CORO
¡Verdad dices al confirmar mis razones! ¡Formidable espíritu de odios el que en esta casa hace su habitación! ¡Ay, ay! ¡fieros males, engendrados por un destino cruel, que nunca se sacia! ¡Ah! ¡Permisión es de Zeus, causa suma y hacedor de todas las cosas! Pues ¿qué sucederá entre los mortales en que Zeus no medie? ¿Qué habrá en todos estos crímenes que no esté decretado por los dioses? ¡Oh rey, oh rey! ¿Cómo te lloraré yo? ¿Cómo significarte el amor de mi pecho? Ahí yaces en esa tela de araña donde rendiste la vida con impía muerte. ¡Ay de mí! ¡Y en qué lecho tan innoble para un hombre libre, te acabó mano aleve con hierro de dos filos!
CLITEMNESTRA
Tú piensas que es mía esta obra. Pero entonces no digas que yo soy la esposa de Agamemnón. Aquel antiguo y fiero espíritu de venganza que aderezó el cruel festín de Atreo, ese es quien, tomando la apariencia de la mujer del que ahí yace, vengó en un hombre el sacrificio de dos niños.
CORO
¿Y quién habrá que atestigüe que estás inocente de esa muerte? ¿De dónde ha de venir tal testimonio? ¿De dónde? Quizá acuda en tu defensa ese espíritu vengador de los crímenes de los padres; pero la cruel batalla sigue arreciando, y hará correr la sangre a manos parricidas, y llegará a punto que helará de horror al mismo que devoró la carne de sus hijos. ¡Oh rey, oh rey! ¿Cómo te lloraré yo? ¿Cómo significarte el amor de mi pecho? ¡Ahí yaces en esa tela de araña donde rendiste la vida con impía muerte! ¡Ay de mí! ¡Y en que lecho tan innoble para un hombre libre te acabó mano aleve con hierro de dos filos!
CLITEMNESTRA
No sé por qué, muerte tal haya de ser indigna de este hombre. ¿Por ventura no trajo él la desdicha a esta casa con torpe engaño? Inicuo fué con mi lloradísima Ifigenia, con aquella su hija que llevé en mis entrañas; que no diga ahora en los infiernos que padece injusticia porque fué muerto a hierro y pagó las que hizo.
CORO
La casa de mis reyes se hunde, y yo, perdida mi razón, no sé qué hacer, ni adónde vuelva mis cuidados. Me aterra oír el fragor de la lluvia de sangre en que se va a anegar esta morada. Ya no cae gota a gota. A cada nuevo crimen afila el destino en la piedra de otro crimen el hierro de la justicia.