Escasas son las indicaciones que podemos añadir acerca de la influencia, que tuvo el teatro español en el inglés y el alemán. Ya dijimos en el tomo II, pág. 170, que la compañía de Juan Navarro representó en la corte de Carlos I, y en el mismo lugar de nuestra obra hicimos mención también de algunos dramas ingleses del reinado de Carlos II, imitaciones de otros españoles. Este Monarca conocía el teatro español y lo apreciaba, y, por indicación particular suya, el poeta cómico Crown arregló para la escena inglesa la comedia de Moreto No puede ser..., con el título de Sir Courtly Nice or It cannot be. En el Essay on dramatic poetry, de Dryden, se habla de traducciones de dramas españoles, representados en Londres, y las composiciones dramáticas de este mismo poeta ofrecen señales indudables de que su autor había leído las de Lope y Calderón. Después el teatro español fué menos conocido en Inglaterra, por ser esta nación más extraña cada día á la Península española, y de aquí que la única comedia de esta especie del siglo XVII, que ha llegado á nuestra noticia, sea The king and the miller of Mansfield, de Dodsley, que es una imitación de El villano en su rincón, de Matos Fragoso. El francés Sedaine, en la ópera cómica Le roy et le fermier, y Collet, en la Partie de chasse de Henri XIV, tuvieron á la vista esta comedia inglesa, ignorando que era una copia de poco mérito de su modelo español. Este mismo Dodsley conocía tan poco el teatro español, que en su Collection of old plays, la comedia copiada que se titula Elvira or the worst not always true y The Adventures of five hours, aparecen como originales ingleses, siendo sus modelos españoles, y de los más conocidos y populares, y estando además insertos en el Theâtre espagnol de Linguet[65].
Es de presumir, aunque no haya pruebas claras que lo demuestren, que Alemania conocía en el siglo XVII las comedias españolas, porque esto es lo natural á causa de los diversos lazos que la unieron con España y los Países Bajos. Uno de estos testimonios notables, de que habla Tieck en el prólogo á su teatro alemán, es el que ofrece un poeta también alemán, traductor de El Cid, de Corneille, prometiendo hacer otra traducción de La fuerza lastimosa, de Lope de Vega, y dando á entender que era entonces muy leída en Alemania. Fáltame un conocimiento bastante exacto de la literatura dramática de esta época, para indicar con su nombre las comedias que pasaron á nosotros de los españoles; pero ha de recordarse, en particular, que las llamadas Haupt-und Staatsactionen, que estuvieron muy en boga, principalmente por obra del maestro Veltheim, hombre muy familiarizado con las lenguas modernas, utilizaron mucho las invenciones españolas, declarando Flögel, con referencia á otro autor más antiguo, que estas Actionen eran generalmente malas traducciones del español. A fines del siglo XVII, los españoles eran casi desconocidos en Alemania, y Morhof, en su Polyhistor (1688), sólo nombra á Lope de Vega entre todos los poetas castellanos, dando á entender, en sus observaciones acerca del mismo, que habla sólo de oídas. Copia primero la alabanza, escrita en su loor por D. Nicolás Antonio; menciona luego el nuevo arte de hacer comedias, y prosigue de este modo: «Es cosa de ver que el populacho fuese el verdadero y mejor juez de la comedia; y si hubiera de considerarse como mérito del poeta no hacer caso alguno de reglas, y confundir lo más alto y lo más bajo por obtener los aplausos del vulgo, y que no fuese defecto no hacer diferencia alguna entre el zueco y el coturno, ó entre la comedia y la tragedia. Sin embargo, no me propongo menoscabar en lo más mínimo la fama de Lope, ni creo tampoco que hubiese hecho lo que se le atribuye por congraciarse con el público, sino antes bien pienso que es muy superior á todos los demás poetas españoles, y que no sin razón ha sido también celebrado por los extranjeros.» Los contados arreglos de dramas españoles, que se representaron en la escena alemana durante el siglo XVIII, no provenían ya directamente de los originales, sino de traducciones francesas é italianas, como la que se representó en el año de 1760, titulada Das menschliche Leben ist Traum, de M. J. F. Scharfenstein, y la que apareció pocos años después, Sigismund und Lophronie, oder Grausamkeit aus Aberglauben, de Bertrand, también de La vida es sueño. Los extractos de Linguet traducidos al alemán en Brunswik, fueron explotados con frecuencia por los escritores dramáticos alemanes, y tal es el origen de Amtmann Graumann und die Soldaten, de Schröder, de El alcalde de Zalamea, teniendo el mismo origen, ó de Collot d'Herbois, las Begebenheinten auf dem Marsch, de Stephani.
La unmögliche Sache, de Schröder, es un arreglo de la comedia inglesa de Crown, siendo singular que esta misma pieza (de No puede ser, de Moreto, arreglo á su vez de El mayor imposible, de Lope), pasó también de Francia á Alemania con el título de Die offene Fehde, de la Guerre ouverte, de Dumaniant. Por más superficiales é incoloras que sean estas imitaciones alemanas, obtuvieron, sin embargo, grandes aplausos, probando así el mérito indisputable de los originales, que ni aun con tan malos arreglos pudo debilitarse. A Lessing corresponde de derecho la gloria de haber llamado la atención hacia estos modelos, y de haberlos estimado dignamente; pero su conocimiento del teatro español, por falta de medios auxiliares, era sólo limitado, y no obstante celebra las invenciones originales de las pocas comedias que llegaron á su noticia (como, por ejemplo, El conde de Sex), su ingeniosa traza, sus caracteres bien desarrollados y constantes, y la alteza de la expresión. Casi al mismo tiempo Cronegk, en un breve artículo de la primera parte de sus obras, y Dieze, en sus observaciones á Velázquez, insistieron también en lo mucho que valía la literatura dramática española, á pesar del abandono en que estaba largo tiempo antes, y de la injusticia con que, en ocasiones, se le había tratado. Por último, en el prólogo de esta obra hablamos también de la influencia, que ha tenido en el teatro y en la literatura alemana el trabajo de la misma índole, hecho por Schlegel y otros autores.
CUARTO PERÍODO.
DECADENCIA DEL TEATRO ESPAÑOL EN EL SIGLO XVIII.
IRRUPCIÓN Y PREDOMINIO DEL GUSTO FRANCÉS.
ÚLTIMOS ESFUERZOS.