Juan de Zavaleta, cronista de Felipe IV, que se quedó ciego en 1654, además de algunas obras en prosa (Obras en prosa: Madrid, 1667, en 4.º), compuso también muchas comedias, ya solo, ya en unión con otros. El que desee conocer los títulos de las más célebres, puede consultar el catálogo de las grandes colecciones de comedias españolas que sirve de apéndice á este tomo. Lo mismo decimos respecto á los demás poetas dramáticos de que tratamos ahora.
Román Montero de Espinosa, capitán de tropas españolas en Flandes, en 1656 en Lombardía, nombrado en 1660 caballero de la Orden de Alcántara.
Ambrosio de Arce, ó con su nombre completo Ambrosio de los Reyes Arce, muerto en 1661 en lo mejor de sus años.
Gabriel Bocangel y Unzueta, natural de Madrid, bibliotecario del infante D. Fernando de Austria, que falleció en 1658.
Juan Vélez de Guevara, hijo de Luis Vélez de Guevara, mencionado ya en el tomo anterior, nacido en 1611, muerto en 1675, primero al servicio del duque de Veragua, después oidor de la Audiencia de Sevilla, siguió la misma carrera de su padre, pero con menor éxito. Publicó diversas comedias, y además un tomo de entremeses: Madrid, 1664.
De Antonio Manuel del Campo hay, entre otros, un drama alegórico singular, titulado El vencimiento de Turno, en el cual Eneas personifica á Jesucristo, Turno al demonio y Lavinia al alma. Hay otra comedia, muy superior á ésta, del mismo autor, Los desdichados dichosos, en la cual, con el arte profundo de Calderón, y á la manera de éste, se dramatiza la leyenda de la fundación del monasterio de Montserrat, que se refiere en el libro antiguo popular: Historia de Nuestra Señora de Montserrat y condes de Barcelona, con los sucesos de la infanta Ritilda y el ermitaño Fr. Juan Guarín.
Cristóbal de Morales escribió una segunda parte de la comedia anterior con el título de La estrella de Montserrat, conservándose también diversas comedias suyas, principalmente religiosas.
Jacinto Cordero, llamado generalmente el Alférez, que según parece escribía ya para el teatro á principio de este período, por cuya razón debió acaso ser nombrado en el tomo anterior. Un volumen de comedias suyas hubo de publicarse en Valencia. La única que conocemos, El hijo de las batallas, adolece de poco gusto, aunque demuestra que su imaginación era grande, aunque extraviada[45].
De Juan Bautista Villegas existe, entre otras, una titulada El sol á media noche y las estrellas á medio día, atribuída por Pellicer, no se sabe cómo, al otro Villegas más antiguo mencionado en el Viaje entretenido, de Agustín de Rojas. Su argumento está sacado de los Evangelios: comienza con la Anunciación y termina con la Adoración de los Reyes.
Entre los dramas que escribió Antonio Martínez, ya solo, ya en compañía de otros poetas, merece indicación especial El arca de Noé, porque demuestra la osadía inaudita con que dramatizaban los españoles los asuntos más rebeldes, tratándose en ésta nada menos que de la historia completa del pecado original. En ella escribió también.