El pretendiente al revés (frisando también en parte con el idilio) desenvuelve con admirable penetración psicológica los misterios de los corazones enamorados. El castigo del pensé que... representa en sus dos partes, de una manera gráfica, la verdad de que la dicha próxima se gasta por la excesiva reflexión, declarándose, al principio de la segunda parte, que la primera había sido recibida con el mayor aplauso, y que había sido puesta en escena en todos los teatros de España, en ciudades, villas y aldeas. Moreto la utilizó en su comedia El parecido en la corte, como le sirvió también para el mismo objeto La entretenida, de Cervantes. En Ventura te dé Dios, hijo, se describen con tanta gracia como verdad los caprichos de la fortuna, al conceder sus dones, y cómo se burla la casualidad de todos los cálculos de la sabiduría humana. Las tituladas Celos con celos se curan y Del enemigo el primer consejo, desenvuelven resortes dramáticos, semejantes á los empleados por Lope en su comedia Milagros del desprecio, y hubieron de servir después á Moreto para el argumento de su célebre El desdén con el desdén. Por el sótano y por el torno y Los balcones de Madrid son modelos inimitables de la comedia de Capa y espada, distinguiéndose también por su gracia picaresca y por la libertad que reina en su intriga amorosa. Pocas obras dramáticas de este género, por su animación y por su vida, podrán compararse á la que lleva el título Desde Toledo á Madrid. Don Baltasar, que pretende á una dama llamada Doña Ana, hiere mortalmente á su rival, y después del combate se refugia en la casa más próxima, y se oculta en una de sus habitaciones más solitarias. Sorpréndelo aquí Doña Mayor, hija del dueño de la casa, enamorándose de ella de tal modo, después de celebrar un breve diálogo con la misma, que se olvida por completo de su primer amor. Sabe que Doña Mayor está prometida á un cierto Don Luis, y que en aquel mismo día, acompañada de él y de sus padres, ha de encaminarse á Madrid para celebrar sus bodas. Don Baltasar, á quien la novia muestra pronto su inclinación amorosa, porque contra su voluntad ha accedido á contraer el enlace propuesto con Don Luis, toma la resolución de disfrazarse de mozo de mulas y entrar en el séquito de su amada. Se da trazas de jugar su papel á la perfección, y regocija á toda la compañía por la mezcla que ofrece de rústica grosería y de agudeza y socarronería algo libertina. A la mula, que lleva á Doña Mayor, arrima un cardo bajo la cola, de suerte que no se puede refrenar, y que el supuesto mozo, corriendo siempre detrás de ella, se encuentra solo en el campo con su amada, y ambos hablan sin obstáculos cuanto les parece. Los demás circunstantes sospechan tan poco la verdad del caso, que llaman en broma á Don Baltasar novio de Doña Mayor; y en la parada que hacen para pasar la noche, y para que parezca menos larga, celebran por burla su boda con la prometida de Don Luis. Éste, como es de suponer, no toma parte en la alegría y carcajadas de los demás. Don Diego, mientras tanto, hermano de la antigua amada de Don Baltasar, sabedor del disfraz de éste, se propone pedirle una satisfacción de su deslealtad. Lo alcanza en la posada, en donde pernoctaban, y le echa en cara su conducta poco caballerosa; Doña Mayor escucha este diálogo, y al oir hablar de los anteriores amoríos de Don Baltasar, dominada por los celos, le acusa del homicidio cometido. Los criados intentan aprisionar á Don Baltasar, pero éste se salva abriéndose camino con su espada. El desenlace de la acción es el siguiente: Doña Mayor rehusa casarse con Don Luis mientras no parezca el fugitivo; Don Diego hace saber que el caballero herido por Don Baltasar no ha muerto, sino que ha recobrado por completo su salud, habiéndose casado ya con Doña Ana; y, por último, se presenta el mismo Don Baltasar, ya no disfrazado, sino en el traje propio de su clase, y pide la mano de Doña Mayor, que se le concede.

Marta la piadosa se acerca más al tipo de la comedia de carácter, propiamente dicha, ofreciéndonos un cuadro perfecto y muy animado de la hipocresía, el primero de esta clase en la literatura moderna, y de un colorido poético infinitamente más rico que las obras famosas de Molière y de Moratín, que tratan el mismo asunto.—Aventúrome ahora también á atribuir á Tirso de Molina una composición dramática, cuyo autor se titula un Ingenio de esta corte en varias impresiones sueltas, y la cual, en el tomo XXXV de las comedias tituladas de Los mejores ingenios de España (Madrid, 1671), se atribuyó á Francisco de Rojas. Se denomina En Madrid y en una casa, y concuerda hasta tal punto con las comedias fidedignas de Tirso en lenguaje, plan y exposición, que, á mi juicio, ha de considerársele como su verdadero autor. Rojas mismo se queja en el prólogo del segundo tomo de su comedias (Madrid, 1645), de que algunas obras dramáticas, no escritas por él, llevan su nombre falsamente, abundando además los ejemplos de otras muchas comedias españolas, cuyos autores supuestos no son los verdaderos, y deduciéndose de estos hechos, que nada prueban las indicaciones de los libreros y de los catálogos de los teatros, cuando se hallan en completa discordancia con las razones que se desprenden de la contextura íntima de estas mismas composiciones. La comedia á que aludimos, es de las mejores que se conocen, distinguiéndose por su enredo, perfectamente trazado; por su complicación, y, á pesar de esto, por su claridad extraordinaria.

Como transición del género cómico á otro más serio y formal, han de considerarse Palabras y plumas (cuyo argumento se funda, al parecer, en la novela del halcón de Boccaccio), y El amor y el amistad, obras ambas que nos seducen por cierto matiz ligero de sentimentalismo que las adorna. La regularidad del plan de la última en nada se asemeja á las demás composiciones de Tirso. Don Guillén, favorito del conde de Barcelona, es dichoso con su amada y con su amigo; pero esta felicidad desaparece en breve con motivo de un diálogo íntimo entre ambos que él escucha, y cuyos motivos ignora, infundiéndole sospechas hasta el extremo de formar el proyecto de averiguar su verdad. El Conde, accediendo á sus ruegos, le retira aparentemente su favor, lo encierra en la cárcel y le confisca todos sus bienes, convenciéndose pronto de la falsedad de sus sospechas, puesto que tanto su amigo como su amada le dan pruebas, en la desgracia, de su afecto y fidelidad.—A la misma categoría pertenecen Privar contra su gusto y El celoso prudente, siendo esta última un drama superior, y en algunos de sus detalles modelo ó fundamento de la tan famosa de Rojas titulada Del Rey abajo ninguno. Esta se diferencia de las anteriores, que hemos citado, por el carácter de su poesía, ya más serio. Como la clasificación de las composiciones dramáticas españolas sólo tiene un valor relativo, la distinción, que puede hacerse entre las de Tirso en cómicas y serias, es también, en general, relativo, y nunca supone una separación completa de ambos elementos. Algunos de los dramas de este poeta son tan diversos por su carácter de los examinados por nosotros hasta ahora, que es necesario clasificarlos en una sección aparte, aun cuando tengan ciertos rasgos fundamentales comunes, que indican evidentemente su parentesco con aquéllos.

Con admiración observamos que el poeta, hasta ahora semejante á una mariposa, que vuela de flor en flor, se transforma en águila de improviso y alza su vuelo hasta las nubes; el Tirso imparcial y burlón desaparece de nuestra vista y se nos presenta como un poeta histórico, que celebra con frases inspiradas los hechos memorables del noble pueblo español, y su estilo, inseguro á veces y del colorido más vario, cobra vigor inusitado á medida que sus pensamientos se subliman. Algunas obras de esta especie pueden calificarse de dramas épicos. Tal es La prudencia en la mujer, una de las obras más notables del teatro español, que describe, con grandes y atrevidas pinceladas, las luchas feroces de los partidos durante la minoría de Fernando IV y el heroísmo de la Reina madre, triunfando de la obstinación de sus rebeldes vasallos. Los dos primeros actos son superiores á todo encarecimiento; no así el tercero, que es algo inferior en mérito. Las hazañas de los Pizarros, en tres partes, nos ofrecen un cuadro de brillantes colores, y por lo general, lleno de vida, de los hechos casi fabulosos de los primeros conquistadores de América; y aunque notemos ciertas exageraciones é imágenes poco correctas, á nuestro juicio, hay que convenir en que son semejantes por su naturaleza á aquellas narraciones maravillosas, que al hablar de los portentos del Nuevo Mundo encontraron en todos crédito; cuentos y patrañas que se sostuvieron mucho tiempo en el público antes que se dudara de su veracidad, como, por ejemplo, la narración de Orellana, la cual se incluye también en este drama, de haber encontrado una república de amazonas á las orillas del Marañón. La fantasía de aquellos conquistadores se exaltó de tal manera con esas imágenes fantásticas y engañosas, que uno de ellos, Manuel Ponce de León, después de hacer grandes preparativos, emprendió una expedición para descubrir las fuentes de la juventud perpetua.

CAPÍTULO XXVII.

Continuación y fin de la crítica particular de las obras dramáticas más notables de Tirso.

I bien el poeta representa las más veces los fenómenos más conocidos de la existencia humana, en su desarrollo y con sus pasiones, é ilumina con la luz de su imaginación las manifestaciones de la vida, considerándolas bajo su aspecto externo, hay, sin embargo, algunos dramas suyos que se distinguen por su filosófica profundidad, y que excitan y conmueven en tanto grado á nuestro corazón y á nuestra inteligencia, como interesan á nuestro espíritu y á nuestra fantasía. En la titulada Escarmientos para el cuerdo, desenvuelve con tanta maestría como ingenio un asunto esencialmente trágico, porque en este poema, lleno de sombras temerosas, nos pinta con una verdad horrible los abismos en que se precipita el crimen, arrastrado por la ligereza y por la pasión, y cómo la justicia divina alcanza al fin al delincuente perverso. Este asunto se desarrolla en ella bajo la forma de una poesía sublime, sobre todo en su desenlace, puesto que el criminal, por su culpa, hace también partícipe de sus males á sus deudos inocentes, llenando este drama de pinceladas tan profundas y verdaderas, que se puede llamar su obra tragedia romántica, única en su especie[70]. Comienza con una suntuosa procesión triunfal, con que se celebran en Goa las victorias ganadas por Don Manuel de Sousa contra muchos príncipes indianos. Don Manuel se nos presenta vestido de rico traje de guerra, siguiéndole su ejército, de gala, y los prisioneros indianos con cadenas. El triunfador refiere sus hazañas en un discurso ostentoso al gobernador de la India, García de Sa, el cual, al contestarle, muestra hacia él la mayor consideración. En la escena inmediata conocemos á Doña María, dama portuguesa que ha ido á la India disfrazada de hombre para buscar á Don Manuel, su antiguo amante, de quien ha tenido un hijo, y que la ha abandonado, llevándose consigo al tierno Dieguito. Se da á conocer al infiel, y lo conmueve de tal modo probándole su amor y su fidelidad, que él, atormentado por los remordimientos de su conciencia, cae arrepentido á sus pies, le pide perdón y le jura amar sólo á ella en lo sucesivo. El amante pide al cielo venganza si falta después á sus promesas: