Y con todo ello, ya no mirará más el oráculo a través de velos a modo de recién desposada. El aparecerá todo resplandeciente, y se lanzará, respirando furor, hacia el sol que nace. A la luz del día una calamidad más grande aún que esta de ahora lo inundará todo, semejante a la onda que se encrespa e inunda la ribera. Pero basta de advertiros por enigmas. Dad testimonio de la finura de mi olfato, y de que sé correr bien derecha tras la pista de las maldades que se cometieron aquí en lo antiguo. Un coro hay que hace su habitación bajo este techo, y jamás le abandonará; tropa de hermanas, de Erinnas, que a una voz cantan desapacible y temerosa canción de maldiciones. Cobran nuevos bríos bebiendo sangre humana, y permanecen en este palacio sin que haya quien sea poderoso a alejarlas de él. Fijas en esta casa como en su natural asiento, celebran con himno de muerte el primer crimen que engendró tantos crímenes, o ya lanzan airados gritos de execración contra el impío que violó el lecho de su hermana. ¿Erré por ventura, o dí en el blanco como buen flechero? ¿Soy acaso una embaucadora que va de puerta en puerta fingiendo embelecos? Da testimonio de la verdad con que te hablo; jura antes de nada que yo conozco bien las antiguas maldades de este palacio.

CORO

Y ese juramento con toda su virtud y firmeza, ¿en qué podría remediarnos? Pero te admiro, pues criada más allá del mar, en ciudad extraña, así hablas de nuestras desdichas como si hubieses estado presente.

CASANDRA

Apolo, dios de las profecías, me concedió este dón.

CORO

Dios como es, ¿también él se sintió herido de amor?

CASANDRA

En otro tiempo rubor me hubiera causado decirlo.

CORO