¡Ay de mí, que parí esta serpiente y la crié!

ORESTES

Cierto; presagio fué aquel sueño que despertó tus terrores.

CLITEMNESTRA

· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

ORESTES

Mataste a quien no debiste; padece ahora lo que no debías.

(Entra en palacio arrastrando tras sí a CLITEMNESTRA.)

CORO

Lloremos la desdichada suerte de los dos; pero ya que el infortunado Orestes llenó la sangrienta medida, prefirámoslo, que al fin la luz de esta casa no se ha extinguido para siempre.