Fernando V llamado el Católico, empeñado en guerras para cuyo sustento no bastaban sus pequeñisimas rentas, discurrió el arbitrio de establecer en estos reinos el tribunal de la Fe para enriquecer su erario con las confiscaciones.
Para la guerra de Granada pidió dineros á varios judíos, ofreciendo pagarlos cuando conquistase á aquella ciudad. En vez de pagar lo que debia, ordenó la espulsion de los judíos que en el término de cuatro meses no se hiciesen cristianos.
El tribunal de la Fe, á pesar de sus hogueras i latrocinios, no fué bastante á destruir el judaismo en España. Mientras hubo Inquisicion hubo judíos. Desde que este tribunal fué abolido ningun español deja la fé de Cristo por la religion de Moisés.
Apéndice.
Jud. en Esp.
ADVERTENCIA.
Esta instruccion, que escribió al Rey Felipe Segundo el Gerónimo español insigne doctor Benito Arias Montano, religioso profeso de la Orden de Santiago en el Real Convento de San Marcos de Leon, y uno de los mas célebres maestros que asistieron al Concilio de Trento, existe MS. en la libreria del autor de la presente historia.
INSTRUCCION DE PRÍNCIPES
del modo con que se gobiernan los Padres de la Compañía.
Que la religion de los padres de la Compañía en la viña de Cristo se plantase por obra del Espíritu Santo, como árbol que debia producir el antídoto contra las herejías, y tales flores de obras cristianas y religiosas, que olidas de los pecadores, fuesen constreñidos á dejar el mal olor de los pecados, siguiendo el bueno de la penitencia, bien claramente lo muestran las leyes y constituciones con que fué puesta esta planta por su primer agricultor el Beato Ignacio, de gloriosa memoria; y verdaderamente ella fué de aquellos primeros padres, que la dieron vida, regada de la caridad y cultivada segun la intencion de su fundador con que produjo dos ramos; uno de amor de Dios y otro de amor del prójimo; y así fueron grandes los frutos, que hicieron en la buena educacion de la juventud, en la conversion de las almas, y en el aumento de la Fe Católica; pero el demonio que trabaja tanto en destruir y deshacer las obras y empresas de Dios cuanto otros llevarlas adelante, tomó ocasion de la misma grandeza de esta religion y de su aumento, de manera que en poco tiempo pervirtió su instituto, porque con tanta sutileza como artificio en lugar de aquellos primeros ramos de la caridad (casi todos secos) les ingirió otros dos, uno de amor propio y otro de utilidad; de los cuales recibe la república cristiana, tal daño, que por ventura no puede ser mayor, como yo entiendo manifestar en este discurso en que protesto á Dios no moverme por interés, ó pasion, mas simplemente con celo del bien público, para quien reconozco que he nacido, y para que habiendo conocido los príncipes cristianos su arte y traza provean el modo conveniente.
Ahora es de saber que la religion de los padres de la Compañía para ensancharse en sus principios, fué de muchas partes procurada, y en particular para la educacion de los niños, de que no hay ciudad en el reino de que no tenga necesidad; y con esto en pocos años, favorecida de muchos príncipes, se estendió y dilató mas que otra en muchos. Esta grandeza, que de ordinario cria en los ánimos mudanza de costumbres, despertó en los sucesores del Beato Ignacio tal amor á la Compañía, que juzgándola mas útil para la Iglesia, y muy á propósito para la reformacion del mundo, que todas las demás religiones, determinaron entre sí aumentarla con tal industria y arte, fundando en ella la verdadera milicia de Cristo y bien de la Iglesia, ó por mejor decir, el único patrimonio de Cristo (para usar de sus propios términos). Ahora tenia necesidad de una agudeza Aristotélica, y de una facundia Ciceroniana, para dar á entender el modo maravilloso (que á muchos por su novedad parece increible), con que estos padres van aumentando su religion; pero bastaráme á mí solo apuntar alguna cosa, dejando largo campo á otros ingenios para que formen la idea que juzgaren mas verosímil, para lo cual propondré algunos puntos, que sirvan al lector de fundamentos á sus discursos.