¡Burlárame de los míos a burlarme de los tuyos!
ELECTRA
¡Orestes! ¿Es, pues, Orestes a quien estoy hablando?
ORESTES
¡Me estás viendo y no acabas de conocerme! ¡Tú, que ha un instante, al ver esa prenda de mi amoroso duelo, ese rizo de mis cabellos, tan parecido a los tuyos, y al comparar tus pisadas con mis pisadas, te enajenabas de alegría y ya te imaginabas que me tenías delante de tus ojos! Acerca ese rizo a la melena de donde le he cortado y fíjate bien. Mira esta tela, que labraron tus manos, y las figuras de animales que en ella tejió tu lanzadera... Repórtate y no te alborote la alegría. Ya sé que aquellos que debían amarnos más, son hoy nuestros mortales enemigos.
ELECTRA
¡Oh blanco de mis amorosas ansias! ¡Oh esperanza llorada de un vástago que salvase la casa paterna! ¡Confía en el valor de tu brazo; tú recobrarás la herencia de tu padre! ¡Oh dulce luz de mis ojos, que tienes cuatro partes en mi corazón! Porque a ti debo llamarte mi padre; en ti recae el amor que tuve a una madre, hoy con harta razón aborrecida; en ti el amor de una hermana impíamente sacrificada, y tú fuiste siempre mi hermano fiel, el único que volverá por mi honra. ¡Que la fuerza y la justicia, junto con Zeus, soberano señor de todos los dioses, sean con nosotros!
ORESTES
¡Zeus, Zeus, contempla nuestros males! Mira las crías del águila que han quedado huérfanas. Murió su padre entre las apretadas roscas de espantable víbora, y los desamparados aguiluchos perecen de hambre; que no tienen fuerzas para traer al nido la caza con que su padre los sustentaba. Tal puedes vernos a nosotros, a Electra y a mí; hijos sin padre, ambos arrojados de nuestro hogar. Si tu dejas perecer a estos hijuelos de un padre que tanto te honraba y tan continuos sacrificios te ofrecía, ¿qué otra mano será tan liberal a ofrecerte espléndidos honores? Si de esa suerte dejares perecer los polluelos del águila, ¿tendrías acaso con quien enviar a los mortales tus adorables augurios? Seca de raíz este árbol real, y sus ramas no defenderán ya tus aras en los días de los solemnes sacrificios. ¡Favorécenos! Levanta de su miseria a su grandeza de antes esta casa que parece ya en total ruina.
CORO