Tanto número de judíos habia en el siglo últimamente pasado. En Córdoba la Inquisicion castigaba rigorosisimamente á los muchos que tambien habia en aquella ciudad i en sus contornos. En Valladolid se hacian las mismas diligencias para desarraigar el judaismo; pero todo era en vano. Cerca de tres siglos llevaba ya de establecido el barbarisimo é inicuo tribunal, i en ellos habia trabajado constante i porfiadamente por destruir á los muchos judíos que habia en estos reinos, ocultándose con las apariencias de verdaderos cristianos.
En el siglo XVII, no obstante tantos castigos, viéronse fijados en las casas mas principales de algunas ciudades i villas unos infames carteles que decian: Viva la ley de Moisés y muera la de Cristo, que lo demás es mentira. Un solo hombre quiso remediar estos desórdenes, reparando al mismo tiempo la falta de poblacion que tenia España ocasionada por las dos espulsiones de judíos i moros. Este hombre fué el Conde-duque de Olivares.
Para conseguir sus designios mandó venir de Salonique i otras ciudades varios judíos descendientes de los espulsos de España para conferir el modo con que ellos i los demás volviesen á vivir en estos reinos. Para lo cual trataba de amenguar mucho el poder del Santo Oficio. La venida de estos judíos i su estancia en la corte fueron mui contradecidas i repugnadas por los Consejos de Inquisicion i de Estado. Pero de todo se burlaba el Conde-duque, fiado en el mucho valimiento que tenia con el rei.
Los inquisidores viendo en esto que estaban á punto de perder su poderío, i á mas las confiscaciones hechas i por hacer en los bienes de tanto desventurado judaizante, determinaron representar á Felipe IV los muchos daños que de estar en la corte aquellos judíos resultaban á la entereza de la Fe de Cristo en estos reinos. Para lo cual se presentó en la cámara del rei el inquisidor general que era cardenal de Santa Balbina, i le habló con el valeroso celo que su conveniencia i la de los bellacos que tenia á sus órdenes imperiosamente exigia. Felipe IV se acordó entonces que era hijo de Felipe III i nieto de Felipe II, i así dejándose vencer de las razones del inquisidor, empeñó su palabra de ordenar al Conde-duque de Olivares la salida de aquellos judios, no solo de la corte sino tambien de todos sus reinos i señoríos: con que de esta suerte quedaron burlados los buenos deseos que tenia el valido de reparar los daños que España padecia, por la falta de poblacion, comercio i riqueza: los cuales iban tan en aumento que ya amenazaban la ruina de esta desventurada i siempre mal regida monarquía.
¿Pero cuál era el fruto que sacaban los reyes i los inquisidores de la constante persecucion levantada contra los que judaizaban? Fuera de las confiscaciones, ninguno provechoso. No hacian mas que aborrecible la Doctrina Evangélica: la cual no les daba autoridad para cometer tan atroces é inhumanos hechos. Digan sinó los defensores de la Inquisicion ¿en los reinos estraños en que esta no existia i moraban judíos, cuántos cristianos abandonaban su religion i abrazaban la de Moisés? En España al contrario, mientras mas autos de fe, mas muertes i mas infamias de linaje se hacian por los inquisidores, mas personas judaizaban. I no solo de las familias de los castigados, sino de aquellas que descendian por todas sus ramas, de cristianos viejos. Sirvan de ejemplo don Lope de Vera, quemado en 1644 en Valladolid, i frai José Diaz Pimienta, en Sevilla el año de 1703. Los judaizantes en vez de amedrentar con el ejemplo de su muerte, hacian otros nuevos; porque muchos hombres al ver la constancia i el valor con que aquellos desdichados sufrian el espantosisimo suplicio de la hoguera, se persuadian que Dios les ponia aliento en los corazones en aquel tan amargo trance, i que recibiendo este favor del cielo, era cosa indudable que morian por la verdad. Con esto los canonizaban por mártires, i ellos mismos dejaban la religión cristiana i se pasaban al bando del judaismo. I esta es la razon de haber existido tantos judíos en España á pesar de las iras de la Inquisicion en los siglos XV, XVI, XVII i XVIII: prueba clarisima de que las persecuciones eran quienes levantaban á muchos para seguir el rito mosáico, puesto que en los reinos estraños ningun cristiano pensaba en ser judío, i en los nuestros habia muchisimos, i no personas de la plebe, sino caballeros i hombres doctisimos en todo género de letras. Aun á las puertas de este siglo, esto es en el año de 1799, fué castigado un hombre por la Inquisicion de Sevilla, el cual era hereje judaizante, i llamábase Lorenzo Beltran.
Los judíos existieron en España hasta que en la guerra de la independencia fué abolido el tribunal del Santo Oficio; i aunque luego fué vuelto á nueva vida, entonces ya no era tribunal religioso, sino tribunal politico, en donde se encerraban á aquellos hombres que no teniendo delito de que ser acusados, i necesitando el gobierno que no estuviesen en libertad eran metidos en las cárceles de la Inquisicion, por tiempo indeterminado.
Léanse las innumerables relaciones de autos de fe que existen impresas i manuscritas desde el siglo XV hasta principios del presente, i por ellas se vendrá en conocimiento de los muchos judíos que existian en España. I véase luego el número de los cristianos que dejan hoi la Doctrina Evangélica por la lei de Moisés, lo cual prueba que la Inquisicion en vez de destruir los judíos, era quien con sus bárbaros é inhumanos castigos hacia odiosa la Fe de Cristo, i atraia con el ejemplo de los mártires que todos los años quemaba en sus hogueras, muchos i grandes parciales á la secta judáica.
EPILOGO.
Muchos judios que huyeron de Jerusalen cuando su destruccion por Tito, se establecieron en España donde vivieron sin ser de ninguno molestados. Los antiguos españoles en el Concilio Eliberitano comenzaron á ofenderlos con algunos decretos; pero la venida de los godos á España estorbó que se hiciesen otros mas dañosos á los israelitas. Mientras que los godos eran arrianos, vivieron sin ser oprimidos, pero cuando aquellos entraron en la Religion Cristiana, desatáronse contra los míseros hebreos las mayores persecuciones. Cada Rei i cada Concilio inventó una lei que fuese mas cruel contra ellos. El fruto que sacaron los godos de sus bárbaros hechos fué la venida de los árabes á España i la destruccion de su imperio. Los judíos entonces ayudaron con las armas á los conquistadores, guarnecieron las mas principales ciudades i recobraron su libertad.
Como los hebreos no eran perseguidos de los árabes, los cristianos en las tierras que moraban los dejaban tambien vivir en quietud. Entonces florecieron muchos judíos doctisimos, especialmente en Córdoba. Los cristianos mientras mas ciudades ganaban, mas iban oprimiendo á los hebreos; i como muchos de ellos eran sus deudores, concitaban á veces el fanatismo del pueblo contra los judíos, de donde nacian mil tumultos i muertes. Temerosos de estos desmanes muchos se cristianaron, i principalmente despues de la célebre disputa de los Rabinos españoles con Gerónimo de Santa Fe en presencia del Anti-Papa Pedro de Luna.