¡Ah, ah! ¡Mira, mira! ¡Separa al toro de la vaca! — Ya cogió en las mallas de esa túnica, al generoso animal de negros cuernos; ya le hiere; ya cayó él en el baño lleno de agua. — Ahí tienes, yo te lo anuncio, el crimen alevoso que va a consumarse en sus ondas.

CORO

No me atrevería yo nunca a jactarme de sagaz en la interpretación de los oráculos, mas paréceme que en todo esto se encierra algún mal. Y ¿cuándo oráculo alguno anunció bienes a los hombres? Siempre estas antiguas artes, a fuerza de infortunios, nos enseñaron a temer.

CASANDRA

¡Ay de mí, infeliz! ¡Ay, destino mío adverso, que vengo a gemir y llorar sobre mi propia desventura! ¿A qué trajiste hasta aquí a esta desdichada sino a morir contigo? ¿A qué más que a morir?

CORO

Divino furor enajena tu alma, y en desacorde y nunca usado estilo cantas tus propios infortunios. No de otra suerte canoro ruiseñor deja escapar sus quejas del pecho acongojado, sin darse punto de reposo, y llora una vida siempre nueva en males, y dice entre lágrimas: ¡Itis, Itis!

CASANDRA

¡Ah, ah! ¡La suerte del arpado ruiseñor! A él siquiera vistiéronle los dioses el cuerpo de ligeras plumas, y le dieron una vida dulce y exenta de llanto; pero a mí, la muerte a hierro de dos filos es lo que me espera.

CORO