¡Zeus, Zeus! ¿Qué diré yo? ¿Por dónde comenzar mis plegarias, mis suplicantes clamores? ¿Con qué palabras acabaré que expresen todos mis buenos deseos? Pronto van a bañarse en sangre las matadoras espadas. O la raza de Agamemnón perece con total ruina, o dueño Orestes y poseedor de las grandes riquezas de sus padres, hará encender fuegos y luminarias por festejar la libertad cobrada y la autoridad legítima restituída. Tan grande batalla se apercibe a sustentar el generoso Orestes, solo él contra sus dos enemigos. ¡Que obtenga la victoria!
EGISTO (dentro.)
¡Ay, ay de mí!
CORO
¡Ea, ea, firme! ¿Cómo habrá sido? ¿Qué pasará ahí dentro? Todo se acabó. Apartémonos de ahí. Que aparezcamos inocentes de esas desdichas. No hay que dudar; la lucha ha terminado.
SIERVO (asomando en el fondo del vestíbulo,
y acompañando sus palabras con la acción que expresan.)
¡Desdichado de mí! ¡Desdichado de mí, una y mil veces! Muerto es mi señor. ¡Desdichado de mí, diré otra vez; y más que nadie desdichado! Egisto no existe ya. Pero, abrid las puertas del gineceo; ¡corriendo! ¡Descorred esos cerrojos! Menester sería aquí un hombre joven y forzudo. No para socorro del muerto, ¿a qué ya? ¡Hola, hola! Grito a sordos. Hablar en vano y sin provecho; están dormidos. ¿Dónde estará Clitemnestra? ¿Qué hace? Temo que su cabeza corre gravísimo peligro de caer al golpe de la venganza.
(Sale CLITEMNESTRA.)
CLITEMNESTRA
¿Qué es eso? ¿Por qué armas este alboroto en palacio?