¡Ay de mí, que parí esta serpiente y la crié!
ORESTES
Cierto; presagio fué aquel sueño que despertó tus terrores.
CLITEMNESTRA
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ORESTES
Mataste a quien no debiste; padece ahora lo que no debías.
(Entra en palacio arrastrando tras sí a CLITEMNESTRA.)
CORO
Lloremos la desdichada suerte de los dos; pero ya que el infortunado Orestes llenó la sangrienta medida, prefirámoslo, que al fin la luz de esta casa no se ha extinguido para siempre.