¿Es que para ti tengo tan poco juicio como una chicuela?

CORO

¿Mas cuándo ha sido destruída la ciudad?

CLITEMNESTRA

Yo te lo diré. En esta misma noche de cuyo seno ha nacido esta luz que nos alumbra.

CORO

¿Y qué mensajero pudo traer tan pronto la noticia?

CLITEMNESTRA

Hefestos, que envió desde el monte Ida el fulgor resplandeciente de sus rayos. De lumbre en lumbre ha llegado hasta aquí el fuego mensajero. — Del Ida al promontorio de Hermayo en Lemnos; de esta isla recíbele la alta cumbre del Atos, y la cima consagrada a Zeus se alumbra con la tercera vivísima llama, que sube, y se yergue, y salva con poderoso salto las anchas espaldas del mar, y corre presurosa, y se presenta como un sol dorando las empinadas rocas de Macisto y anunciándoles la regocijada nueva. — Y no anda perezoso el atalaya, ni se deja vencer imprudentemente del sueño, sino que luego acude a lo que le toca, y hace la señal; la luz de los encendidos sarmientos llega a las corrientes del Euripo, y avisa desde lejos a los atalayas del Messapio, y ellos ponen fuego a un montón de secas zarzas y llevan más allá las señales. El vivo resplandor de la hoguera, en ningún modo se amortigua; pasa de un salto la llanura del Asopo, semejante a clarísima luna, y hace que se enciendan sobre las cimas del Citerón nuevas lumbres mensajeras. El guarda allí apostado no se niega a trasmitir la luz a los que están más lejos, antes enciende hoguera más viva aún que todas las ya dichas, la cual salva la laguna Gorgopis, llega al monte Egiplacto y obliga a cumplir las órdenes de modo que no falte el fuego. Encienden, pues, una gran lumbre; la llama, con poderoso ímpetu, suelta su roja cabellera; traspone el alto promontorio del estrecho Sarónico, y despidiendo rayos de luz pasa más allá, hasta que toca en el monte Aracneo, atalaya vecina a nuestra ciudad. De aquí, en fin, vino a esta morada de los Atridas aquella luz, cuyo primer padre fué la hoguera que brilló sobre el Ida. Tales fueron las señales que yo hice disponer de modo que por su orden pasasen de unos en otros: el primero de ellos y el último, el primero que dió la señal y el último que la recibió, ambos son los vencedores en esta carrera. Lo que te he dicho no es sino lo que mi esposo me anuncia y certifica desde Troya.

CORO