¿Dónde está aquella multitud amiga, dónde los que te escoltaban, como Farandaces, Susas, Pelagón, Agdabatas, Dotamas, Psammis y Susiscanes, que abandonaron a Ecbatana en tu seguimiento?
XERXES
Allí los dejé muertos. Cayeron de sus naves tirias, y arrastrados por las olas hasta las costas de Salamina, se estrellaron contra sus ásperos riscos.
CORO
¡Ay, ay! ¿Y dónde tienes a Farnuco y al valeroso Ariomardo? ¿Dónde al rey Sevalces y al noble Lileo? Y aún te he de preguntar: ¿Y Menfis? ¿y Tharibis? ¿y Masistres? ¿y Artembares? ¿y Hystekmas?
XERXES
¡Ay de mí! Todos cayeron de un solo golpe. Sus míseros cuerpos palpitantes aún, yacen en la costa mirando a la antigua, a la odiosa Atenas.
CORO
¿Y aquel que era siempre tu ojo fiel, que contaba diez mil a diez mil tus soldados persas; Alpisto, el hijo de Batanoco ... hijo de Sesames el de Megabactes? ¿Y Partho? ¿Y el grande Oibares? ¿Dónde los has dejado? ¿Dónde los has dejado?
XERXES