APÉNDICES.

APÉNDICE
AL CAPÍTULO V DEL TOMO I.

GIL VICENTE.

A biografía, que precede á la nueva edición de sus obras, no ofrece noticias nuevas importantes acerca de la vida de este poeta portugués, pero también de mucha valía en la literatura castellana; y, por consiguiente, trataremos á continuación de sus composiciones dramáticas.

Las églogas religiosas de Gil Vicente, que fueron sus primeros trabajos, son imitaciones de Juan de la Encina, como observaron ya sus coetáneos: algunos pasajes y algunas escenas, señaladas por Barreto y Monteiro, no dejan sobre este punto la menor duda; pero también es cierto que estos primeros ensayos del portugués se distinguen de los del español en que están inspirados por una poesía más viva, y porque constituyen un paso más á la acción dramática, propiamente dicha. El auto de Los cuatro tiempos merece, sobre todo, nuestra atención, porque en él, aunque sólo en esbozo, se ven ya los rasgos fundamentales de los autos posteriores. Las diversas estaciones del año se ofrecen como representantes de la división peculiar de las cosas terrestres, de la ciega discordia, que se bosqueja en el mundo de los fenómenos, y al fin aparece Dios, hecho hombre, como principio de la conciliación y del amor, á quien han de rendir homenaje todos los poderes, que en el mundo luchan entre sí, y evocándose también á la antigua mitología para celebrar el cristianismo.

Por lo que hace al mayor número de personajes, y á la mayor riqueza de la fábula de las obras religiosas de espectáculo de Gil Vicente, los nuevos editores portugueses de este poeta han echado á volar la especie, aunque sólo como sospecha, de que deben provenir del conocimiento de este autor de los misterios franceses. Fúndanse, para justificar esta presunción, en que Lucifer se llama en los últimos prince des diables y procureur des enfers y en las primeras mayoral do inferno y meirinho da corte infernal. A nuestro juicio, sin embargo, esa circunstancia, ó más bien dicho, esa concomitancia insignificante, no autoriza de ningún modo á deducir la consecuencia que sacan los editores, porque esas denominaciones, como otras, son peculiares, en general, del círculo de ideas dominantes de la Edad Media, no habiendo necesidad ninguna de que, para aplicarse, pasaran de unos pueblos á otros. Nuestra persuasión, por tanto, de no haberse ajustado el portugués á otros escritos semejantes, indígenas de la Península transpirenáica, es ahora la misma que antes.

Para formar una idea de estos autos, haremos un extracto del argumento del que lleva por título Mofina Méndez. Comienza con un largo sermón de un fraile, citando muchos autores, entre otros, á Boetius, de Consolatione; á San Agustín, de Angelorum Choris, y á San Remigio, de Dignitate Sacerdotum. «Estos hombres doctos, dice, me mandan venir á este santo anfiteatro para anunciar los personajes que saldrán en seguida; la obra que veréis, se titula Los misterios de la Virgen