LA SOMBRA
El sueño y la fatiga se conjuraron para señorearse de ellas. Estas horrendas serpientes perdieron toda su furia.
CORO
¡Oh, oh, oh! (redoblados y agudos: en sueños.) ¡Cógele, cógele, cógele! ¡ten cuidado!
LA SOMBRA
En sueños persigues tu presa, y ladras como perro que va tras la pista sin rendirse al cansancio. Ea, pues, ¿qué haces? ¡levanta! no te dejes vencer de la fatiga. Mira el mal que te avino por ceder al sueño. Así te duelan en el alma mis justas reprensiones; que ellas sirven de aguijón al pundonoroso. Arroja sobre mi asesino tu ensangrentado aliento; que el fuego que arde en tus entrañas, le abrase y le consuma. Persíguele; que él se sienta morir al ver a su perseguidor segunda vez sobre sus huellas.
(Húndese. Las Furias van despertando según indica el texto. Una vez en pie, cada cual por su lado y alborotadas corren. Su traje y apostura conforme a lo que ha dicho la Pithia. Acaso también con antorchas encendidas en las manos.)
CORO
¡Despierta, que te llamo; despierta tú y despierta a ésa! ¡Duermes! ¡Arriba! Sacude el sueño. ¡Sepamos si soñábamos sueños o realidades!
¡Ay, ay! ¡oh rabia! ¡Perdidas somos, amigas! ¡Tanto pasar: y todo en vano! ¡Oh dolor! ¡Qué cruel calamidad, qué insufrible desdicha pesa sobre nosotras! La fiera se escapó de las redes y ha huído. Dejéme rendir del sueño y perdí la presa. ¡Ay, hijo de Zeus, tú has sido el astuto ladrón! ¡Tú, dios mozo, que has puesto bajo tus pies a estas antiguas diosas, dando oídos piadosos a las súplicas de un impío que sólo tuvo crueldad para la que le parió! ¿Tú eres un dios, y hurtas a mi venganza al que mató a su madre? ¿Habrá quién diga que esto es justicia?