Pero en todos tiempos siempre ha andado corrompida la verdad por los historiadores, unas veces siendo guiados de la mayor ignorancia, i otras de la adulacion ó del miedo. ¡Cuánto no han loado el celo católico de Fernando V por esterminar á los judíos que con apariencias de cristianos moraban en sus dominios, como si este monarca hubiese llevado por norte en todas sus acciones el acrecentamiento de la fe! ¡Cuánto no han encarecido el haberse apoderado (tan contra razon i derecho) del reino de Navarra (cismático entonces) poniendo en las nubes esta hazaña del Rei Católico, i derramando la voz de que fué dirigida con solo el propósito de mantener en la Península la unidad de la religion! ¡Oh mezquinos mortales! qué flaco es vuestro entendimiento i cuán fácil para el engaño! Lo que fué obra de la codicia i contra la misma piedad cristiana, anda pregonado por vuestras lenguas como servicio hecho á Dios! Lo que fué ambicion de aumentar señoríos á la corona, es llamado por vosotros celo del aumento de la religion!
Don Diego Hurtado de Mendoza, historiador de la guerra de Granada, hecha por el rei Felipe II contra los moriscos sus rebeldes, i uno de los mas sabios políticos no solo de aquellos tiempos, sino de todos, dice en un memorial dado al emperador Cárlos V[68]: «Claro está que si uno tiene dentro de un señorío ó cerca de él una tierra por la que puede recibir daño aquella provincia, justamente le puede quitar el señor de ella la entrada, i darle la equivalencia en otra parte donde pueda estar sin sospecha. I la mas justa causa que los Reyes Católicos juzgaron para tomar á Navarra, fué el daño que por aquella parte pudiera recibir toda España como hizo el rei de Francia en tomar á Borgoña que es la llave de su reino.... Entre los hombres doctos esto se tuvo entonces por mejor derecho que el de la aprobacion é investidura por el cisma.»
De esta suerte cubria su ambicion i avaricia Fernando V con la capa de la piedad cristiana, i de esta suerte engañaba á mucha parte del mundo. Pero la verdad por mas que quieran ocultarla á los ojos de todos los mortales el interés i la conveniencia de los malos, al fin viene á derramar sus luces i á desvanecer las nieblas de la mentira, aunque haya esta logrado prevalecer mucho tiempo sobre ella, i tenga ciegos los entendimientos humanos, siempre bien hallados en la ignorancia i constantes amigos de las vulgaridades.
Yo estoi persuadido que con este modo de discurrir acerca del rei Fernando V i de los inquisidores, atraigo sobre mí el odio de muchas personas que me acusarán neciamente de mal español, tan solo porque no dejo llevar mi pluma en pos de los errores que hasta ahora han manchado la historia de nuestra patria. Pero pregunto á los que me tachen de mal español porque hablo mal de malos españoles, ¿los míseros judíos que por sus desdichas desde el año 70 de la era cristiana estaban avecindados en estas tierras, no eran españoles tambien como nosotros? El ser de diversa religion que los reyes i la mayor parte del pueblo, les podia quitar la patria? Para que hablemos en favor de ellos, no tienen cuando no el título de españoles, el de hombres, i aun mas que el de hombres i el de españoles, el de desdichados? Cómo, pues, he de loar por acciones cristianas la codicia i los latrocinios? Esto seria canonizar las maldades i atribuir á la doctrina evangélica lo que la doctrina evangélica repugna. Pongan en las nubes escritores guiados por el miedo ó la adulacion aquellas hazañas de los reyes i tiranos de la tierra, dignas de ser sepultadas en el polvo, i aun borradas de la memoria de los hombres. Llamen grande al que con daño de mas de cien mil de sus vasallos dicta providencias encaminadas al aumento de su erario, no mirando en las vidas de los mortales mas que estorbos que se oponen á su riqueza, pero que pueden ser echados por el suelo facilisimamente. Ensalcen á aquellos que por acrecentar sus señoríos arruinan el comercio i la cultura de los campos, empobreciendo con tributos á los mercaderes i labradores, i robando á la tierra los brazos que habian de fertilizarla, para que estos en vez del arado i la azada empuñen la lanza i se empleen en la destruccion de sus hermanos. Digan en fin que son reyes sobremanera cristianos aquellos que contra lo que manda Jesucristo, oprimen á las personas en quienes no ha entrado aun la verdad de la fe, creyendo que los entendimientos de los humanos pueden ser llevados por la violencia á lo que les repugna, i sirviéndose para convencer á sus contrarios, no de la razon que nos distingue de los brutos i feroces animales, sino de la fuerza que es la que con ellos nos iguala. Este modo de predicar el Evangelio, es indigno de hombres que se llaman cristianos; porque á él se opuso Jesucristo. Llevar la religion á los entendimientos de los mortales en la punta de la espada quede para Mahoma, i para los que prediquen falsedades. La verdad no necesita de la fuerza para ser creida, i los que se sirven de violentos medios para entronizarla mas que sus defensores son sus enemigos; porque las ofensas que se hacen con el pretesto de que sea creida, llevan tras sí el odio, el desprecio i el vituperio. Porque ¿cómo han de amar los oprimidos la causa de su opresion? ¿Cómo han de creer las gentes que por el camino de las maldades se puede ir derechamente al del bien? ¿Cómo han de dar crédito á la verdad si se presenta á sus ojos con todas las apariencias de la mentira? Es cierto que Fernando el Católico sacó de poder de moros el reino de Granada: que con su política hizo presa de Navarra: que en su tiempo fueron conquistadas las Islas Canarias, descubiertas en el reinado de Enrique III: que ayudó la empresa de Cristóbal Colon para el descubrimiento del Nuevo Mundo profetizado por Séneca en uno de los coros de su Medea[69]: que incorporó la ciudad de Cádiz i el marquesado de Villena en su corona: que confiscó el condado de Pallas: que restituyó al condado de Barcelona el Rosellon i Cerdania, empeñado por don Juan II de Aragon al rei Luis XI de Francia: que conquistó á Mazalquivir, Oran i Bujía: que defendió de los franceses el reino de Nápoles; pero hai un error, i á mi parecer grande en todos nuestros historiadores al narrar las vidas de los reyes, i es que miden las buenas acciones de ellos i el provecho que con el buen gobierno dieron á sus vasallos por las batallas que vencieron, por las ciudades que ganaron, i por las glorias que en sus empresas militares consiguieron. Glorias son estas en verdad, i dignas de ser loadas; pero no de ocupar en las historias no solo el lugar preferente, sino toda la atencion de los lectores, con minuciosas noticias de las marchas i contramarchas de los ejércitos, del asiento de los cercos i planta de los campos militares, de los asaltos hechos á las ciudades, de las embestidas de los enemigos en campo abierto, ó entre ásperas sierras i montañas, del número de los muertos i heridos, i de otras cosas que molestan los entendimientos por ser tan repetidas i tan enfadosas.
Pero no faltará quien diga que el rei Fernando V no redujo su prudencia al aumento de los estados i dominios, sino que les dió la felicidad i la cultura. Cuán vanos son estos argumentos i cuán fáciles de echar por tierra! como mostraré clarisimamente andando por el discurso de esta historia, porque ahora me llaman los sucesos de la Inquisicion i las persecuciones levantadas contra los judíos conversos.
En el año de 1483 fué exaltado frai Tomás de Torquemada, uno de los jueces inferiores del Santo Oficio, al cargo de inquisidor general en los reinos de Castilla i Aragon: el cual para que se duplicasen las confiscaciones i saliese Fernando V mas ganancioso, dispuso la quema de muchos de sus vasallos. Los hijos i familias de estos quedaban reducidos á la mayor pobreza, pero qué importaba á este monarca la despoblacion i miseria de sus pueblos, si con sus conquistas se aumentaban las tierras de sus dominios, i con las guerras que tenia que sustentar para la conservacion de lo conquistado cargaba á la infeliz España con el peso de muchos tributos: los cuales si la hacian poderosa por las armas en los reinos estraños, en los propios la reducian al estremo de pobreza que mas claramente se vió luego en los últimos años del reinado de Felipe II, i en todos los de sus sucesores Felipe III, Felipe IV, i el necio Cárlos II[70]?
Creó Torquemada para perseguir con doblado rigor á los judíos conversos, cuatro tribunales subalternos: uno en Sevilla, otro en Córdoba, otro en Jaen, i el último en un lugar de la Mancha llamado entonces Villa Real (hoi Ciudad Real). Este último fué trasladado luego á Toledo, ciudad en donde comenzaron los inquisidores á predicar á los conversos, incitando á los que hubiesen persistido en judaizar, que se delatasen al Santo Oficio; porque de esta suerte las penas serian pequeñas: lo que no conseguirian despues si fuesen delatados por otros. Parece que ninguno de los judíos se presentó al tribunal á pedir misericordia i á abjurar de los errores en que habia tornado á caer: antes bien es fama que urdieron una conspiracion con propósito de ocupar en el dia del Corpus las avenidas de las cuatro calles por donde solia caminar la procesion, tomar las puertas de la ciudad i la torre de la catedral, matar á todos los cristianos, i declararse contra la soberanía real, en tanto que no se separase de aquel bárbaro modo de oprimir i robar los pueblos. Pero esta conspiracion fué descubierta por el corregidor en la víspera del Corpus, quien prendió algunos conversos, i á fuerza de tormentos logró inquirir cuanto se habia maquinado por los míseros judíos para castigar á los robadores de sus haciendas, á los destructores de sus casas, á los infamadores de su linaje, i á los opresores de sus personas i entendimientos. Sabido esto, ordenó el corregidor que á la hora de la procesion, para escarmiento de los mas, fuese ahorcado uno de los reos, i al dia siguiente sufrieron igual pena el bachiller Latorre (uno de los cabezas de la conjuracion) i otros cuatro conversos. I como el número de los culpados era grandisimo i por tanto imposible para el castigo; porque cómo se iba á condenar á muerte á la mayor parte de los habitadores de una ciudad, sin llevar tras sí su despoblacion i otros males?... determinaron los inquisidores con harto dolor de su mucha codicia reducir las penas á multas pecuniarias i no á confiscacion total de bienes. Pero al fin sacaron grandes sumas de dinero que el rei Fernando V recibió con sumo placer i contento, porque ellas eran bastantes á sustentar por algun tiempo sus ejércitos.
En esta sazon llamaron los señores del Santo Oficio á los rabís de la sinagoga de Toledo, para que jurasen en su presencia i segun el rito mosáico que delatarian al tribunal á cuantos judíos conversos hubieren persistido obstinadamente en judaizar, i además los conminaron con graves penas, i aun con la de muerte si faltaban á su juramento. Fuera de esto les mandaron poner en sus sinagogas unos grandes cedulones DE ESCOMUNION al uso de los observantes de la lei de Moisés, fulminada contra todos los judíos que sabiendo los nombres de aquellos convertidos en otro tiempo que ahora andaban desviados de la religion cristiana, no los delatasen al santo i piadoso tribunal. Tan grande era el afan de escomulgar en los inquisidores, que querian que los mismos judíos se escomulgasen unos á otros.
Con esto se aumentaron el número de los acusados, de los presos, de los reducidos á cenizas, i en fin, de los robados. Andrés Bernaldez, testigo de todas estas fechorías, i amigo de los jueces de la Inquisicion, dice que «desde el año de 88 quemaron mas de setecientas personas los inquisidores de Sevilla, i reconciliaron mas de cinco mil, é echaron en cárceles perpétuas que ovo tales que estuvieron en ellas cuatro ó cinco años ó mas, é sacáronles é echáronles cruces en unos sambenitos colorados atrás é adelante; é ansí anduvieron mucho tiempo; é despues se las quitaron porque no creciese el disfame de la tierra viendo aquello.» Hernan Perez del Pulgar dice en su Crónica de los reyes Católicos que «destos (judaizantes) fueron quemados en diversas veces i en algunas ciudades é villas fasta dos mil é otros fueron condenados á cárcel perpétua.»
I no satisfecha la codicia de los Inquisidores i del rei Fernando con tanto número de confiscaciones hechas en las haciendas de los herejes, discurrieron otro arbitrio para aumentarlas, i fué disponer que contra ciertos judíos conversos i mui ricos, los cuales habian para su bien pasado á mejor vida, se instruyese proceso, i como era natural, de él resultaban culpados; de aquí nació acrecentarse el real erario, i cobrar mas aficion los inquisidores á hacer semejantes presas. El mismo Hernan Perez del Pulgar escribe que «destos (judaizantes difuntos) fué hallado gran número, cuyos bienes i heredamientos fueron tomados é aplicados al fisco del rei é de la reina.»