PRIMER SEMICORO
¡Oh tierra, tierra! ¡Ojalá me hubieses recibido en tu seno, antes que ver a mi rey teniendo por lecho ese argentado baño! ¿Quién le sepultará? ¿Quién cantará sus endechas? ¿Te atreverás tú a hacerlo, tú, matadora de tu esposo? ¿Te atreverás tú a ofrecer a su ánima, en satisfacción de tus enormes e inicuas maldades, el odioso tributo de tu llanto?
SEGUNDO SEMICORO
¿Y quién será el que suelte la dolorida voz a cantar el elogio fúnebre de este varón divino, con el llanto en los ojos y la sinceridad en el corazón?
CLITEMNESTRA
No te tocan a ti esos cuidados. A nuestras manos cayó; a nuestras manos murió; nosotros le sepultaremos. No le acompañarán lamentos de los suyos...
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Pero a la orilla del rápido río de los dolores, su hija Ifigenia le saldrá al encuentro, como es natural, toda regocijada, y le echará los brazos, y le llenará de besos.
CORO
A un ultraje responde con otro ultraje. Difícil de dirimir es la contienda. El que quita la vida a otro pierde a su vez la vida; el que mata, sufre la pena de su delito. Mientras exista Zeus, subsistirá que quien tal haga, que tal pague. Así es la ley. ¿Y quién podría arrancar de ese palacio la semilla de maldición? Que de tal modo ha arraigado en esta raza, que ya son una misma cosa.