Los cristianos nuevos de Portugal no hicieron grande aprecio de los consejos que les fueron dados en esta carta, puesto que quedaron viviendo en aquel reino: lo que prueba que no eran tan perseguidos por alli como se imaginaba. Pero solamente no podian tolerar con paciencia que en los casos de Inquisicion se confiscasen á los culpados las haciendas; i asi para remediar los daños que de esto resultaban, se compusieron en 1577 con el rei don Sebastian dándole doscientos i veinticinco mil ducados, i consiguiendo que por diez años no serian molestados en sus bienes. Con tal determinacion muchos de los judíos que aun vivian ocultos en España, i que milagrosamente habian escapado de las garras de la Inquisicion pasaron á Portugal, en donde se multiplicaron en gran manera. Otros quedaron en España por no abandonar su patria. I de los unos i de los otros es grande el número de los que cultivaron el estudio de las letras.

En auto solemne de fe celebrado en Sevilla el dia 14 de abril del año de 1660 salieron á ser castigadas por judaizantes ochenta personas, entre hombres i mujeres. Muchas estatuas fueron reducidas á cenizas en representacion de los reos que andaban fugitivos en tierras estrañas, donde afortunadamente no alcanzaba el bárbaro azote de la Inquisicion. Uno de estos fué el capitan Enrique Enriquez de Paz, mas conocido por el nombre de Antonio Henriquez Gomez, vecino de Segovia, caballero del órden de San Miguel, é hijo de otro judaizante portugués llamado Diego Henriquez Villanueva.

Es fama que hallándose en Amsterdan, topó un dia con un español su amigo recien llegado á aquellas tierras, i como este le dijese: Oh señor Henriquez, yo ví quemar vuestra estátua en Sevilla! respondió prestamente con gran risa: Allá me las den todas.

Antonio Henriquez Gomez escribió algunas obras[88] en prosa i verso; pero la mas celebrada de ellas es El siglo pitagórico y vida de don Gregorio Guadaña: libro escrito con suma gracia i ligereza, aunque en lenguaje mui atildado. Tambien compuso varias comedias de liviano mérito entre las cuales se cuentan La prudente Abigail, A lo que obliga el honor, Amor con vista y cordura, Contra el amor no hay engaños etc.

Sin embargo de los defectos que se ven en sus obras, ocasionados todos por el mal gusto que tenia oprimidos á los ingenios en aquella edad, son notables aquellas de sus composiciones poéticas en que derramó la mas sana i pura filosofia con propósito de doctrinar en ella á sus lectores. Como muestra de su ingenio i arte en versificar i como clarisima prueba de lo que llevo dicho, traslado á este lugar una oda que compuso en alabanza de la quietud i soledad del campo.

Humilde albergue mio:
líquidos arroyuelos,
hijos de estas montañas despeñados:
bosque puro i sombrío:
claros y hermosos cielos,
eternos reyes de estos bellos prados:
árboles empinados,
plumajes de colores
donde toman las flores
su alegre primavera:
apacible ribera,
claro espejo del dia,
ya vuelvo á vuestra santa compañía.
Soledades divinas,
alma del albedrío:
alamedas, fresnedas y cañadas,
fuentes que estais vecinas
con la region del frio.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Vegas nunca agostadas:
sotos nunca perdidos:
valles siempre floridos:
campañas siempre hermosas:
azucenas y rosas,
de este campo alegría,
ya vuelvo á vuestra santa compañía.
Bulliciosas ovejas:
manchados corderillos,
recentales del pecho mas piadoso:
calandrias, cuyas quejas
repiten los pardillos,
trinando con el celo doloroso:
descanso y sitio hermoso:
quietud idolatrada:
arboleda sagrada:
silencio siempre justo,
apetecido gusto
para la pena mia,
ya vuelvo á vuestra santa compañía.
Fuíme á la corte, y vuelvo
de mi engaño corrido:
propio castigo del que os ha dejado.
Con la vista revuelvo
vuestro sitio florido,
por ver si estoy en vos, ó me he engañado.
Yo no sé donde he estado;
que en ti no puede hallarse
quien pretende ausentarse
del noble nacimiento;
pero sin duda siento
que estoy en vos; pues miro
que ni lloro, ni peno, ni suspiro.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¡Oh soledades santas
de la vida dichosa,
gusto, placer, descanso i alegría!
¡Oh vejetables plantas
de la edad presurosa,
recreo, pasatiempo y compañía!
¡Oh fuentecilla fria
que murmuras ufana,
no como cortesana,
á todos me consagro;
y pues sois el milagro
mayor de mi sosiego,
goce yo vuestra paz y muera luego.
Aquí vivo seguro
del trato y del engaño
hydras sangrientas de la fe traidora.
Aquí vivo seguro
del mayorazgo estraño,
y heredero del Sol y de la Aurora.
Aquí la verdad mora:
allá, si bien se mira,
se mezcla la mentira
con la lisonja fiera.
Siempre aquí es primavera
y allá todo es estio...
¡Oh mil veces dichoso albergue mio!

Tambien compuso Henriquez Gomez en loor de la quietud i vida de la aldea la oda siguiente:

Cuando el Enero helado
me coge en esta sierra, miro luego
el humo idolatrado
de mi santa cabaña, cuyo fuego,
aun de léjos mirado,
me sirve de consuelo y de sagrado.
En estas soledades
vivo contento, alegre y descansado:
no como en las ciudades,
al bullicio sujeto del Estado;
pues no hay mayor desdicha
que á costa de la vida amar la dicha.
Sin ambicion profana
el cielo me sustenta en esta choza.
Sale aquí la mañana
mensajera del Sol, y es su carroza
tan suave al oido,
que de sola la luz siento el sonido.
¡O santas soledades,
retratos del sagrado paraiso!
no son las vanidades
quien vuestro lustre y majestad deshizo:
vosotras con decoro
hollais la plata y despreciais el oro.
Sois alma del deseo,
ser de la vida, vida de la muerte,
adorno del trofeo,
centro del sabio, corazon del fuerte,
y el que una vez os trata
triunfa del vicio y la delicia mata.
¡O albergue soberano,
emulacion de cuantos chapiteles
el griego y el romano
fundaron, duplicando los Babeles:
vuestra quietud dichosa
es cifra de la mano poderosa.
No hay mácula ninguna
en vuestra monarquía soberana,
ni tiene la fortuna
jurisdiccion en vuestra edad anciana.
El que una vez os mira
tierno de amor por vuestro amor suspira.
Fabricio, si eres rico,
mira bien el caudal que aquí poseo;
y luego te suplico
que me digas quién gana en este empleo;
que yo con mi pobreza
soy mas rico que tú con tú riqueza.
¿Tienes muchos criados?
pues no te envidio sin tener ninguno.
¿Tienes muchos ducados?
pues en mi choza no hallarás ni uno,
¿Tienes quietud? Ninguna.
Pues búrlome por Dios de tu fortuna.
Cuando tú te levantas
te saluda el comun desasosiego;
mas mis quietudes santas
no tienen el bullicio de ese fuego.
Mis arroyos sonoros
mudos me cantan en distintos coros.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Las perlas, los diamantes,
sin esta joya de mayor tesoro,
son riquezas errantes.
Necio es el hombre que idolatra el oro;
que el sosiego del alma
es de esta vida victoriosa palma.
Viva en la corte ufano
el soberbio político muriendo,
y en solio soberano
vivan con él los que le están vendiendo;
que yo sin esta muerte
contento vivo con mi humílde suerte.
Beba en taza dorada
el príncipe mayor: tenga su mesa
de siervos rodeada;
que yo á quien de esta vanidad no pesa,
bebo en taza de hielo
el líquido cristal de un arroyuelo.
En algodón se acueste,
rodeado de ricas colgaduras,
y su alcázar le preste
seguridad en dóricas figuras;
que yo sin tanto muro
duermo en mi choza mucho mas seguro.
Despiértenle á la aurora
lisonjeros amigos y criados,
y tenga de hora en hora
visitas de señores estimados;
que yo con mejor salva
recuerdo cuando me despierta el alba.
Salga en carroza ufano,
por la ciudad haciendo cortesías,
muy á lo soberano;
que yo sin estas necias fantasías,
de espigas coronado,
desde mi carro lisonjeo el prado.
Esta quietud adoro:
esta vida pacífica poséo:
no la riqueza lloro:
la ambicion ni la quiero ni deseo;
que en mí las soledades
son las siempre dichosas majestades.

No fué siempre sencillo Enriquez Gomez en sus poesias, i se dejó arrebatar de la corriente del mal gustó que tan fuera de cauce andaba en aquel siglo. No es indigno de ser copiado en este lugar el siguiente soneto, no obstante la afectación de estilo que hai en algunos de sus versos.

Soneto.
Débil cordera, cuya blanca nieve
Copo á copo formó naturaleza,
Cándida ofrece al valle su pureza,
Si á tanto armiño su verdor se atreve.
Al cristal de un arroyo altivo mueve
Lobo cruel su bárbara fiereza,
Y la simple cordera la cabeza
Inclina al agua y descuidada bebe.
No bien hubo tocado los cristales
Cuando el noscivo monstruo á la desierta
Campaña dió de púrpura señales,
Quedando la traicion mal encubierta,
El agua salpicada de corales,
El lobo ausente y la cordera muerta.