Carta de Danteo á Albano.
Mi pluma, Albano, con amor escribe
lo que le dicta un cuerdo desengaño,
seguro en mí, pues la esperanza vive.
El dia con rigor se ha vuelto un año,
imaginando que tu ausencia ha sido
viviente sentimiento de mi daño.
Quedo ignorando el tiempo que he vivido
sin tu alegre i dichosa compañía,
juzgándole mi alma por perdido.
Terrible por mi mal se llamó el dia
que de la amada patria te ausentaste
por gusto de tu propia fantasía.
El norte rigoroso que tomaste
alabo con razon: del mar saliste
y en él con justa causa me dejaste.
Cuerdo en huir de la tormenta fuiste:
celebro tu prudencia generosa;
pues con ella los daños redimiste.
Despues de tu partida venturosa
el mar se alborotó de tal manera
que aun dura su borrasca lastimosa.
Ya no es la patria, no, segura esfera,
es un errante piélago furioso,
sin viento brama, y sin razon se altera.
Es un bajío eterno y peligroso:
ya murió la amistad, ya no hay amigo:
derribó el interés el mas famoso.
Cada palabra alcanza un enemigo,
todos buscan aleves ocasiones,
y no hay conversacion sin un testigo.
Andan tiranizadas ambiciones,
y son de tal manera conquistadas
que se alcanzan con ellas bendiciones.
Todas son Troyas, pero no abrasadas:
todos son laberintos de codicia,
donde se pierden almas depravadas.
Las palabras se ostentan de malicia:
no cumplirá ninguno la que diere,
aunque sepa chocar con la justicia.
El que dice verdad, de honrado muere:
quien no la dice es noble caballero,
y de su vida su nobleza infiere.
Llaman sagaz y sabio al que es fullero,
y se tiene por gran sabiduría
lo falso introducir por verdadero.
Hay agora una grave compañía
de unos tahures de mayor esfera
con su mucho de fina hipocresía.
Juegan galanamente á la primera,
embidando de falso á los señores
con mas flores que da la primavera.
Son diablos encarnados y traidores,
devotos de la madre Vericinta,
no siendo, no, romanos senadores.
Con dos renglones de secreta tinta
hacen mas mal que la langosta fiera:
hidra que tala cuanto el Mayo pinta.
Son ya ministros de mayor esfera,
y pretenden con brazo poderoso
violar la paz que la razon venera.
Andan á paso lento y perezoso,
y quieren adquirir á costa ajena
del santo honor el trono misterioso.
La enemiga cruel que te dió pena
Medea de tus años se ha trocado,
siendo del Tajo superior sirena.
Amigo, si por otro te ha dejado
no te admires, que á muchos ha querido
por roballes los bienes que han ganado.
Estima este rigor, ama este olvido,
que yo por lo importante del secreto
te guardo lo mejor para el oido.
Si es accion del prudente y del discreto
hablar de Vénus bien, en esta parte,
perdóneme lo noble del concepto.
De estos fulleros con industria y arte
se alimenta cruel y vengativa,
y tus bienes carisimos reparte.
Quien en sus manos da, quiere que viva
á las leyes sujeto de fortuna.
(Amor me dice que hable, no que escriba.)
Alimentada fué desde la cuna
de tiranías esta noble dama,
y no hay seguridad en ella alguna.
Dichoso tú que en brazos de la fama
volaste hasta los rayos del Oriente,
huyendo del incendio de esta llama.
Dísteme ejemplo para ser prudente;
pues seguirte los pasos determino,
sepultando esta luz en Occidente.
Impulso milagroso y peregrino,
te sacó de este encanto rigoroso
que tampoco se adorna de divino.
Yo envidio tu quietud y tu reposo;
que en la estranjera patria siempre ha sido
el ingenio premiado y venturoso.
El siglo se entorpece y va perdido:
no seré yo el primero que ha dejado
por su amigo su patria, casa y nido.

Otro poeta judío hablando de la Inquisicion decia:

Su hidrópica delicia es insaciable,
y es y será y ha sido esta homicida
tan libre como fué siempre mudable.
Es leona de Albania conocida,
corsaria, sí, de todo peregrino,
y del mundo en el alma aborrecida.
A todos prende y roba de camino,
Argos sus ojos son de todo cuanto
alumbra ese planeta mas divino.

De esta suerte i tan recatadamente escribieron los judíos ocultos en España á los que estaban en los reinos estraños, dándoles cuenta de las persecuciones i demás castigos que esperimentaban de parte del tribunal del Santo Oficio, á quien aborrecian de muerte, así por sus tiranías presentes, como por haber sido quien mas trabajó para que los hebreos saliesen espulsos de España, no obstante la opinion de aquellos que imaginan que los Reyes Católicos no fueron guiados por la codicia al dictar semejante providencia sino por el santo celo de conseguir en España la unidad religiosa.

Cuán engañados van todos los que tal cosa aseguran! Fernando V jamás pensó en la unidad religiosa de la monarquía española. Aunque su odio estuvo muchas veces á punto de desencadenarse contra la corte de Roma, siguió encerrado en las cárceles del pecho por espacio de muchos años. Pero al fin vino á hacerse público en ocasion de haber llevado un cursor[74] apostólico al reino de Nápoles varias escomuniones, todas en ofensa de las preeminencias de su corona. Entonces escribió al conde de Ribagorza su virey, lugarteniente y capitan general, aquella famosisima carta, que ha visto ya la luz pública en diferentes tiempos. Entre las destempladas razones que en ella se leen contra el Pontífice Julio II, autor de semejante desmanes, están las siguientes: «De todo lo cual habemos recibido grande alteracion, enojo é sentimiento; é estamos muy maravillados de vos é mal contentos, viendo de cuanta importancia é perjuicio nuestro é de nuestras preeminencias é dignidad real era el auto que fizo el cursor apostólico, mayormente siendo auto de fecho é contra derecho é non visto facer en nuestra memoria á ningun rey, ni visorey de nuestros reinos. ¿Por qué vos no ficisteis de fecho nuestra voluntad en ahorcar al cursor que os lo presentó? Que claro está que no solamente en ese reino, si el Papa sabe que en España i Francia le han de consentir semejante auto que ese lo fará por acrecentar su jurisdiccion. Mas los buenos visoreyes los atajan é remedian, é con un castigo que fagan en semejante caso, nunca mas se osan facer otros.»

I en otro lugar del mismo documento dice estas importantisimas palabras, que demuestran sus intentos de hacerse cismático: «Nos escribimos en este caso á Gerónimo de Vichi, nuestro embajador en la corte de Roma, lo que vereis por las copias que van con la presente; y estamos muy determinados, si su Santidad no revoca el breve é los autos por virtud de él fechos, de le quitar la obediencia de los reinos de Castilla y Leon, é facer otras cosas é provisiones convenientes á caso tan grave y de tanta importancia.»

Por donde se ve que Fernando V jamás pensó en unidades religiosas, porque si pensara en ellas ¿cómo estaba tan determinado á quitar la obediencia al Papa, i á hacer cismático su reino? I adviértase que si no dió en este asunto cumplida satisfaccion á sus deseos, no fué por falta de voluntad, sino temeroso de las mismas armas que él estaba usando contra el rei de Navarra para quitarle con permiso de la corte pontificia sus reinos i señoríos que entonces eran cismáticos.

Por otra parte los Reyes Católicos no obraron con justicia al ordenar la espulsion de los judíos, como ya hemos demostrado, ni dejaron bien puesto el honor del Evangelio, i en vez de hacer un verdadero servicio á la nacion española, le hicieron multitud de daños que aun hoi esperimentamos.

Con su intolerancia religiosa, abrieron la puerta á las persecuciones contra aquellos hombres que sabian la lengua hebrea, ó cualquiera de las orientales; porque no veian en ellos mas que judíos; i con esto desterraron de España el estudio de ellas con grave daño de la cultura i saber de sus vasallos.