Tiempo ha que callar es el único remedio de mis males.

MENSAJERO

¿Cómo? ¿Pues había de quién pudieses temer en ausencia de tus reyes?

CORO

Y de suerte, que aquel morir, de que tú hablabas ha poco, sería para mí hoy colmada alegría.

MENSAJERO

Eso puedo decirlo yo que he logrado la dicha deseada. En la carrera de la vida, a las veces los tiempos nos son favorables y a las veces adversos. Fuera de los dioses, ¿quién podrá decir que pasó su vida entera exento de dolores? Pues ¡si yo contase nuestros trabajos, y la falta de toda comodidad y abrigo, y la rareza de las arribadas, y lo duro y desapacible del lecho, y cómo no había hora del día que pasásemos sin gemir y clamar! Y ya en tierra, otra vez nuevas fatigas, mayores aún que las pasadas, porque venía la noche y acampábamos al pie de las murallas enemigas, y el rocío del cielo y la humedad de los prados nos calaban, y perdían nuestros vestidos y erizaban nuestros helados cabellos. ¡Y si alguno pudiese pintar aquellos crudos inviernos que nos deparaba el monte Ida con sus nieves, donde ni las aves del cielo quedaban a vida; o aquella calma sofocante del mediodía en el estío, cuando echados los vientos y serenas las olas, el mar se tendía en su lecho y sesteaba! Mas ¿a qué es lamentarlo? Pasaron aquellos trabajos; pasaron para los que murieron, y de suerte que nunca jamás cuidarán de volver a levantarse. Y en cuanto al que sobrevive, ¿a qué viene que cuente los muertos y se duela de su adversa fortuna? Aun en medio de nuestras desdichas hay muchas cosas que celebrar. Para los que hemos quedado del ejército argivo, el provecho supera al daño, e inclina de su lado la balanza. Justo es que a la luz del sol que nos alumbra se celebre la gloria de los que atravesaron intrépidos tierra y mares: “El ejército argivo vencedor de Troya, colgó estos antiguos y gloriosos despojos en los templos de los dioses de la Hélade.” Y los que tal oigan celebrarán como deben a la ciudad y a los caudillos, y rendirán tributo de honor y gracias a Zeus, cuya es la obra. Ahí tienes todo lo que tengo que decir.

(Sale CLITEMNESTRA.)

CORO

Tus razones me han satisfecho, no te lo negaré, que en los ancianos tiene grande fuerza el deseo de averiguarlo todo. Natural es que lo sucedido interese más que a nadie a este palacio y a Clitemnestra; pero también que a mí me colme de alegría.