¿Qué arranques de furor divino son esos que te asaltan de repente? ¿A qué tus vanas angustias? ¿Por qué con agudos acentos y gritos de maldición celebras temerosos sucesos? ¿Por dónde sabes tú los caminos de esos siniestros oráculos?

CASANDRA

¡Oh bodas de Paris, bodas funestas para todos los suyos! ¡Oh Escamandro! ¡Oh río de mi patria! ¡No ha mucho que a tus orillas veía yo cómo iba espigando mi mocedad, y ahora, a lo que veo, bien pronto anunciaré mis vaticinios en las riberas del Cocyto y el Aqueronte!

CORO

Demasiado claro es lo que acabas de hablar: un recién nacido lo entendería. Cruel dolor desgarra mi alma. Quebrántame oír el triste lamentar de tu desventura.

CASANDRA

¡Oh trabajos! ¡Oh trabajos sufridos por una ciudad que al fin había de ser arrasada! ¡Oh sacrificios que ofrecía mi padre por la salvación de nuestros muros! ¡Ganados de nuestras praderas degollados a miles! ¡Y cuán de ningún remedio servisteis para que Ilión no padeciese la calamidad que le ha acabado! Yo misma, que me siento encendida por el soplo divino, bien pronto caeré también bajo igual golpe.

CORO

Todavía prosigues en tu triste historia. Algún mal espíritu, que te es contrario, se apoderó de ti y te fuerza a romper en lastimeros ayes de dolor y muerte. Pero no alcanzo adónde van tus palabras.

CASANDRA