«Que sus Altezas y sus sucesores para siempre jamás dejarán vivir al rey Abí Abdilehí y á sus alcaldes, cadis, mestis, alguaciles, caudillos y hombres buenos y á todo el comun, chicos y grandes en su ley, y no les consentirán quitar sus mezquitas, ni sus torres, ni los almuedanes, ni les tocarán en los habices y rentas que tienen para ellas, ni les perturbarán los usos y costumbres en que están.»

«Que ningun moro ni mora serán apremiados á ser cristianos contra su voluntad; y que si alguna doncella, ó casada, ó viuda, por razon de algunos amores se quisiere tornar cristiana, tampoco será recibida hasta ser interrogada.»

«Que no se permitirá que ninguna persona maltrate de obra ni de palabra á los cristianos y cristianas que antes de estas capitulaciones se obieren vuelto moros; y que si algun moro tuviere alguna renegada por mujer, no será apremiada á ser cristiana contra su voluntad, sino que será interrogada en presencia de cristianos y de moros y se seguirá su voluntad; y lo mismo se entenderá con los niños y niñas nacidos de cristiana y moro.»

Por último, las palabras con que los reyes prometieron guardar todo lo contenido en la capitulacion, son estas:

«Os prometemos y juramos por nuestra fe y palabra Real que podrá cada uno de vosotros salir á labrar sus heredades, y andar por dó quisiere en nuestros reinos á buscar su pró donde le hubiere, y os mandarémos dejar en vuestra ley y costumbres, y con vuestras mezquitas como agora estais[85]

Pero Fernando el Católico no cumplió su promesa faltando á la palabra Real, i á lo que se debia como principe cristiano i como caballero. Una de las primeras diligencias de la clerecía fué querer que en los entendimientos de los moros entrase la verdad de la Fe Católica por medio de las predicaciones. Pero como á esto no se seguían los rápidos efectos que se deseaba, discurrió el cardenal Cisneros el arbitrio de inquirir quiénes eran los moros que eran renegados ó los hijos de renegados, para obligarlos á entrar en la religion cristiana, sirviéndose para ello de la violencia. I hase de advertir aquí que semejante providencia era contraria á aquel artículo de la capitulacion en que se decia: «Que no se permitirá que ninguna persona maltrate de obra ni de palabra á los cristianos ó cristianas que antes de estas capitulaciones se hubieren vuelto moros, y que si algun moro tuviere alguna renegada por mujer no será apremiada á ser cristiana contra su voluntad, sino que será interrogada en presencia de cristianos y moros, y se seguirá su voluntad; y lo mismo se entenderá con los niños y niñas nacidos de cristiana y moro.»

De esta suerte sabia desempeñar el Rei Católico su palabra: de este modo miraba por el honor del Evangelio. ¿Qué no podrian decirle los moros en punto á guardar las capitulaciones, i la fe de los juramentos? Los que conquistaron á España, dejaban vivir en su lei i con sus templos á los cristianos que se quedaban á morar entre ellos, de donde vino el llamarles mozárabes. Pero los cristianos no atendiendo á que de faltar á las promesas juradas, no podria resultar otra cosa mas que el descrédito de la doctrina evangélica, aceptaban en los capítulos de paces la condicion de conservar á los mahometanos en su religion, sin oprimirlos ni vejarlos, i luego les quitaban los templos i los obligaban á cristianarse con las duras leyes de la fuerza. Si de Mahoma se dice por vituperio aunque falsamente que predicaba su doctrina con el Corán en una mano i la espada en la otra, ¿qué no podrian decir contra los cristianos unos hombres que se veian oprimidos con castigos, i llevados violentamente á otra religion?[86] Los Reyes Católicos con su modo de proceder contra los judios i los moros, no hicieron mas que obrar faltando á la razón i á la justicia encendiendo el odio á la fe de Cristo en la mayor parte del mundo, abriendo la puerta á la destruccion del estudio de las lenguas orientales con grave daño de todas las ciencias[87], como se vió andando el tiempo en el siglo XVII, quitándonos comerciantes españoles para traernos genoveses, cuya codicia no hacia mas que consumirnos todo el oro i aun mas que venia de las Indias; i por último, dejando empeñada una guerra civil con tantas opresiones, i despoblado el reino con la espulsion de los judios i de aquellos moros que no quisieron entrar en la fe de Cristo.

RESUMEN
del libro cuarto.

Varia suerte de los judíos en Portugal.—Comienzan allí á ser oprimidos.—Los cristianos nuevos de Portugal alcanzan perdon del crímen de heregia i apostasía.—Poetas judíos. Antonio Henriquez Gomez. Juan Pinto Delgado. Diego Beltran Hidalgo. Miguel de Barrios. Miguel Silveira. Daniel Lopez Laguna.—Otros escritores judios.—Inutilidad del Santo Oficio de la Inquisicion para desarraigar el judaismo en España.—Personas notables que murieron quemadas por judaizantes.—Noticia de algunos autos de fe contra judíos hasta el año de 1800.—Estincion del tribunal.—Estincion de los judíos en España.