LIBRO CUARTO.
Los judíos, admitidos en Portugal, no fueron menos infelices que los demás espulsos de España. El rei don Juan II al conceder á don Alvaro de Camiña el señorío de la isla de Santo Tomé, año de 1493, le impuso la obligacion de poblarla, i para ello ordenó que todos los judíos fuesen despojados de sus hijos é hijas de pocos años, los cuales despues de recibir el agua del bautismo fueron entregados á don Alvaro para poblar la isla de Santo Tomé.
El rei don Manuel dispuso tambien en 1496 que salieran de Portugal todos los hebreos que en este reino moraban, pero dejando en él á sus hijos menores de catorce años de edad. Los mas ricos judíos representaron al rei que se cristianarian sin oponer resistencia, con tal que les fuese concedida la gracia que no se inquiriese contra ellos en veinte años; i así el rei don Manuel les libró el privilegio que tan ahincadamente solicitaban, en 30 de Marzo de 1497. Con esto se bautizaron muchos, i los que no quisieron conocer la verdad de la fe de Cristo pasaron á Africa i á otras partes.
Pero con esta determinacion no pusieron término los judíos á sus desdichas. En el mes de Abril del año de 1506 amotinóse contra ellos la plebe de Lisboa, movida por dos frailes domínicos, los cuales mostraban una imágen de Cristo crucificado que de sí despedia un vivisimo resplandor. Un judío convertido observó que este milagro consistia en la reflectacion de los rayos del sol por una cortina; i como esta noticia comenzase á correr por la ciudad, temerosos los frailes de perder con ella las limosnas, misas i demás que la devocion de las gentes llevaba al convento á causa de la virtud de aquella prodigiosa imágen, concitaron al pueblo contra los hebreos. Muchos fueron muertos á manos de aquella bárbara i supersticiosa canalla; pero como el rei don Manuel se ofendiese grandemente del tumulto, dispuso que fuesen presos muchos de sus autores i cabezas, i en ellos mandó hacer graves escarmientos. Los dos bribones domínicos, motores de la sedicion, fueron ahorcados, i el convento de Santo Domingo de Lisboa fué estinguido para castigar de esta suerte la bellaquería de aquellos hombres que haciendo granjeria de las cosas divinas se atrevian á engañar tan desvergonzadamente á las personas supersticiosas. El mismo rei renovó en 1507 el privilegio de los judíos bautizados: el cual se vió luego confirmado por don Juan III. I todas estas exenciones fueron representadas al Papa Clemente VII cuando se intentó poner en Portugal el Santo Oficio.
Entonces dicen que escribieron algunos judíos establecidos en Roma i otras ciudades de Italia á los que estaban en el reino lusitano, para que huyesen de él i se pasasen con sus familias á aquellas tierras, esta carta que traen varios autores, i entre ellos Torrejoncillo en su Centinela contra judíos.
«Ya vuessas mercedes sabrán, como el Padre Santo y Cardenales avian concedido en la Rota que la Inquisicion de ese reino se diese por privilegios, que los reyes de Portugal havian concedido; y que si el reino fuese de esto contento, se mandasse á los obispos que guardasen el derecho comun, que es lo mas justo y seguro: y que á los presos no se podia dar perdon de ningun modo, sino que remitidos á los obispos juzgarian sus causas, delante de los cuales alegarian las nulidades de los presos, sin quedar relapsos, mostrando los inconvenientes, que habia en tanto número, que la miseria mantenia, y á quien los obispos eran sospechosos: así porque de ellos vienen á ser inquisidores, como porque como ministros del rey han de mirar por su honra, condenando los presos, cuyo número los haze huir, y dudar de dar perdon al Reyno. Los Embaxadores del Rey, juntos con el del Emperador, tomaron con el Padre Santo y Cardenales un medio, que es el norte de todo el discurso passado, atajando que para lo futuro no se hiciese cosa alguna de lo que convenia á lo general, por donde parece inspiracion, á quien quisiere contemplar mas que lo temporal, ver que ser perdonan los condenados presos, los sueltos, ausentes y presentes, y que los suelten libremente, sin condicion, ó achaque, que se puedan ir en paz para adonde quisieren: y que desde el dia que fueren sueltos, y el perdon efectuado hasta seis meses primeros, no se pueda inquirir de sus culpas: y toda la persona de Portugal, que se quisiere salir del Reyno, lo dexe libremente, sin que pueda ser tomado en público, ó en secreto, y que puedan passar por las tierras y Reynos comarcanos con sus salvos condutos, que para esso se les dará; y passados los dichos seis meses, se les concede Inquisición rigurosa, como á Castilla.»
«Vuessas mercedes pueden saber, y creer, que el doctor Pedro Hurtado, y su compañero, hizieron en esto muchas hazañas; por lo qual merecen ser de Dios galardonados, y de las personas á quien toca. El Padre Santo, como hombre justificado, viendo las voluntades de los Embaxadores, assí del Rey, como del Emperador, concedió para esse Reyno Bula como la de Castilla, rigurosa por las promessas que avia hecho con los Cardenales, por salir de la obligacion de lo que avia prometido, y por no estar mas en su mano, por donde pareció estar todo de Dios, que dió estos seis meses de tiempo para que los hombres se saliessen libremente de esse Reyno, pues tienen salvo conduto para esso. Bien vemos las razones que hay para sentir apartarse los hombres de sus naturales, y de sus hijos, y mujeres. De mas desto, á todo se han de exponer, á trueque de quitarse de cautiverio, principalmente los que tienen hijos, porque hay muchas razones evidentes para no quedar allá persona alguna de la nacion, que no se venga. La primera es, que se acuerda Dios de nosotros, poniéndonos en libertad, como los de Egypto. La segunda, que se deben acordar, que ahí están expuestos á la muerte, como inocentes, en Lisboa. La tercera, de la buena voluntad que el Rey y los Embajadores tienen puesta para les conceder Inquisicion rigurosa, como la de Castilla. La quarta, los grandes placeres que al tiempo de la ejecucion de los autos se hazen, en quanto queman las personas, teniendo banquetes, ventanas, y palenques, como quando hay grandes fiestas, ó corren toros. La quinta es, que todas las personas de la nacion envidiada, son tan mal queridas del pueblo, como por experiencia se vió en los apuntamientos hechos en las Córtes contra ellos. La sexta, que luego que prenden á alguno, le toman la hazienda, como hazen en Castilla, y le dan dos maravedís para comer cada dia. La séptima, que demás de que los hombres estén inocentes de la culpa que les imputan, y ponen, por no padecer, dicen que lo hicieron y piden misericordia, por donde pierden la hacienda y hijos, y andan de puerta en puerta pidiendo por amor de Dios; y si están casados, pídenles las haciendas, porque hallan en derecho que las tienen perdidas, como en Castilla poco ha que sucedió, y se juzgó á uno, y este se llamaba el Labaredas. Ahora vean vuessas mercedes estas y otras cosas que son necessarias traer á la memoria: y pues Dios se quiere acordar por su piedad de este Pueblo, razon es que no sean ingratos, huyendo de tantos inconvenientes, y que sepan reconocer tan grande merced, como esta que les hazen en darles puerto por donde se quiten de poder de sus enemigos: y los que tuvieron merecimientos para venirse de esse Reyno, y lo hiziesen con sus mugeres, y harán lo que deben saliendo de la opression en que están, porque les pesara de no lo aver hecho mucho tiempo há. Y pues es llegada la hora, sepan conocerla, y vénganse; porque esta tierra es muy pingüe, gruesa y grande, y adonde podrán estar á su gusto; y será bien, que los pobres vengan en compañía de los ricos, y los ayuden con sus haziendas; porque quando el Pueblo salió de Egypto, ricos y pobres todos escaparon; que por bienaventurado se puede tener el hombre, que para esto da ayuda, quitando á sus parientes de tan mala fatiga. Ni les parezca á los pobres, que por serlo les ha de faltar nada, porque todos los que hasta hoy vinieron por acá, luego que llegaron se vieron ricos, assí de lo necessario, como de gusto de averlos sacado Dios de aquella sujeccion, y cautiverio.»
«Aora quisiéramos saber, señores, qué mayorazgos teneis allá de la nacion envidiada, para esperar tantos peligros? Lo que os decimos es, que aunque hagais la vida de San Agustin, no os ha de aprovechar, salvo para con Dios, porque para el Pueblo, si dixeren de vosotros, aveis de ser castigados, vuestras haziendas vendidas, y vuestros hijos infamados, y nunca faltarán dos testimonios falsos para os punir; y vuestros esclavos á fin de verse libres dirán lo que nunca fué. Y pues esto es tan evidente, razon es que desperteis del sueño, y esteis sin dormir, haziendo lo que os digo; porque no siendo así, sereis dignos de grandes penas, no teniendo, ni razon, ni ignorancia que alegar, quando os fuere tomada cuenta, lo que Dios no permita, porque Dios aguarda al hombre en tres edades, y hasta la última es buena, y todas son buenas. Por tanto, señores, todos en general, y cada uno en particular, debeis especularlo todo, y con grande esfuerzo y capacidad esforzaros unos á otros siguiendo vuestro viage para esta Italia; porque en este tiempo se conocen los hombres, que se han de quitar de la pena en que están, que sabeis que teneis sobre vosotros una tan rigurosa espada atada con un hilo, y no cuando los pecados de cada uno se presentaren (lo que Dios no permita, ni mande) muchos de la nacion envidiada tienen en esse Reyno haciendas de raiz, y se les hará trabajo dexarlas, ó perderlas, y otros que tendrán sus bienes esparcidos, no los podrán recoger, y será todavía bien hazer lo mas que pudieren, quitándose de tan gran trabajo; porque las personas, que en Castilla tenian hazienda de raiz, fueron las castigadas con los que tenian mucha hazienda prestada; y por las cosas passadas se han de juzgar las presentes, y á quien le tocare, mire lo que mejor le está, y no diga que tiene Bulas para que no se entiendan con él, que todo esso no vale nada en semejantes tiempos; que yo me acuerdo, que en Lisboa ahorcaron un hombre con los privilegios colgados del cuello; y lo que dixo el Conde de Benavente al Rey D. Fernando quando matando un hombre con un seguro ó Privilegio suyo Real, dixo: «Mejor le tomara yo unas buenas corazas.» Por tanto, guárdense todos de la ira de Dios, quando comienzen á hazer execucion, lo que Dios no permita, y no se debe poner culpa en procurar Inquisicion como la de Castilla; porque el corazon de el Rey está en la mano de Dios, y él es servido de todo lo que haze.»
«Las personas que huvieren de venir, traygan consigo todo lo necessario para su sustento, y lo mas deben traer en letras de cambio para Leon, Venecia, y otros Lugares de Italia. Las letras se pongan sobre dos personas, las que mas confianza tengais, y cada una in solidum digan que pagará tantos cruzados de oro en oro, ó tantos escudos de oro en oro, porque puesto que digan que pagarán tantos cruzados, son de moneda, que no vale cada uno mas que 336 maravedís; y él y los escudos tienen 320, y el cruzado de oro en oro vale 368 maravedís. Digo, que algunos hombres bien dispuestos deben venir por tierra á Francia, á Leon y á Gerona para seguridad de las letras que traxeren; y los que traxeren mercadurías, vengan á Flandes, Francia y á Génova; y si allá fueren Naos Aragonesas son buena gente, y buena embarcacion: porque la gente corre riesgo passando por la Pulla, y lo mas seguro es Francia, Amberes, Génova y Civita-Vieja, junto á Roma; y el demás informe allá le pueden tomar. Bendito sea aquel que manda los tiempos, y haze sobre el firmamento; y maldito todo el de mi Nacion, que en este tiempo no siguiere estos consejos, y los pusiere en execucion: y si no viniere de esse Reyno para adonde esté seguro, y á los que no obedecieren á esto, les vengan las maldiciones siguientes, á sus mujeres, á ellos, y á sus hijos, y á toda la gente de esta Nacion, sea maldita, de modo que si murieren no puedan ser enterrados en sepultura doblada. Maldita sea la hora en que nacisteis. Todas las horas en que passáredes la vida sean tristes, y tintas de aquella tinta sangre del Becerro, que adoraron vuestros padres. Mal pesar veais de vosotros, y mera tristeza, y mancilla con todos los de vuestra casta y generacion. Todas las cosas del mundo sean contrarias á vuestro bien vivir. Hiéraos Dios de la plaga con que mató á aquellos que dexaron las carnes de los puercos de Egypto. Tal ventura os entre por la puerta, que vosotros y vuestra familia amanezcais tullidos, como la hermana de Moyses. Apedreados seais con aquellos que hallaron apañando leña el Sábado. Fuego se levante en vuestras casas que os queme, como salió de la casa de Choreb, que lo quemó á él y á sus compañeros. Corridos os veais, y quantos descendieren de vosotros, y todos juntos os veais en el infierno, como Datan y Abiron. La maldicion de los Montes de Gelboe venga sobre vosotros, y toda vuestra generacion. Quemados seais, como aquellos que querian apedrear á Moyses y Aaron. En poder de justicia os vean, como se vieron los de Israel. Serpientes os nazcan en casa que os muerdan, como mordieron á los que Dios castigó en la murmuracion. Qualquier casa en que viviéredes sea maldita, descomulgada, y caigan sobre vosotros piedras al entrar en ellas, como cayeron los muros de Jericó. Hurtos os hagan en el patio de Palacio, ó en la casa de la India. Tal ventura os acontezca á vosotros, á vuestras mugeres en fin de vuestros negros dias, qual aconteció á la muger de el Levita en la Ciudad de Gabaon. La mano del Señor se arme contra vosotros para heriros en las últimas partes de vuestros cuerpos, y assí seais podridos como los de las Ciudades de Gazor. Y los de vuestra casta y generacion sean todos malditos y descomulgados, y vuestros cuerpos echados á los perros, como el Profeta que está en Selva. Tanto mal os venga, y os quebrante el corazon por alguna maldad en que seais hallados contra el estado Real, que os ahorquen como á Achitofel cuñado de David. Los dedos de los pies os corten, como hizieron á los del tribu de Judá. Malditos seais, y os maten las alimañas y bestias fieras, como hizieron los ossos á los malditos mozos cautivos por Eliseo. Y vendidos seais en tierra de moros, como lo fueron los Judíos por Ptolomeo en Egipto. En pedazos os lleven fuera de vuestras casas, como hizieron al Rey Antíoco los Sacerdotes del Templo. Constreñidos seais en que comais carne de puerco. Ahorcados seais con vuestros hijos del pescuezo, assí como lo fueron los Judíos por mandado de Anteo en la Ciudad de David. Ahorcados seais deshonradamente por mandado de la Reyna, como lo fué Aman por mandado de Ester, y el sueño que Aman soñó: y todo lo dicho os venga, si vosotros no os viniéredes de esse Reino: y seais todos malditos como digo, siendo y quedando mi casa y la gente de ella libre á paz, y á salvo de todas las cosas, mas con los buenos logros en estas tierras largas, y de promission, que por acá hay, y que vosotros no sois para gozarlas, ni mereceis ver.»