Fencis. Qué deshecho terremoto...
Irene.. Qué fantástica quimera
Rey.. A estos puertos,
Licanor. A estos montes,
Fencis. ¿Te trae?
Irene. ¿Te arroja?
Rey. ¿Te echa?
(Cadenas del demonio.—Jornada primera.)
[78] Esta especie de diálogo es tan raro y poco común, que para comprenderlo bien conviene citar un ejemplo. Elegimos uno de la tercera jornada de Amar después de la muerte. Don Alvaro y Clara hablan cada uno para sí de este modo:
Clara. No es menester que digáis
Cuyas son mis alegrías,