayor blason de su linage eran unas abarcas, su solar una cabaña, y sus vasallos un pobre hato de cabras y bueyes.

»Dejo de impugnar la ignorancia de Doña Serafina pintada en lo demas tan avisada, que enamorandose de su mismo retrato sin más certidumbre de su original, que lo que don Antonio la dixo, se dispusiesse á una baxeza indigna aun de la mas plebeya hermosura, como fue admitir escusas, á quien pudiera con la luz de una vela dexar castigado y corrido. Fuera de que no se yo porque ha de tener nombre de Comedia, la que introduze sus personas entre Duques y Condes, siendo asi que las que más graves se permiten semejantes acciones, no pasan de Ciudadanos, Patricios y damas de mediana condicion.

»Iva á proseguir el malicioso arguyente, quando atajandole don Alexo le respondio. Poca razon aveis tenido, pues, fuera de la obligacion en que pone la cortesia, á no dezir mal el combidado de los platos que le ponen delante, por mal sazonados que esten en menosprecio del que combida. La Comedia presente ha guardado las leyes de lo que aora se usa: y á mi parecer (conformandome de los que sin pasion sienten) el lugar que merecen las que aora se representan en nuestra España comparadas con las antiguas, les haze conocidas ventajas, aunque vayan contra el instituto primero de sus inventores. Porque si aquellos establecieron que una comedia no representasse, sino la accion que moralmente puede suceder en veinte y quatro horas, quanto mayor inconveniente sera, que en tan breve tiempo un galan discreto se enamore de una dama cuerda, la solicite, regale, y festege, y que sin passarse un dia, la obligue y disponga de suerte sus amores, que començando á pretenderla por la mañana, se case con ella á la noche? Que lugar tiene para fundar zelos, encarecer desesperaciones, consolarse con esperanças y pintar los demas afectos y accidentes, sin los cuales el amor no es de ninguna estima? Ni como se podra preciar un amante de firme y leal, si no passan algunos dias, meses y aun años, en que le haga prueva de su constancia? Estos inconvenientes, mayores son en el juyzio de qualquier mediano entendimiento que el que se sigue, de que los oyentes sin levantarse de un lugar, vean, y oygan cosas sucedidas en muchos dias: pues ansi como el que lee una historia en breves planas, sin passar muchas horas, se informa de casos sucedidos en largos tiempos y distintos lugares, la comedia, que es una imagen y representacion de su argumento, es fuerza que quando le toma de los sucessos de dos amantes retrate al vivo lo que les pudo acaecer, y no siendo esto verisimil en un dia, tiene obligacion de fingir passan los necessarios para que la tal accion sea perfeta que no en vano se llamo la Poesia pintura viva, pues imitando a la muerta está en el breve espacio de vara y media de lienço pintado lexos, y distancias que persuaden á la vista á lo que significa, y no es justo que se niegue la licencia que conceden al pincel, á la pluma, siendo esta tanto mas significativa que essotro quanto se dexa mejor entender el que habla articulando silabas en nuestro idioma, que el que siendo mudo explica por señas sus conceptos. Y si me arguis que á los primeros inventores devemos los que professamos sus facultades, guardar sus preceptos, pena de ser tenidos por ambiciosos y poco agradecidos á la luz que nos dieron para proseguir sus habilidades, os respondo que aunque á los tales se les deve la veneracion de aver salido con la dificultad que tienen todas las cosas en sus principios, con todo esso es cierto, que añadiendo perfecciones á su invencion (cosa puesto que facil, necesaria) es fuerza que quedandose la sustancia en pie, se muden los accidentes, mejorandolos con la experiencia. Bueno seria que por que el primero musico saco de la consonancia de los martillos en la yunque, la diferencia de los agudos y graves y la armonia mussica, huviessen los que agora la professan de andar cargados de los instrumentos de Vulcano, y mereciessen castigo en vez de alabança, los que á la harpa fueron añadiendo cuerdas y vituperando lo superfluo é inutil de la antiguedad la dexaron en la perfeccion que agora vemos. Esta diferencia ay de la naturaleza al arte que lo que aquella desde su creacion constituyó no se puede variar, y asi siempre el peral produzira peras, y la encina su grossero fruto y con todo esto la diversidad del terruño y la diferente influencia del cielo y clima á que están sugetos, las saca muchas vezes de su misma especie y casi constituye en otras diversas. Pues si hemos de dar credito á Antonio de Lebrixa en el prologo de su vocabulario, no crio Dios al principio del mundo, sino una sola especie de melones, de quien han salido tantas y entre si tan diversas como se ve en las calabaças pepinos y cohombros, que todos tuvieron en sus principios una misma produccion, fuera de que ya que no en todo pueda variar estas cosas el hortelano, á lo menos en parte (mediando la industria del ingerir) de dos diversas especies compone una tercera, como se ve en el durazno que engerto en el membrillo produce el melocoton, en que hazen parentesco lo dorado y agrio de lo uno con lo dulce y encarnado de lo otro.»

El pasaje copiado contiene, sin duda alguna, la apología más ingeniosa y elocuente del teatro nacional, que en España, en donde la práctica ha sido tan superior á la teoría, reinó como soberano, y al mismo tiempo una réplica satisfactoria á los ataques de Figueroa, de Villegas y de otros clásicos.

Dejemos ahora los principios teóricos de Tirso, y ocupémonos en el examen de sus obras dramáticas. Ya hemos dicho, que, de éstas, ni aun la cuarta parte se conserva. Pero si bien es de deplorar que hayan desaparecido tantas obras de un poeta tan distinguido como éste, sin embargo, en las que nos quedan encontramos bellezas de primer orden, que exceden en mucho á las de otros poetas famosos inferiores, y sobradas, no obstante, para que nos llene de admiración su inventiva inagotable; y es tal su fecundidad y son tan distintas unas de otras, que clasificarlas y caracterizarlas es ya por sí trabajo arduo. Tirso es como un encantador, que sabe tomar las formas más opuestas. Cuando creemos conocer perfectamente los rasgos de su fisonomía, nos muestra en seguida otros completamente diversos. Son tan ricos los brillantes colores de su poesía, que se burlan de todos los esfuerzos posibles para expresarlos y reproducirlos debidamente. No es menor, por tanto, la tarea que ha de proponerse el crítico, porque hasta sus faltas aisladas, que no se puede menos de conocer y confesar, se hallan revestidas de tan deslumbrador colorido poético, que se necesita hacer verdaderos prodigios de calma y reflexión para no hablar de ellos como lo haríamos cuando nos arrastra ciegamente la admiración más exagerada. El teatro de Tirso se puede comparar á esos países maravillosos que describen los poetas románticos, en donde las brisas más perfumadas y la música más atractiva encadenan el corazón y los sentidos del caminante; en donde millares de sendas que se cruzan, le llevan ya á jardines soberbios, ya á valles risueños, ya á abismos insondables que dan vértigos, al lado de altísimas montañas que se pierden en las nubes; en donde se oyen las voces burlonas de los duendes que salen de las cavernas, y vuelan los genios por el aire, y en donde el brillante cielo de la poesía ilumina con su luz seductora hasta las encrucijadas engañosas y las sendas no holladas. Y, á la verdad, muy frío y sin alma ha de ser el crítico, que no sienta el deseo de abandonarse por completo y sin obstáculo al goce de estas bellas poesías, é insensible ha de ser quien no comprenda, que lo declarado defectuoso por reglas y principios de estereotipia, puede llegar, como parte esencial de un organismo superior y como producción de un genio poético de primer orden, á una excelencia relativa.

Intentemos, sin embargo, dar una idea clara del fondo y de la forma de estas obras originales, mencionando y examinando las más perfectas; guardémonos, no obstante, de aplicarles la terminología usada en tales casos, porque hasta para enumerarlas sería inservible. La mayor parte de las obras de Tirso pertenecen al género cómico, y aunque algunas pudieran clasificarse entre las comedias de intriga, no se encuentra para otras nombre alguno adecuado, á no ser que se apliquen tantos diversos cuantas son ellas. El general de comedia, por esa misma generalidad, puede bastar para el objeto. Estas comedias son las más seductoras que se han escrito jamás; pero el que sólo conoce lo que entre nosotros se distingue con ese nombre, con mucha dificultad podrá formar una idea completa de las de Tirso, siendo tan inmenso el abismo que las separa.

Aunque todas las comedias españolas de aquella época se parezcan en su forma exterior; aunque sean comunes á todas ciertos giros y expresiones, las bellezas y el ingenio en su objeto y desarrollo, su brillante manera de exponer y su lenguaje poético, y que las de Tirso de Molina, en todas estas cualidades, y más en las últimas, sobresalgan singularmente, su genio es tan original, que ha impreso en ellas hasta en su forma externa un sello especial, que las distingue de todas por completo. Llama la atención, desde luego, su inimitable maestría en cuanto se refiere á la dicción y versificación. Ningún otro poeta ha conocido y manejado su lengua con tanto brío y desenvoltura; Tirso hace de ella lo que pudiera hacerse de una tela, con la cual se revistiesen las formas demás extrañas; juega, sin ser frívolo, bajo todas sus formas y combinaciones; la aplica á expresar bellezas siempre nuevas é inesperadas, y se burla de una manera tan asombrosa de las dificultades de la rima, que parece ser el soberano despótico del magnífico idioma castellano. Aunque el fondo, envuelto en estas soberbias vestiduras, fuese menos rico de lo que es, sería imposible dejar de admirar á ese artista de la palabra, que, dominando siempre y dirigiendo el reino de la harmonía, nos arrastra en las olas de su maravillosa dicción al imperio de una música perpetua y agradable. Y, sin embargo, es siempre natural cuando escribe, y se mantiene siempre libre del culteranismo y de la afectación hinchada, que invadía poco á poco la literatura.