EGISTO
Desenvainado está el mío; no temo morir.
CORO
¿Hablas de morir? Acepto tu palabra. Tú la muerte; nosotros la victoria.
CLITEMNESTRA
¡Oh el más querido de los hombres, no más; no causemos otros males! Sobrados son ya los sucedidos para que cojamos de ellos una tristísima mies. Basta ya de muertes; no más ensangrentarnos. Anda adentro tú; y vosotros, ancianos, marchad cada cual a vuestra casa, antes que tengáis que sentir algún desastre. Lo que hemos hecho tenía que suceder. Y si con esto el Destino se da por contento de calamidades, todavía después de haber recibido de su cólera golpes tan terribles, pudiéramos tenerlo a dicha. Tal os advierte una mujer, si es que os dignáis escucharla.
EGISTO
¿Así han de desatar contra mí su lengua insolente en esa lluvia de ultrajes, y con palabras como ellas han de tentar a la fortuna...? De cuerdos y avisados es respetar siempre y dondequiera al que manda.
CORO
No sería de Argivos adular a un malvado.